Es precisamente en el gimnasio en el que hago mi rutina que ocurre la experiencia que les voy a relatar ahora. Nunca he sido muy aficionado a los deportes, pero con el fin de tratar de cultivar un poco mi cuerpo, y como noté que con subir un par de pisos por las escaleras ya me cansaba, es que decidí hacer algo por la vida y me apunté en un taller de musculación que se dicta aun en mi universidad y que es concurrido principalmente por estudiantes de las distintas carreras que se dictan en ella, primordialmente de educación física.

Por mis horarios académicos propiamente tales, debía compatibilizar mi rutina de ejercicios con mis clases y horas de estudios, pero, por diversas razones, en más de alguna oportunidad me tocó reducir el tiempo de mis ejercicios por llegar muy cerca de la hora de cierre de la sala de máquinas.

Era temporada de verano, pero en realidad, aunque no lo fuera, por el calor corporal que se produce por hacer los ejercicios, de todas formas se llevaba poca ropa. Yo en lo personal ocupo tan solo unos pantalones cortos, polera, y zapatillas con calcetas cortas.

Una de las principales razones por las que continué en el mismo lugar a pesar de los inconvenientes de horario, era que me llamaba mucho la atención ver tanta gente de mi edad y en tan buenas condiciones físicas lo que me excita mucho.

El gimnasio está abierto tanto para hombres como para mujeres, pero confieso que por cada 15 hombres en él a lo más solía encontrarme con un par de mujeres así que estaba en mi salsa. En muchas oportunidades me encontré tratando de disimular mi erección, y yendo muy continuamente a los camarines para "tomar agua" cuando en realidad iba a bajar mis pasiones a puerta cerrada para poder continuar con mis ejercicios.

El preparador físico del gimnasio, es un hombre muy formal y atento, pero con fama de lascivo entre mis amigas mujeres que igual se ejercitaban conmigo por el modo en como las trataba. En todo caso, si es que tiene alguna inclinación, siempre se ha encargado de disimularla muy bien.

Cómo les conté, en más de una oportunidad me tocó partir con mis ejercicios casi al filo de la hora de cierre, por lo que debía dejar mi rutina incompleta. En una de esas oportunidades, el preparador me permitió terminar mi última repetición de ejercicios, pues se encontraba conversando con un amigo suyo por lo que pasaría aun algunos minutos más ahí.

Además quedaban otros 2 hombres haciendo sus rutinas, pero al muy poco rato comenzaron a e longar lo que me dio a entender de que estaban terminando sus rutinas, y a mi aun me quedaban más o menos 15 minutos de ejercicios, pero como contaba con la venida del encargado, me di todo el tiempo del mundo para terminarlos.

Al cabo de un rato, cuando la terminé y empecé a e longar, el preparador lo notó, y se despidió de su amigo, me ayudó a estirar mis músculos para que no se resintieran, y me pidió que le ayudara a guardar las mancuernas y a dejar las máquinas ordenadas para poder cerrar, lo que nos llevó unos minutos más.

Mientras hacíamos esto, los otros dos jóvenes que estaban terminando sus rutinas, se fueron a los camarines. Uno de ellos lo único que hizo fue cambiarse de ropa pues vivía cerca por lo que se ducharía en su casa, por lo que al par de minutos salió y se despidió de nosotros dos por lo que quedé solo con el preparador en la sala de máquinas, mientras el otro estaba aun en los camarines.

Una vez que terminamos de ordenar, el preparador cerró todo con llave, ambos tomamos nuestros bolsos con nuestras cosas, y nos fuimos a los camarines.

Cuando llegamos a ellos el otro joven, un tipo de casi dos metro

s de estatura, jugador del equipo de básquet de la universidad, muy musculoso, y extraordinariamente atractivo, estaba sentado comiendo unos plátanos y tomando sus proteínas líquidas. Se estaba tomando todo el tiempo del mundo. Aun no se quitaba ninguna prenda, pero yo no necesitaba que lo hiciera para imaginármelo completamente desnudo pues en más de una oportunidad ya me lo había topado en los camarines por lo que lo había visto en muchas oportunidades completamente desnudo en las duchas bañándose al lado mío.

El preparador por su parte lo saludó nuevamente de la mano cuando llegó conmigo, conversaron un par de cosas con respecto a las proteínas, y luego se sentó al igual que él, sacó de su bolso una botella que contenía igualmente sus brebajes de deportista, y siguió comiendo con la misma calma que él.

Mientras ellos comían, yo entré a los urinales para evacuar toda el agua que ya había bebido durante mi rutina de ejercicios. También lo hice con mucha calma, y con la certeza de que todos los accesos a los camarines estaban cerrados. Ya estaba bien avanzada la tarde, por lo que la única luz que nos iluminaba era la artificial que tenían los camarines. Por las pequeñas ventanas que hay cercanas al techo en la pared. Se notaba como la noche ya había caído en Concepción.

Al salir de los urinales, me senté, saqué un par de plátanos para comerlos al igual que los otros dos hombrazos que tenía frente a mí.

El preparador fue el primero que terminó de comer, por lo que se empezó a quitar su buzo de trabajo, y se puso su ropa de salida.

En muchas otras oportunidades me había quedado solo con él en los camarines. El llegaba al poco rato de que yo me fuera a duchar, pero solía encontrarme completamente desnudo a punto de entrar a las regaderas. Y notaba como me miraba casi con la vista perdida, pero muy atenta a la vez, para luego de unos minutos disfrazar su falta de pudor comentándome un par de cosas sobre la formación de mis músculos y de cómo podía lograr resultados más rápidos, lo que no puedo dejar de decir que me producía algo de pudor por ser el único desnudo con él adentro en un camarín completamente aislado del resto del mundo a puerta cerrada y con llave… pero de algún lugar lograba sacar fuerzas para lograr que mi cuerpo lo tomara así y no como una excitación.

En esta oportunidad, mientras comía, no logré lo mismo, y por debajo de mi ropa, trataba de disimular mi evidente erección por saber que estaba con estos dos adonis sólo sin que nadie más pudiera verlo ni molestarnos, por lo que traté de comer lo más lento que pude mis plátanos, tratando de que me bajara la excitación del momento, lo que de hecho no logré.

Antes de que terminara mi último plátano, el preparador ya estaba listo para irse, y nos dejó instrucciones de cómo teníamos que salir cuando ya estuviésemos listos con nuestras duchas.

Nos indicó que dejaría la única puerta por la que se podía salir y que daba directamente a la calle después de recorrer un corto pasillo cerrada, pero sin llave, por lo que lo único de lo que tendríamos que preocuparnos era de que al salir la puerta se cerrara lo suficientemente bien, y pasar a hablar con el nochero para que fuese él quien se encargara de ponerle llave posteriormente, lo cual por lo visto era una práctica habitual pues el basquetbolista ya sabía de sobra todo el procedimiento que tenía que hacer. Por lo que se despidió con un apretón de manos, y se fue dejándome solo con este monstruo de músculos que tanto me excitaba.

Ambos sentimos como cerraba la puerta al salir. Ambos ya estábamos listos con nuestras reponedoras meriendas, por lo que empezamos a quitarnos las ropas para meternos a las duchas.

Las dos bancas que había en los camarines eran bastante largas y estaban a 90 grados la una de la otra, por lo que si bien es cierto no quedábamos frente a frente, no era difícil ver el cuerpo del otro mientras se desnudaba.

Yo como aun no lograba bajar del todo mi erección, opté por empezar a desvestirme de espaldas a él. Lo que hice lo más lento posible con el fin de que fuese él quien primero quedara desnudo y entrara primero a las duchas lo que de hecho ocurrió así.

Cuando ya logré tranquilizarme un poco, entré a las duchas completamente desnudo

al igual que mi compañero, y noté como estaba dejando que el agua corriera por su cuerpo desnudo y trabajado sin ninguna prisa, disfrutando el agua caliente que dejó toda la habitación llena de vapor de agua y los espejos empañados. Cómo tenía los ojos cerrados, según yo creía, pude animarme a ver su herramienta la que noté aun más grande que de costumbre. Cómo ya les dije en más de una oportunidad lo había visto desnudo en las duchas.

Mientras lo miraba, comencé a mojarme y a lavarme el pelo. Disimuladamente pegaba una que otra mirada no solo a su herramienta la que cada vez crecía más, sino que a su abdomen marcado. Casi no tenía pelos en el cuerpo. De hecho se notaba que incluso el pubis lo tenía depilado porque naturalmente no era lampiño lo que me ponía aun más cachondo por la situación.

Mientras lo estaba viendo, el abrió los ojos y noto como lo veía, y se percató también de algo que yo no me había dado cuenta por lo nervioso que estaba, y es que yo también ya estaba empalmándome. Me miró a la cara, y con una sonrisa en la cara me dijo: "parece que ambos necesitamos un relajo" con un tono bastante pícaro.

Yo le sonreí pero no respondí nada y seguí jabonando mi cuerpo. Al rato noté como él comenzó a jabonar su miembro erecto y todo su trasero, luego se enjuagó con el agua caliente que corría por su cuerpo viril, y comenzó a masturbarse sin ningún tipo de vergüenza delante mío, mientras me veía como me quitaba el jabón con el agua que corría por mi cuerpo.

Mi herramienta como ya he dicho en mi relato anterior no se cuánto mide en todo su esplendor pues no sé bien como hay que medirla… ello por cuando si pongo una regla pegada a mi pubis, hasta el final del glande, mide 17 centímetros, pero si la pongo desde donde parte el pene pero por delante, donde terminan los testículos, mide poco menos de 19 centímetros. Mida lo que mida, el hecho es que los preservativos estándar siempre suelen quedarme pequeños.

El falo de mi compañero tampoco era nada despreciable, pero yo diría que era ligeramente menor al mío, pero un poco más grueso lo que me volvía loco. Lo único que quería era tenerlo en mi boca y succionarlo entero como ya otras veces había hecho con otras herramientas de la talla de la suya.

Mientras estaba en estas divagaciones, siento como sin descaro, él comienza a acercarse a mi mientras no paraba de masturbarse con su mano derecha, para con la otra comenzar a tocar mis muslos los que instintivamente paré para que pudiera hacerlo mejor. Yo disfrutaba el momento, mientras me quitaba la espuma que me quedaba en la cara y que me impedía verlo a los ojos mientras hacía este masaje de los dioses.

Cuando ya hube terminado, cerré la llave del agua, y se produjo un espacio de silencio por unos segundos al cabo de los cuales, el se puso frente a mí, cara a cara, y comenzó a pasar su lengua por mi cuello mientras con sus manos seguía acariciando mi trasero y jugábamos ambos a chocar nuestros penes erectos, completamente desnudos y mojados por la ducha reciente que nos habíamos dado.

Yo jamás puse la menor de las resistencias, al contrario, comencé a acariciar su trasero al igual que como él estaba haciendo conmigo y disfrutaba su lengua que recorría mi cuerpo excitado.

Estuvimos en eso unos minutos, cuando al poco rato siento como me toma con sus brazos musculosos las piernas, mientras se agachaba un poco para poder tomar impulso, y me levanta en el aire mientras yo ponía mis rodillas a la altura de sus caderas, dejando a su merced mi caliente agujero del placer, lo que me permitía sentir sus centímetros de locura y lo rozaba por todos los lugares que podía.

Yo mientras tanto, correspondí los lengüetazos anteriores ahora en su cuello. Estaba claro que ninguno de los dos quería besar al otro, lo que francamente me desagrada. Al cabo de unos minutos, conmigo aun en brazos, caminó hacia las bancas, y me dejó parado sobre ellas, dejando mi pene a la altura de su caliente boca, la que no tardé en sentir como saboreaba cada milímetro de mi miembro, dejándolo húmedo y aun más duro que como estaba hace unos minutos atrás.

Mamaba como todo hombre quiere. Con fuerza apretaba cada unos de los rincones de mi tronco, y lo metía con furia entero en su boca mientras con las manos seguía acariciando mis nalgas.

Yo a lo único que atiné fue a apoyar mi espalda en la pared que separaba las bancas de las duchas, y disfruté el momento. Al cabo de unos minutos de placer, lo separé de mi pene, y le indiqué que también se subiera a la banca, pero que en lugar de ponerse de pie como lo estaba yo, que se pusiera a lo perrito dejando a mi merced su rozado y depilado agujero.

Yo nunca he sido pasivo, por lo que no estaba dispuesto ni aun con semejante prospecto a dejar mi último rincón virgen a su disposición, por lo que una vez hecho lo que le pedí, comencé a pasar mi lengua sobre su recién lavada ranura, para dilatarlo e introducir poco a poco uno a uno tres de los dedos de una de mis manos los que él soportaba gimiendo en una mezcla de placer y de dolor que me ponían a mil por hora.

Pasamos un rato en eso, y le pedí que me acercara un poco de jabón liquido que tenía adentro de su bolso a mano. A los segundos, no sólo me pasó eso, sino que un condón el que como podrán imaginar por las proporciones de mi pareja, me quedaba bien pues era una herramienta muy similar a la mía. Se notaba que si no era que estaba preparado para la ocasión, al menos era previsor por andar siempre con un preservativo a la mano. Sin demora, me lo puse sobre mis centímetros de carne caliente, y unté con el jabón que me había pasado lo mismo que su agujero.

Con mi pierna izquierda seguía arrodillado en la banca, mientras que la derecha la tenía pegada al suelo para darme mayor movilidad lo que de hecho logré.

A todo esto mi basquetbolista me pedía a gritos que lo penetrara pronto, pedía verga como condenado. Lo que a pesar de todo no hice del todo rápido pues quería disfrutarlo y no causarle mucho dolor, por lo que lo fui introduciendo de a poco, derribando sus barreras con cuidado, dejando que se acostumbrara a mi erecto miembro, lo que no costó mucho trabajo por lo dilatado que lo había dejado ya con la sesión de dedos por lo que no tardamos mucho en empezar a disfrutar.

Las embestidas fueron poco a poco haciéndose más rápidas y profundas, con lo que ambos gemíamos de placer sin ningún reparo amparados por el solitario camarín que nos albergaba, y por el manto de la noche que había afuera que nos daba plena seguridad de estar solos.

Ambos pedíamos más del otro a cada instante, cogíamos como unas bestias al poco rato de iniciado el jugueteo. Me excitaba ver como entraba todo mi falo… como se tragaba sin reparo mi pedazo de carne caliente, y comencé a masturbarlo con mi mano derecha al ritmo de mis embestidas lo que lo hizo gemir aun más y apretar su musculoso esfínter en cada uno de mis vaivenes lo que me puso loco de placer.

Con la maño libre que tenía, lo tomé del estómago para que levantara su torso, y poder besar su musculosa espalda mientras lo penetraba, mientras él le dio una utilidad a sus manos acariciando mis muslos a la distancia que el vaivén le permitía.

Cuando ya sentí que estaba por correrme, me salí para aguantar un poco más, y comencé a saborear su pene. Pusimos una toalla en el suelo, y nos acostamos sobre ella para hacer un 69 pero tumbados ambos en el suelo… no uno sobre el otro porque al menos yo lo encuentro más cómodo.

Cuando le señalé que estaba por acabar, tomó mi pene con su índice y su pulgar, y lo apretó fuertemente bajo el glande para frenar mi eyaculación y darme otros minutos de placer lo que me hizo dar un gemido que ahogó su pene que ya tenía metido por completo en mi boca.

Él sin avisarme, a los minutos descargó toda su leche llenándome con su sabor cada rincón de mi boca lo que disfruté mucho y me dio la chance para correrme también sin avisarle luego en la suya. Ambos tragamos cada una de las gotas de espesa leche, limpiando nuestros aun tiesos miembros hasta que fueran perdiendo algo de su tamaño lo que no se logró del todo por lo excitante del momento.

A los minutos nos pusimos de pie, para darnos otra ducha rápida mientras jugueteábamos el uno con el otro abrazados, sintiendo como corría el agua por nuestros cuerpos calientes de placer. El solo recordarlo aun me erecta y me excita por lo agradable que fue.

Terminamos saliendo juntos de los camarines y despidiéndonos con un apretado abrazo y agarrones barios antes de cruzar el umbral de la puerta que nos devolvería al mundanal campus universitario, para pasar por donde el nochero para que fuera a cer

rar todo procurando no haber dejado rastro de nuestra alocada tarde de ejercicio y sexo desenfrenado.

De ahí en adelante no lo he vuelto a ver. Intencionalmente creo que cambió su horario pues comprobé por su pauta de trabajo en el gimnasio que aun seguía yendo con regularidad. Lo que no significa que fuera sólo esa la historia que tendría en el gimnasio, pero esa será tema de otra historia. Espero que esta la publiquen para recibir sus comentarios a mi correo



Es precisamente en el gimnasio en el que hago mi rutina que ocurre la experiencia que les voy a relatar ahora. Nunca he sido muy aficionado a los deportes, pero con el fin de tratar de cultivar un poco mi cuerpo, y como noté que con subir un par de pisos por las escaleras ya me cansaba, es que decidí hacer algo por la vida y me apunté en un taller de musculación que se dicta aun en mi universidad y que es concurrido principalmente por estudiantes de las distintas carreras que se dictan en ella, primordialmente de educación física.

Por mis horarios académicos propiamente tales, debía compatibilizar mi rutina de ejercicios con mis clases y horas de estudios, pero, por diversas razones, en más de alguna oportunidad me tocó reducir el tiempo de mis ejercicios por llegar muy cerca de la hora de cierre de la sala de máquinas.

Era temporada de verano, pero en realidad, aunque no lo fuera, por el calor corporal que se produce por hacer los ejercicios, de todas formas se llevaba poca ropa. Yo en lo personal ocupo tan solo unos pantalones cortos, polera, y zapatillas con calcetas cortas.

Una de las principales razones por las que continué en el mismo lugar a pesar de los inconvenientes de horario, era que me llamaba mucho la atención ver tanta gente de mi edad y en tan buenas condiciones físicas lo que me excita mucho.

El gimnasio está abierto tanto para hombres como para mujeres, pero confieso que por cada 15 hombres en él a lo más solía encontrarme con un par de mujeres así que estaba en mi salsa. En muchas oportunidades me encontré tratando de disimular mi erección, y yendo muy continuamente a los camarines para "tomar agua" cuando en realidad iba a bajar mis pasiones a puerta cerrada para poder continuar con mis ejercicios.

El preparador físico del gimnasio, es un hombre muy formal y atento, pero con fama de lascivo entre mis amigas mujeres que igual se ejercitaban conmigo por el modo en como las trataba. En todo caso, si es que tiene alguna inclinación, siempre se ha encargado de disimularla muy bien.

Cómo les conté, en más de una oportunidad me tocó partir con mis ejercicios casi al filo de la hora de cierre, por lo que debía dejar mi rutina incompleta. En una de esas oportunidades, el preparador me permitió terminar mi última repetición de ejercicios, pues se encontraba conversando con un amigo suyo por lo que pasaría aun algunos minutos más ahí.

Además quedaban otros 2 hombres haciendo sus rutinas, pero al muy poco rato comenzaron a e longar lo que me dio a entender de que estaban terminando sus rutinas, y a mi aun me quedaban más o menos 15 minutos de ejercicios, pero como contaba con la venida del encargado, me di todo el tiempo del mundo para terminarlos.

Al cabo de un rato, cuando la terminé y empecé a e longar, el preparador lo notó, y se despidió de su amigo, me ayudó a estirar mis músculos para que no se resintieran, y me pidió que le ayudara a guardar las mancuernas y a dejar las máquinas ordenadas para poder cerrar, lo que nos llevó unos minutos más.

Mientras hacíamos esto, los otros dos jóvenes que estaban terminando sus rutinas, se fueron a los camarines. Uno de ellos lo único que hizo fue cambiarse de ropa pues vivía cerca por lo que se ducharía en su casa, por lo que al par de minutos salió y se despidió de nosotros dos por lo que quedé solo con el preparador en la sala de máquinas, mientras el otro estaba aun en los camarines.

Una vez que terminamos de ordenar, el preparador cerró todo con llave, ambos tomamos nuestros bolsos con nuestras cosas, y nos fuimos a los camarines.

Cuando llegamos a ellos el otro joven, un tipo de casi dos metro

s de estatura, jugador del equipo de básquet de la universidad, muy musculoso, y extraordinariamente atractivo, estaba sentado comiendo unos plátanos y tomando sus proteínas líquidas. Se estaba tomando todo el tiempo del mundo. Aun no se quitaba ninguna prenda, pero yo no necesitaba que lo hiciera para imaginármelo completamente desnudo pues en más de una oportunidad ya me lo había topado en los camarines por lo que lo había visto en muchas oportunidades completamente desnudo en las duchas bañándose al lado mío.

El preparador por su parte lo saludó nuevamente de la mano cuando llegó conmigo, conversaron un par de cosas con respecto a las proteínas, y luego se sentó al igual que él, sacó de su bolso una botella que contenía igualmente sus brebajes de deportista, y siguió comiendo con la misma calma que él.

Mientras ellos comían, yo entré a los urinales para evacuar toda el agua que ya había bebido durante mi rutina de ejercicios. También lo hice con mucha calma, y con la certeza de que todos los accesos a los camarines estaban cerrados. Ya estaba bien avanzada la tarde, por lo que la única luz que nos iluminaba era la artificial que tenían los camarines. Por las pequeñas ventanas que hay cercanas al techo en la pared. Se notaba como la noche ya había caído en Concepción.

Al salir de los urinales, me senté, saqué un par de plátanos para comerlos al igual que los otros dos hombrazos que tenía frente a mí.

El preparador fue el primero que terminó de comer, por lo que se empezó a quitar su buzo de trabajo, y se puso su ropa de salida.

En muchas otras oportunidades me había quedado solo con él en los camarines. El llegaba al poco rato de que yo me fuera a duchar, pero solía encontrarme completamente desnudo a punto de entrar a las regaderas. Y notaba como me miraba casi con la vista perdida, pero muy atenta a la vez, para luego de unos minutos disfrazar su falta de pudor comentándome un par de cosas sobre la formación de mis músculos y de cómo podía lograr resultados más rápidos, lo que no puedo dejar de decir que me producía algo de pudor por ser el único desnudo con él adentro en un camarín completamente aislado del resto del mundo a puerta cerrada y con llave… pero de algún lugar lograba sacar fuerzas para lograr que mi cuerpo lo tomara así y no como una excitación.

En esta oportunidad, mientras comía, no logré lo mismo, y por debajo de mi ropa, trataba de disimular mi evidente erección por saber que estaba con estos dos adonis sólo sin que nadie más pudiera verlo ni molestarnos, por lo que traté de comer lo más lento que pude mis plátanos, tratando de que me bajara la excitación del momento, lo que de hecho no logré.

Antes de que terminara mi último plátano, el preparador ya estaba listo para irse, y nos dejó instrucciones de cómo teníamos que salir cuando ya estuviésemos listos con nuestras duchas.

Nos indicó que dejaría la única puerta por la que se podía salir y que daba directamente a la calle después de recorrer un corto pasillo cerrada, pero sin llave, por lo que lo único de lo que tendríamos que preocuparnos era de que al salir la puerta se cerrara lo suficientemente bien, y pasar a hablar con el nochero para que fuese él quien se encargara de ponerle llave posteriormente, lo cual por lo visto era una práctica habitual pues el basquetbolista ya sabía de sobra todo el procedimiento que tenía que hacer. Por lo que se despidió con un apretón de manos, y se fue dejándome solo con este monstruo de músculos que tanto me excitaba.

Ambos sentimos como cerraba la puerta al salir. Ambos ya estábamos listos con nuestras reponedoras meriendas, por lo que empezamos a quitarnos las ropas para meternos a las duchas.

Las dos bancas que había en los camarines eran bastante largas y estaban a 90 grados la una de la otra, por lo que si bien es cierto no quedábamos frente a frente, no era difícil ver el cuerpo del otro mientras se desnudaba.

Yo como aun no lograba bajar del todo mi erección, opté por empezar a desvestirme de espaldas a él. Lo que hice lo más lento posible con el fin de que fuese él quien primero quedara desnudo y entrara primero a las duchas lo que de hecho ocurrió así.

Cuando ya logré tranquilizarme un poco, entré a las duchas completamente desnudo

al igual que mi compañero, y noté como estaba dejando que el agua corriera por su cuerpo desnudo y trabajado sin ninguna prisa, disfrutando el agua caliente que dejó toda la habitación llena de vapor de agua y los espejos empañados. Cómo tenía los ojos cerrados, según yo creía, pude animarme a ver su herramienta la que noté aun más grande que de costumbre. Cómo ya les dije en más de una oportunidad lo había visto desnudo en las duchas.

Mientras lo miraba, comencé a mojarme y a lavarme el pelo. Disimuladamente pegaba una que otra mirada no solo a su herramienta la que cada vez crecía más, sino que a su abdomen marcado. Casi no tenía pelos en el cuerpo. De hecho se notaba que incluso el pubis lo tenía depilado porque naturalmente no era lampiño lo que me ponía aun más cachondo por la situación.

Mientras lo estaba viendo, el abrió los ojos y noto como lo veía, y se percató también de algo que yo no me había dado cuenta por lo nervioso que estaba, y es que yo también ya estaba empalmándome. Me miró a la cara, y con una sonrisa en la cara me dijo: "parece que ambos necesitamos un relajo" con un tono bastante pícaro.

Yo le sonreí pero no respondí nada y seguí jabonando mi cuerpo. Al rato noté como él comenzó a jabonar su miembro erecto y todo su trasero, luego se enjuagó con el agua caliente que corría por su cuerpo viril, y comenzó a masturbarse sin ningún tipo de vergüenza delante mío, mientras me veía como me quitaba el jabón con el agua que corría por mi cuerpo.

Mi herramienta como ya he dicho en mi relato anterior no se cuánto mide en todo su esplendor pues no sé bien como hay que medirla… ello por cuando si pongo una regla pegada a mi pubis, hasta el final del glande, mide 17 centímetros, pero si la pongo desde donde parte el pene pero por delante, donde terminan los testículos, mide poco menos de 19 centímetros. Mida lo que mida, el hecho es que los preservativos estándar siempre suelen quedarme pequeños.

El falo de mi compañero tampoco era nada despreciable, pero yo diría que era ligeramente menor al mío, pero un poco más grueso lo que me volvía loco. Lo único que quería era tenerlo en mi boca y succionarlo entero como ya otras veces había hecho con otras herramientas de la talla de la suya.

Mientras estaba en estas divagaciones, siento como sin descaro, él comienza a acercarse a mi mientras no paraba de masturbarse con su mano derecha, para con la otra comenzar a tocar mis muslos los que instintivamente paré para que pudiera hacerlo mejor. Yo disfrutaba el momento, mientras me quitaba la espuma que me quedaba en la cara y que me impedía verlo a los ojos mientras hacía este masaje de los dioses.

Cuando ya hube terminado, cerré la llave del agua, y se produjo un espacio de silencio por unos segundos al cabo de los cuales, el se puso frente a mí, cara a cara, y comenzó a pasar su lengua por mi cuello mientras con sus manos seguía acariciando mi trasero y jugábamos ambos a chocar nuestros penes erectos, completamente desnudos y mojados por la ducha reciente que nos habíamos dado.

Yo jamás puse la menor de las resistencias, al contrario, comencé a acariciar su trasero al igual que como él estaba haciendo conmigo y disfrutaba su lengua que recorría mi cuerpo excitado.

Estuvimos en eso unos minutos, cuando al poco rato siento como me toma con sus brazos musculosos las piernas, mientras se agachaba un poco para poder tomar impulso, y me levanta en el aire mientras yo ponía mis rodillas a la altura de sus caderas, dejando a su merced mi caliente agujero del placer, lo que me permitía sentir sus centímetros de locura y lo rozaba por todos los lugares que podía.

Yo mientras tanto, correspondí los lengüetazos anteriores ahora en su cuello. Estaba claro que ninguno de los dos quería besar al otro, lo que francamente me desagrada. Al cabo de unos minutos, conmigo aun en brazos, caminó hacia las bancas, y me dejó parado sobre ellas, dejando mi pene a la altura de su caliente boca, la que no tardé en sentir como saboreaba cada milímetro de mi miembro, dejándolo húmedo y aun más duro que como estaba hace unos minutos atrás.

Mamaba como todo hombre quiere. Con fuerza apretaba cada unos de los rincones de mi tronco, y lo metía con furia entero en su boca mientras con las manos seguía acariciando mis nalgas.

Yo a lo único que atiné fue a apoyar mi espalda en la pared que separaba las bancas de las duchas, y disfruté el momento. Al cabo de unos minutos de placer, lo separé de mi pene, y le indiqué que también se subiera a la banca, pero que en lugar de ponerse de pie como lo estaba yo, que se pusiera a lo perrito dejando a mi merced su rozado y depilado agujero.

Yo nunca he sido pasivo, por lo que no estaba dispuesto ni aun con semejante prospecto a dejar mi último rincón virgen a su disposición, por lo que una vez hecho lo que le pedí, comencé a pasar mi lengua sobre su recién lavada ranura, para dilatarlo e introducir poco a poco uno a uno tres de los dedos de una de mis manos los que él soportaba gimiendo en una mezcla de placer y de dolor que me ponían a mil por hora.

Pasamos un rato en eso, y le pedí que me acercara un poco de jabón liquido que tenía adentro de su bolso a mano. A los segundos, no sólo me pasó eso, sino que un condón el que como podrán imaginar por las proporciones de mi pareja, me quedaba bien pues era una herramienta muy similar a la mía. Se notaba que si no era que estaba preparado para la ocasión, al menos era previsor por andar siempre con un preservativo a la mano. Sin demora, me lo puse sobre mis centímetros de carne caliente, y unté con el jabón que me había pasado lo mismo que su agujero.

Con mi pierna izquierda seguía arrodillado en la banca, mientras que la derecha la tenía pegada al suelo para darme mayor movilidad lo que de hecho logré.

A todo esto mi basquetbolista me pedía a gritos que lo penetrara pronto, pedía verga como condenado. Lo que a pesar de todo no hice del todo rápido pues quería disfrutarlo y no causarle mucho dolor, por lo que lo fui introduciendo de a poco, derribando sus barreras con cuidado, dejando que se acostumbrara a mi erecto miembro, lo que no costó mucho trabajo por lo dilatado que lo había dejado ya con la sesión de dedos por lo que no tardamos mucho en empezar a disfrutar.

Las embestidas fueron poco a poco haciéndose más rápidas y profundas, con lo que ambos gemíamos de placer sin ningún reparo amparados por el solitario camarín que nos albergaba, y por el manto de la noche que había afuera que nos daba plena seguridad de estar solos.

Ambos pedíamos más del otro a cada instante, cogíamos como unas bestias al poco rato de iniciado el jugueteo. Me excitaba ver como entraba todo mi falo… como se tragaba sin reparo mi pedazo de carne caliente, y comencé a masturbarlo con mi mano derecha al ritmo de mis embestidas lo que lo hizo gemir aun más y apretar su musculoso esfínter en cada uno de mis vaivenes lo que me puso loco de placer.

Con la maño libre que tenía, lo tomé del estómago para que levantara su torso, y poder besar su musculosa espalda mientras lo penetraba, mientras él le dio una utilidad a sus manos acariciando mis muslos a la distancia que el vaivén le permitía.

Cuando ya sentí que estaba por correrme, me salí para aguantar un poco más, y comencé a saborear su pene. Pusimos una toalla en el suelo, y nos acostamos sobre ella para hacer un 69 pero tumbados ambos en el suelo… no uno sobre el otro porque al menos yo lo encuentro más cómodo.

Cuando le señalé que estaba por acabar, tomó mi pene con su índice y su pulgar, y lo apretó fuertemente bajo el glande para frenar mi eyaculación y darme otros minutos de placer lo que me hizo dar un gemido que ahogó su pene que ya tenía metido por completo en mi boca.

Él sin avisarme, a los minutos descargó toda su leche llenándome con su sabor cada rincón de mi boca lo que disfruté mucho y me dio la chance para correrme también sin avisarle luego en la suya. Ambos tragamos cada una de las gotas de espesa leche, limpiando nuestros aun tiesos miembros hasta que fueran perdiendo algo de su tamaño lo que no se logró del todo por lo excitante del momento.

A los minutos nos pusimos de pie, para darnos otra ducha rápida mientras jugueteábamos el uno con el otro abrazados, sintiendo como corría el agua por nuestros cuerpos calientes de placer. El solo recordarlo aun me erecta y me excita por lo agradable que fue.

Terminamos saliendo juntos de los camarines y despidiéndonos con un apretado abrazo y agarrones barios antes de cruzar el umbral de la puerta que nos devolvería al mundanal campus universitario, para pasar por donde el nochero para que fuera a cer

rar todo procurando no haber dejado rastro de nuestra alocada tarde de ejercicio y sexo desenfrenado.

De ahí en adelante no lo he vuelto a ver. Intencionalmente creo que cambió su horario pues comprobé por su pauta de trabajo en el gimnasio que aun seguía yendo con regularidad. Lo que no significa que fuera sólo esa la historia que tendría en el gimnasio, pero esa será tema de otra historia. Espero que esta la publiquen para recibir sus comentarios a mi correo