Esta historia me ocurrió hace algunos meses y ha llegado el momento de transcribirla al papel. A través de internet conocí a Javi, un chico que trabajaba de guarda jurado y con el que solía chatear. Hablábamos de lo típico que se habla en internet: de mujeres, de películas, de tetas, de ligues, bueno, ya os imagináis la rutina habitual de un chat. Esta historia me ocurrió hace algunos meses y ha llegado el momento de transcribirla al papel. A través de internet conocí a Javi, un chico que trabajaba de guarda jurado y con el que solía chatear. Hablábamos de lo típico que se habla en internet: de mujeres, de películas, de tetas, de ligues, bueno, ya os imagináis la rutina habitual de un chat. "Ten más cuidado", me chilló.
Lo cierto es que en más de una ocasión me incitó a que le acompañara en la garita donde hacía las guardias, ya que decía que las noches se le hacían muy largas y aburridas y le gustaba recibir visitas de amigos.
Al tiempo, y estando yo por la zona de trabajo de Javi, me acerqué a saludarle y a conocerlo en persona, ya que hasta ahora sólo lo había visto en fotos o a través de la cam del ordenador. Era un chico de unos cuarenta y tantos años, algo gordo, con barba y con bastante vello en el pecho.
Nos saludamos cordialmente y me invitó a un café. El sitio era acogedor y bastante cómodo, dadas las horas que pasaban allí los vigilantes, así que estaba bien acondicionado.
Luego me contó que pasaba casi todo el rato descargando pornografía de internet, y que le encantaba ver las películas allí mientras se hacía una paja. Dicho y hecho, puso una de las películas que acababa de descargar, donde aparecían dos mulatas tremendas, chupándole la polla a un joven mientras se acariciaban mutuamente.
Javi dijo que ya la había visto, y que estaba muy bien, así que la dejó puesta, mientras seguíamos hablando de banalidades. Lo cierto es que mientras hablábamos yo no dejaba de echar miradas disimuladas al monitor, y me estaba poniendo súper cachondo, notando como el bulto de mi paquete crecía sin poderlo evitar...
Mire a Javi y pareció adivinar mi situación, ya que a él le ocurría exactamente lo mismo, así que me propuso que nos hiciéramos una paja mutuamente. "¿Como en Torrente?, pregunté yo, quitándole hierro al asunto. Si, si, Jajajaja. Como en Torrente.” Dicho y hecho, nos bajamos los pantalones y los calzoncillos. ¿Quien empieza? Lo echamos a suertes y me tocó a mí comenzar a pajearle a Javi, que se puso cómodo y me dejó hacer.
Yo nunca antes había tenido en la mano la polla de otro tío, así que la sensación cuando comencé a acariciársela me pareció extraña, pero muy morbosa y excitante. Me parecía notar como su polla se iba hinchando entre mis dedos, que la aferraban con timidez. Estaba caliente, y podía notar sus venas entre las yemas de mis dedos. Comencé a subir y bajar, meneándosela muy lentamente para fijarme sobre todo en su cara de placer.
Cada vez se ponía más dura, y crecía, y crecía. Era bastante más grande que la mía, aunque no tan gruesa. Tendría unos 20 cms. que mis manos no dejaban de recorrer.
Me comenzaron a sudar las manos, ya que allí metidos hacía bastante calor, y se me escapó un par de veces, lo que provocó el enfado de Javi.
"Ten más cuidado", me chilló.
Volví a la carga y le cogí de nuevo la polla, esta vez poniendo más énfasis en el glande, que asomaba cada vez más brillante entre sacudida y sacudida del prepucio.
Verme allí, con la polla de otro tío en la mano, me había puesto la polla a cien, y estaba deseando que se corriera para que me cambiara el turno. Pero el tío aguantaba muy bien, y no parecía que fuera a correrse muy deprisa.
Aumenté el ritmo de la paja, cada vez más fuerte, pero sin hacerle daño, dándole tirones a aquella enorme polla, mientras el sonido del liquido preseminal, friccionándose con la mano no dejaba de sonar: "chap, chap, chap", cada vez más fuerte.
El olor a macho también era cada vez más penetrante, y eso me ponía aun más excitado, como algo primitivo.
Javi tenía la cara desencajada de gusto, ya ni miraba la película, sólo miraba al techo y ponía los ojos en blanco, pero todavía no se corría. Ya me dolía la muñeca de tanto bombear así que en un acto que luego achaqué al momento de excitación y deseo de que se corriera, acerqué mi lengua a su glande para acelerar la eyaculación.
El primer contacto de mi lengua con su polla me provocó una mezcla de sensaciones, y comencé a lamer el capullo como había visto en la película, a lo que el respondió con un gemido de placer que debió sonar en todo el recinto. Pasé varias veces la punta de la lengua en círculo por su glande, dándole pequeños besitos y perforé con ella el agujerito, para seguir con el frenillo y bajar hasta los huevos. Todo eso sin dejar de meneársela, arriba y abajo.
Luego me la introduje poco a poco en la garganta, notando como se abría paso en su interior, hasta que me pareció que ya no podía entrar más, ya que mi nariz chocaba con su pelvis y mis labios besaban sus grandes testículos. Comencé a succionar, arriba y abajo, recorriendo lentamente la longitud de la polla de Javi, saboreándola. Me encantaba aquello, y me di cuenta de que ya no tenía ningún interés en que se corriera, que me gustaría tener aquel pedazo de carne húmeda todo el rato en la boca.
Pero justo entonces noté como su polla se hinchaba aún más en mi boca y la noté palpitar, como aviso a la inminente corrida que se iba a producir. Javi, gritó que se corría entre gemidos de placer y soltó un tremendo chorro de lefa que fue directo a mi garganta.
Como quería saborear aquel néctar blanco, me saqué la polla de la garganta y dirigí los chorros hacía mi lengua, tirando violentamente de su polla, sacudiéndosela, para que lo expulsara todo en mi boca. Durante casi un minuto, estuvo derramando leche entre mis dientes, y luego, cuando la boca estuvo llena, entre la comisura de mis labios, que dejaban escapar gotitas.
Cuando terminó, yo había mantenido todo el semen en la boca, y sepulté de nuevo su polla en mi boca, para unirla al producto de sus huevos, y mientras succionaba aquel aparato que tanto me había costado vaciar, me trague de golpe toda la lefa, soltando un pequeño gemido de placer por lo rica que estaba.
Javi se quedó mirándome unos instantes, como despertando de un sueño, y ambos sonreímos. Le di un beso en la punta de su polla, ahora fláccida tras la gran corrida que se había dado y le dije, guiñándole un ojo: "Ahora te toca a ti"
Hazme tus comentarios y proposiciones indecentes.
Lo cierto es que en más de una ocasión me incitó a que le acompañara en la garita donde hacía las guardias, ya que decía que las noches se le hacían muy largas y aburridas y le gustaba recibir visitas de amigos.
Al tiempo, y estando yo por la zona de trabajo de Javi, me acerqué a saludarle y a conocerlo en persona, ya que hasta ahora sólo lo había visto en fotos o a través de la cam del ordenador. Era un chico de unos cuarenta y tantos años, algo gordo, con barba y con bastante vello en el pecho.
Nos saludamos cordialmente y me invitó a un café. El sitio era acogedor y bastante cómodo, dadas las horas que pasaban allí los vigilantes, así que estaba bien acondicionado.
Luego me contó que pasaba casi todo el rato descargando pornografía de internet, y que le encantaba ver las películas allí mientras se hacía una paja. Dicho y hecho, puso una de las películas que acababa de descargar, donde aparecían dos mulatas tremendas, chupándole la polla a un joven mientras se acariciaban mutuamente.
Javi dijo que ya la había visto, y que estaba muy bien, así que la dejó puesta, mientras seguíamos hablando de banalidades. Lo cierto es que mientras hablábamos yo no dejaba de echar miradas disimuladas al monitor, y me estaba poniendo súper cachondo, notando como el bulto de mi paquete crecía sin poderlo evitar...
Mire a Javi y pareció adivinar mi situación, ya que a él le ocurría exactamente lo mismo, así que me propuso que nos hiciéramos una paja mutuamente. "¿Como en Torrente?, pregunté yo, quitándole hierro al asunto. Si, si, Jajajaja. Como en Torrente.” Dicho y hecho, nos bajamos los pantalones y los calzoncillos. ¿Quien empieza? Lo echamos a suertes y me tocó a mí comenzar a pajearle a Javi, que se puso cómodo y me dejó hacer.
Yo nunca antes había tenido en la mano la polla de otro tío, así que la sensación cuando comencé a acariciársela me pareció extraña, pero muy morbosa y excitante. Me parecía notar como su polla se iba hinchando entre mis dedos, que la aferraban con timidez. Estaba caliente, y podía notar sus venas entre las yemas de mis dedos. Comencé a subir y bajar, meneándosela muy lentamente para fijarme sobre todo en su cara de placer.
Cada vez se ponía más dura, y crecía, y crecía. Era bastante más grande que la mía, aunque no tan gruesa. Tendría unos 20 cms. que mis manos no dejaban de recorrer.
Me comenzaron a sudar las manos, ya que allí metidos hacía bastante calor, y se me escapó un par de veces, lo que provocó el enfado de Javi.
Volví a la carga y le cogí de nuevo la polla, esta vez poniendo más énfasis en el glande, que asomaba cada vez más brillante entre sacudida y sacudida del prepucio.
Verme allí, con la polla de otro tío en la mano, me había puesto la polla a cien, y estaba deseando que se corriera para que me cambiara el turno. Pero el tío aguantaba muy bien, y no parecía que fuera a correrse muy deprisa.
Aumenté el ritmo de la paja, cada vez más fuerte, pero sin hacerle daño, dándole tirones a aquella enorme polla, mientras el sonido del liquido preseminal, friccionándose con la mano no dejaba de sonar: "chap, chap, chap", cada vez más fuerte.
El olor a macho también era cada vez más penetrante, y eso me ponía aun más excitado, como algo primitivo.
Javi tenía la cara desencajada de gusto, ya ni miraba la película, sólo miraba al techo y ponía los ojos en blanco, pero todavía no se corría. Ya me dolía la muñeca de tanto bombear así que en un acto que luego achaqué al momento de excitación y deseo de que se corriera, acerqué mi lengua a su glande para acelerar la eyaculación.
El primer contacto de mi lengua con su polla me provocó una mezcla de sensaciones, y comencé a lamer el capullo como había visto en la película, a lo que el respondió con un gemido de placer que debió sonar en todo el recinto. Pasé varias veces la punta de la lengua en círculo por su glande, dándole pequeños besitos y perforé con ella el agujerito, para seguir con el frenillo y bajar hasta los huevos. Todo eso sin dejar de meneársela, arriba y abajo.
Luego me la introduje poco a poco en la garganta, notando como se abría paso en su interior, hasta que me pareció que ya no podía entrar más, ya que mi nariz chocaba con su pelvis y mis labios besaban sus grandes testículos. Comencé a succionar, arriba y abajo, recorriendo lentamente la longitud de la polla de Javi, saboreándola. Me encantaba aquello, y me di cuenta de que ya no tenía ningún interés en que se corriera, que me gustaría tener aquel pedazo de carne húmeda todo el rato en la boca.
Pero justo entonces noté como su polla se hinchaba aún más en mi boca y la noté palpitar, como aviso a la inminente corrida que se iba a producir. Javi, gritó que se corría entre gemidos de placer y soltó un tremendo chorro de lefa que fue directo a mi garganta.
Como quería saborear aquel néctar blanco, me saqué la polla de la garganta y dirigí los chorros hacía mi lengua, tirando violentamente de su polla, sacudiéndosela, para que lo expulsara todo en mi boca. Durante casi un minuto, estuvo derramando leche entre mis dientes, y luego, cuando la boca estuvo llena, entre la comisura de mis labios, que dejaban escapar gotitas.
Cuando terminó, yo había mantenido todo el semen en la boca, y sepulté de nuevo su polla en mi boca, para unirla al producto de sus huevos, y mientras succionaba aquel aparato que tanto me había costado vaciar, me trague de golpe toda la lefa, soltando un pequeño gemido de placer por lo rica que estaba.
Javi se quedó mirándome unos instantes, como despertando de un sueño, y ambos sonreímos. Le di un beso en la punta de su polla, ahora fláccida tras la gran corrida que se había dado y le dije, guiñándole un ojo: "Ahora te toca a ti"
Hazme tus comentarios y proposiciones indecentes.
