Hola mi nombre es Daniel, y desde joven fui bastante curioso en cuanto a todo lo que se refería al sexo. Hasta que un día llegó a mis manos un video porno, que comenzaba con una tremenda rubia mamándole la verga a un negro que la tenía aparte de bien larga bastante gruesa y venosa, hasta ese momento mientras me masturbaba, uno de mis mayores deseos era el que mi verga alcanzara esas proporciones y características. Hola mi nombre es Daniel, y desde joven fui bastante curioso en cuanto a todo lo que se refería al sexo. Hasta que un día llegó a mis manos un video porno, que comenzaba con una tremenda rubia mamándole la verga a un negro que la tenía aparte de bien larga bastante gruesa y venosa, hasta ese momento mientras me masturbaba, uno de mis mayores deseos era el que mi verga alcanzara esas proporciones y características. Pero ya estando entre los 19 y 20 años, en ocasiones nos reuníamos algunos chicos del barrio, en nuestro escondite secreto, una vieja casona abandonada que daba al campo. Uno de ellos un buen día llevó una revista porno de mujeres desnudas, y que todos vimos y terminamos masturbándonos. Pero sin yo dejar saber nada sobre mis ocultos deseos de probar una verdadera verga. Con el tiempo pasó a ser casi una especie de rito entre nosotros, ver unas cuantas revistas y pelar por nuestras vergas, para hacerse cada uno una tremenda paja.
A medida que seguía observando el video, continuaba pajeándome, pero de momento veo que la tremenda rubia se pone en cuatro y el negro dirige su inmensa verga a las nalgas de ella. Pero cual no fue mi sorpresa al ver que la rubia resultó ser otro hombre, con senos y todo, pero con tremenda verga entre sus piernas también. Lo cierto que el video me dejó loco, tan excitado que a los pocos segundos de ver todo, eso me vine. Pero eso no terminó ahí como normalmente me sucedía, desde ese momento no dejaba de pensar en lo que había visto, y como me había excitado. Cada vez que tenía oportunidad volvía a ver ese video una y otra vez, entonces me di cuenta que ya no pensaba en tener una verga como la del condenado negro, sino que empecé a preguntarme que se sentiría ser la rubia que estaba bajo él. Con el pasar de los meses, comencé en parte a satisfacer mi curiosidad, primero de cómo me vería yo si fuera una chica, por lo que comencé sustraer algunas prendas de mis hermanas, y en secreto me las ponía y modelaba frente al espejo del baño. Para luego de una forma u otra terminar haciéndome tremenda paja mientras miraba y acariciaba mis propias nalgas viendo mi reflejo en el espejo. Esa misma curiosidad mía, me llevó a comenzar a experimentar, como se sentía el tener una verga introducida entre mis nalgas. Por lo que al principio fueron cosas como pequeñas, como zanahorias embadurnadas en vaselina, las que después de usarlas las votaba, pero muy rápidamente comencé a ser uso de objetos de mayor tamaño y envergadura, como pepinos y otros artículos de mayor tamaño, a los que le podía echar mano. Al tiempo que continuaba ya no tan solo poniéndome, alguna que otra prenda intima de mis hermanas, sino que no me conformaba hasta que no vestía completamente de mujer. Claro que todo eso lo hacía en el más absoluto secreto, era casi como vivir dos vidas, por una parte continuaba siendo Daniel, mientras que por otra me llamaba a mi mismo Daniela, ni mis mejores amigos sospechaban mis particulares gustos.
Pero ya estando entre los 19 y 20 años, en ocasiones nos reuníamos algunos chicos del barrio, en nuestro escondite secreto, una vieja casona abandonada que daba al campo. Uno de ellos un buen día llevó una revista porno de mujeres desnudas, y que todos vimos y terminamos masturbándonos. Pero sin yo dejar saber nada sobre mis ocultos deseos de probar una verdadera verga. Con el tiempo pasó a ser casi una especie de rito entre nosotros, ver unas cuantas revistas y pelar por nuestras vergas, para hacerse cada uno una tremenda paja.
Yo ocasionalmente con los ojos entre cerrados, para que nadie se diera cuenta de que era lo que estaba viendo realmente, observaba los miembros de todos. Algunos en parte me daban risa, por lo pequeños o cortos que eran, pero había unos cuantos que la verdad es que no tenían nada que envidiarle a nadie. Pero como ya les dije, me controlaba bastante bien, hasta que uno de los chicos trajo por primera vez al grupo, un cigarrillito de marihuana. La que probamos por curiosidad esa primera vez y la verdad es que, como al resto del grupo me gustó, por cómo me hacía sentir, pero siempre controlándome. Con el tiempo el fumar marihuana y ver revistas porno y masturbarnos era algo normal entre nuestro grupo.
Un día uno de los chicos, de nombre Cesar, de unos 20 años, blanco algo gordito y rubio, después de fumarse un buen tabaco de marihuana comenzó a comportar bien raro, por no decir que afeminado. La cosa es que su manera de moverse y de tratar de imitar a una mujer, fue nada más que el comienzo, al poco rato, a pedido de otro de los chicos Cesar comenzó por quitarse toda la ropa, y después de eso dejó que le tocasen las nalgas por todos los que nos encontrábamos en la vieja casa que nos servía de escondite. Cesar terminó dejando que más de uno de los chicos, le dieran salvajemente por el culo, y desde ese día se convirtió en la nena del grupo, lo mismo mamaba, que nos hacía la paja y hasta le daba el culo a quienes así se lo pidieran, sin vergüenza alguna, cosa que a mí nunca me llamó la atención, pero únicamente hacía todo eso cuando fumaba marihuana, el resto del tiempo se comportaba igual que el resto de nosotros.
Cuando estaba yo por cumplir mis 20 años, en el fondo envidiaba a Cesar, deseaba hacer las cosas que él hacía, pero al mismo tiempo me daba miedo de lo que fueran a decir mis amigos. Pero un día en que mis padres salieron de fin de semana con mis hermanas, y que a mí me dejaron en casa con un tío que se encontraba de visita, aproveché y me después de que supuestamente me había acostado, me escapé por la ventana, llegué a nuestro sitio de reunión, donde ya se encontraba tres de mis amigos fumando y hablando de sexo, y sin perder tiempo me puse a fumar, pero a diferencia de otras ocasiones creo que se me fue la mano, ya que agarré una nota tremenda. En la que de momento se me ocurrió regresar a mi casa, y decidido a ponerme algunas de las prendas de mis hermanas. Solo que en casa estaba mi tío, por lo que decidí, sacar de mi casa un bulto con algunas de las prenda y ponérmelas a solas en el escondite después de que mis amigos se retirasen.
Cuando ya estaba de regreso con el bulto, la nota comenzó a bajarme, y la idea de vestirme de mujer ya no me pareció tan buena. Pero apenas llegué a nuestro escondite, no tan solo los tres amigos míos que estaban, me recibieron con otro tabaco de marihuana, sino que para completar uno de los chicos se había robado una caja de cerveza de su casa, las que de inmediato comenzamos a tomar, sin ni siquiera enfriarlas. En cosa de pocos minutos, los cuatro aparte de la marihuana que estábamos fumando ya nos habíamos bebido cada uno por lo menos un par de botellas de cerveza. Fue cuando Paco uno de mis amigos, sacó una de las viejas revistas porno las que a medida que la ojeaba, comentaba las fotos con nosotros, diciendo si yo fuera ese tipo no perdería el tiempo chupándole las tetas a esa chica.
De momento en medio de la nota que disfrutaba, la idea de vestirme de mujer para sorprender a mis amigos, me pareció la mejor idea del mundo, así que con la excusa de ir a orinar, fui al patio trasero de la casa abandonada donde nos reuníamos, y en un dos por tres me he desnudado completamente y de inmediato me puse las prendas de mis hermanas, unas pantis negras que se me encajaban entre las nalgas, el sostén del mismo color de mi hermana mayor que era de copa pequeña y una mini falda bien corta a cuadros tipo escocesa, que era de mi hermanita menor, además me puse una blusita blanca semitransparente de mi hermana mayor, además de unas sandalias doradas de mi mamá, que ella ya no usaba. Al terminar de vestirme, me alboroté el cabello, y mientras me daba otro trago de cerveza regresé donde estaban mis amigos.
Cuando me vieron así vestido, al principio se asustaron, ya que no me reconocieron de inmediato, pero al darse cuenta de quien yo era se han puesto a reír como locos, mientras Domingo prendían otro tabaco de marihuana. Por un buen rato los cuatro continuamos bebiendo cerveza y fumando, yo me divertía de lo lindo tratando de comportarme como una chica, mientras que ellos tres me decían lo linda que me veía, me preguntaron mi nombre y les respondí que Daniela, luego continuaron preguntándome cosas así por el estilo, como si tratasen de conquistarme, hasta que Domingo, me dijo que deseaba bailar conmigo, los otros dos se quedaron callados por un momento, pero luego comenzaron a pedirme que bailase con Domingo. La idea en si me gustó, y sin perder tiempo, dejé que mi amigo me tomase entre sus brazos y me condujera mientras bailábamos al tiempo que Paco y el otro, hacían como si tocasen algún instrumento.
A los pocos segundos sentí una de las manos de Domingo acariciando descaradamente mis nalgas, las que apretaba sabrosamente con ambas manos, al tiempo que me pegaba contra su cuerpo, y yo podía sentir contra la parte baja de mi estomago su caliente y dura verga por debajo de la tela de su pantalón. Fue cuando al principio me dijo al oído que deseaba meterme su verga por el culo. Yo en medio de todo me hice el sorprendido o mejor dicho la sorprendida. Pero Domingo continuó pidiéndome descaradamente que le diera el culo, ya no en secreto sino que a toda voz frente a Paco y Jesús, los que al escucharlo, de la misma manera que me pidieron que bailase con Domingo, comenzaron a pedirme que les diera el culo.
En medio de todo yo estaba que no cabía de la alegría, finalmente probaría no una sino tres vergas de verdad, verdad. Sin decir palabra medio me separé del cuerpo de Domingo, y aun entre sus brazos me coloqué de espaldas a él, e inclinándome un poco hacia adelante. En cosa de segundos, él me levantó la pequeña falda y bajó las pantis negras, dejando mis blancas nalgas a su entera disposición.
Me incliné un poco más ligeramente hacia el frente mientras que Domingo después de haber sacado su verga, comenzó a dirigirla al centro de mis nalgas, hasta ese instante no se la había visto tan de cerca, y cuando lo hice me sorprendió, el verla tan grande. Sentí sus dedos mojados con su propia saliva acariciando mi esfínter, y en ese instante, no sé por qué me entró un miedo tremendo, estaba a punto de decirle que no continuase cuando comencé a sentir su caliente y dura verga enterrándose entre mis nalgas.
A diferencia de cuando yo me introducía algún objeto por el culo, que lo embadurnaba de vaselina, el sentir ese grueso pedazo de carne cruda penetrándome el culo, hizo que se me saltaran las lágrimas, mientras me quejaba por el dolor sentido. Domingo me tomó por las caderas y apretándome con fuerza contra su cuerpo, introdujo casi de un solo golpe toda su verga dentro de mis nalgas, por lo que dejé escapar un ahogado grito de dolor. Por una parte quería que me lo sacase de inmediato, pero por otra el sentirme entre sus brazos, con toda su verga dentro de mí y el recuerdo de aquel video donde el negro se lo metía a la rubia y la cara de satisfacción de ella, me hicieron aguantarme.
A los pocos minutos ya mi culo se había acostumbrado a la verga de mi amigo, el dolor fue dando paso al placer de sentirme penetrado. Lentamente aun algo adolorido comencé a mover mis caderas, mientras que Paco y Jesús nos observaban detenidamente, fue cuando se me ocurrió quedarme viendo el bulto que se le había formado a Jesús, y nada más bastó que se lo señalase con mi boca, para que él de inmediato sacara su verga del pantalón y la colocase frente a mi boca. Mientras que Paco por no quedarse atrás también sacó la suya, y la colocó cerca de una de mis manos.
En cosa de pocos segundos ya me encontraba, sintiéndome el ser más feliz del universo y a la vez haciendo feliz a mis tres amigos, Domingo no dejaba de meter y sacar toda su gran verga de mi apretado culito, al tiempo que me decía. Daniela tienes unas lindas y sabrosas nalgas, mejores que las del maricón de Cesar. Cosa que me hacía sentir más orgullosa, mientras que con mi boca procuraba hacer que Jesús, disfrutase de una buena mamada, y a Paco le manipulaba su verga con mi mano.
No sé cuánto tiempo pasamos así, pero las cosas que me decían me excitaban más todavía, cosas como. Daniela tienes un culo bien caliente, que sabroso mamas putita y cosas así por el estilo. El primero en venirse lo fue Jesús, que a medida que lo fue haciendo, quizás por la misma nota y borrachera que yo tenía en ese momento, en lugar de escupir su semen fuera de mi boca me lo he tragado completamente, y continúe chupándoselo hasta que Jesús ya no aguantaba las ganas de reír que le producía. Una vez que Jesús terminó, su lugar fue ocupado inmediatamente por Paco, al que apenas se lo comencé a mamar, se vino rápidamente, y al igual que me pasó con Jesús también terminé por tragarme toda su leche. A todas estas Domingo no dejaba de meter y sacar sabrosamente toda su verga de mi culo, hasta que en cierto momento me apretó con bastante fuerza todo mi cuerpo, y se quedó quieto.
Cuando los tres terminaron conmigo, me quedé acostado boca abajo sobre el piso de la casa, con mis piernas y nalgas bien abiertas, aunque algo adoloridas. Los tres se fueron retirando uno a uno, sin decir palabra, como cuando se lo metían a Cesar. Por lo que yo en medio de mi nota no me preocupé por lo que fueran a decir, por un buen rato estuve así tirado en el piso, cuando finalmente me levanté, agarré una botella de cerveza que encontré a mi lado y que alguno de los chicos había dejado sin tomar y me fui a buscar mi ropa en el patio trasero, y justo en ese instante me dieron unas fuertes ganas de expulsar lo que tenía en mis intestinos, por lo que me agaché y después de pujar ligeramente, salió todo lo que Domingo había dejado dentro de mí y quizás algo más. Lo que me pareció bien gracioso, por lo que en medio de mi nota después de limpiarme con un viejo periódico, creo que sin pensarlo mucho me volví a poner las pantis negras de mi hermana, recogí mi ropa y en lugar de cambiarme, la metí dentro de mi bulto y vestido de chica me encaminé a mi casa. Caminaba de lo más feliz, en medio de la noche, recordando todo lo que me había sucedido, después de haber pasado por la mejor experiencia de mi vida, cuando al llegar hasta mi casa, mientras me colaba por la ventana de mi habitación, justo en ese instante mi tío prendió la luz de mi habitación. De la sorpresa que me llevé, creo que se me fue la nota y la borrachera con ella. Pero si yo estaba sorprendido, de seguro mi tío lo estaba mucho más, de momento al igual que mis amigos no creo que me haya reconocido, pero al finalmente darse cuenta de quien yo era, se me acercó observándome de pies a cabeza, mientras que yo trataba de organizar mis ideas para explicar lo inexplicable.
Fue cuando lo escuché decirme, no sé qué es lo que has estado haciendo fuera de la casa, ni me interesa, pero si no quieres que tus padres se enteren, vas a tener que comenzar a mamármelo ahora mismo. El escuchar sus palabras y la manera imperativa en que me las dijo, lejos de incomodarme me agradaron mucho, hasta esos momentos la relación entre mi tío y yo había sido realmente muy superficiales, pero el sentirme sometido a su voluntad, me enloqueció de verdad, por lo que sin demora me arrodille frente a él y de la manera más sensual que pude comencé a extraer su verga del pantalón, con mis propios dedos. A medida que comencé a lamer su verga, me di cuenta de que disfrutaba todo eso, y no era a consecuencia de la marihuana que había fumado o de las varias cervezas que me había tomado, simplemente me agradaba lo que estaba haciendo y como me estaba tratando.
Cuando dejé de lamer su verga para comenzar a chupársela, se me ocurrió que si era muy complaciente con mi tío, eso era lo único que iba a suceder, por lo que después de estar mamando su verga por unos instantes, retiré su verga de mi boca negándome a seguir mamándosela. Su reacción fue inmediata, y cuando apenas le dije que no me lo fuera a meter, gruñendo más que hablando, me tomó por el brazo y me tiró sobre mi propia cama, en la que caí boca abajo. De inmediato mi tío actuando como un salvaje, prácticamente me arrancó las pantis negras, separó mis piernas, mientras que yo simulaba un poco que no quería que me hiciera eso. Así que en cosa de segundos sentí como introducía su miembro entre mis nalgas, por lo que de inmediato comencé a mover mi culo de un lado a otro, a medida que mi tío me tomaba por las caderas, y empujaba una y otra vez su verga dentro de mi cuerpo.
Por el resto del fin de semana, fui la hembra de mi tío, quien cuando regresaron mis padres, permaneció en completo silencio sobre mi particular forma de divertirme. Desde esa fecha muchas vergas han pasado por entre mis nalgas, y mi boca, pero siempre, siempre cada vez que lo he hecho ha sido vestido de mujer.
A medida que seguía observando el video, continuaba pajeándome, pero de momento veo que la tremenda rubia se pone en cuatro y el negro dirige su inmensa verga a las nalgas de ella. Pero cual no fue mi sorpresa al ver que la rubia resultó ser otro hombre, con senos y todo, pero con tremenda verga entre sus piernas también. Lo cierto que el video me dejó loco, tan excitado que a los pocos segundos de ver todo, eso me vine. Pero eso no terminó ahí como normalmente me sucedía, desde ese momento no dejaba de pensar en lo que había visto, y como me había excitado. Cada vez que tenía oportunidad volvía a ver ese video una y otra vez, entonces me di cuenta que ya no pensaba en tener una verga como la del condenado negro, sino que empecé a preguntarme que se sentiría ser la rubia que estaba bajo él. Con el pasar de los meses, comencé en parte a satisfacer mi curiosidad, primero de cómo me vería yo si fuera una chica, por lo que comencé sustraer algunas prendas de mis hermanas, y en secreto me las ponía y modelaba frente al espejo del baño. Para luego de una forma u otra terminar haciéndome tremenda paja mientras miraba y acariciaba mis propias nalgas viendo mi reflejo en el espejo. Esa misma curiosidad mía, me llevó a comenzar a experimentar, como se sentía el tener una verga introducida entre mis nalgas. Por lo que al principio fueron cosas como pequeñas, como zanahorias embadurnadas en vaselina, las que después de usarlas las votaba, pero muy rápidamente comencé a ser uso de objetos de mayor tamaño y envergadura, como pepinos y otros artículos de mayor tamaño, a los que le podía echar mano. Al tiempo que continuaba ya no tan solo poniéndome, alguna que otra prenda intima de mis hermanas, sino que no me conformaba hasta que no vestía completamente de mujer. Claro que todo eso lo hacía en el más absoluto secreto, era casi como vivir dos vidas, por una parte continuaba siendo Daniel, mientras que por otra me llamaba a mi mismo Daniela, ni mis mejores amigos sospechaban mis particulares gustos.
Yo ocasionalmente con los ojos entre cerrados, para que nadie se diera cuenta de que era lo que estaba viendo realmente, observaba los miembros de todos. Algunos en parte me daban risa, por lo pequeños o cortos que eran, pero había unos cuantos que la verdad es que no tenían nada que envidiarle a nadie. Pero como ya les dije, me controlaba bastante bien, hasta que uno de los chicos trajo por primera vez al grupo, un cigarrillito de marihuana. La que probamos por curiosidad esa primera vez y la verdad es que, como al resto del grupo me gustó, por cómo me hacía sentir, pero siempre controlándome. Con el tiempo el fumar marihuana y ver revistas porno y masturbarnos era algo normal entre nuestro grupo.
Un día uno de los chicos, de nombre Cesar, de unos 20 años, blanco algo gordito y rubio, después de fumarse un buen tabaco de marihuana comenzó a comportar bien raro, por no decir que afeminado. La cosa es que su manera de moverse y de tratar de imitar a una mujer, fue nada más que el comienzo, al poco rato, a pedido de otro de los chicos Cesar comenzó por quitarse toda la ropa, y después de eso dejó que le tocasen las nalgas por todos los que nos encontrábamos en la vieja casa que nos servía de escondite. Cesar terminó dejando que más de uno de los chicos, le dieran salvajemente por el culo, y desde ese día se convirtió en la nena del grupo, lo mismo mamaba, que nos hacía la paja y hasta le daba el culo a quienes así se lo pidieran, sin vergüenza alguna, cosa que a mí nunca me llamó la atención, pero únicamente hacía todo eso cuando fumaba marihuana, el resto del tiempo se comportaba igual que el resto de nosotros.
Cuando estaba yo por cumplir mis 20 años, en el fondo envidiaba a Cesar, deseaba hacer las cosas que él hacía, pero al mismo tiempo me daba miedo de lo que fueran a decir mis amigos. Pero un día en que mis padres salieron de fin de semana con mis hermanas, y que a mí me dejaron en casa con un tío que se encontraba de visita, aproveché y me después de que supuestamente me había acostado, me escapé por la ventana, llegué a nuestro sitio de reunión, donde ya se encontraba tres de mis amigos fumando y hablando de sexo, y sin perder tiempo me puse a fumar, pero a diferencia de otras ocasiones creo que se me fue la mano, ya que agarré una nota tremenda. En la que de momento se me ocurrió regresar a mi casa, y decidido a ponerme algunas de las prendas de mis hermanas. Solo que en casa estaba mi tío, por lo que decidí, sacar de mi casa un bulto con algunas de las prenda y ponérmelas a solas en el escondite después de que mis amigos se retirasen.
Cuando ya estaba de regreso con el bulto, la nota comenzó a bajarme, y la idea de vestirme de mujer ya no me pareció tan buena. Pero apenas llegué a nuestro escondite, no tan solo los tres amigos míos que estaban, me recibieron con otro tabaco de marihuana, sino que para completar uno de los chicos se había robado una caja de cerveza de su casa, las que de inmediato comenzamos a tomar, sin ni siquiera enfriarlas. En cosa de pocos minutos, los cuatro aparte de la marihuana que estábamos fumando ya nos habíamos bebido cada uno por lo menos un par de botellas de cerveza. Fue cuando Paco uno de mis amigos, sacó una de las viejas revistas porno las que a medida que la ojeaba, comentaba las fotos con nosotros, diciendo si yo fuera ese tipo no perdería el tiempo chupándole las tetas a esa chica.
De momento en medio de la nota que disfrutaba, la idea de vestirme de mujer para sorprender a mis amigos, me pareció la mejor idea del mundo, así que con la excusa de ir a orinar, fui al patio trasero de la casa abandonada donde nos reuníamos, y en un dos por tres me he desnudado completamente y de inmediato me puse las prendas de mis hermanas, unas pantis negras que se me encajaban entre las nalgas, el sostén del mismo color de mi hermana mayor que era de copa pequeña y una mini falda bien corta a cuadros tipo escocesa, que era de mi hermanita menor, además me puse una blusita blanca semitransparente de mi hermana mayor, además de unas sandalias doradas de mi mamá, que ella ya no usaba. Al terminar de vestirme, me alboroté el cabello, y mientras me daba otro trago de cerveza regresé donde estaban mis amigos.
Cuando me vieron así vestido, al principio se asustaron, ya que no me reconocieron de inmediato, pero al darse cuenta de quien yo era se han puesto a reír como locos, mientras Domingo prendían otro tabaco de marihuana. Por un buen rato los cuatro continuamos bebiendo cerveza y fumando, yo me divertía de lo lindo tratando de comportarme como una chica, mientras que ellos tres me decían lo linda que me veía, me preguntaron mi nombre y les respondí que Daniela, luego continuaron preguntándome cosas así por el estilo, como si tratasen de conquistarme, hasta que Domingo, me dijo que deseaba bailar conmigo, los otros dos se quedaron callados por un momento, pero luego comenzaron a pedirme que bailase con Domingo. La idea en si me gustó, y sin perder tiempo, dejé que mi amigo me tomase entre sus brazos y me condujera mientras bailábamos al tiempo que Paco y el otro, hacían como si tocasen algún instrumento.
A los pocos segundos sentí una de las manos de Domingo acariciando descaradamente mis nalgas, las que apretaba sabrosamente con ambas manos, al tiempo que me pegaba contra su cuerpo, y yo podía sentir contra la parte baja de mi estomago su caliente y dura verga por debajo de la tela de su pantalón. Fue cuando al principio me dijo al oído que deseaba meterme su verga por el culo. Yo en medio de todo me hice el sorprendido o mejor dicho la sorprendida. Pero Domingo continuó pidiéndome descaradamente que le diera el culo, ya no en secreto sino que a toda voz frente a Paco y Jesús, los que al escucharlo, de la misma manera que me pidieron que bailase con Domingo, comenzaron a pedirme que les diera el culo.
En medio de todo yo estaba que no cabía de la alegría, finalmente probaría no una sino tres vergas de verdad, verdad. Sin decir palabra medio me separé del cuerpo de Domingo, y aun entre sus brazos me coloqué de espaldas a él, e inclinándome un poco hacia adelante. En cosa de segundos, él me levantó la pequeña falda y bajó las pantis negras, dejando mis blancas nalgas a su entera disposición.
Me incliné un poco más ligeramente hacia el frente mientras que Domingo después de haber sacado su verga, comenzó a dirigirla al centro de mis nalgas, hasta ese instante no se la había visto tan de cerca, y cuando lo hice me sorprendió, el verla tan grande. Sentí sus dedos mojados con su propia saliva acariciando mi esfínter, y en ese instante, no sé por qué me entró un miedo tremendo, estaba a punto de decirle que no continuase cuando comencé a sentir su caliente y dura verga enterrándose entre mis nalgas.
A diferencia de cuando yo me introducía algún objeto por el culo, que lo embadurnaba de vaselina, el sentir ese grueso pedazo de carne cruda penetrándome el culo, hizo que se me saltaran las lágrimas, mientras me quejaba por el dolor sentido. Domingo me tomó por las caderas y apretándome con fuerza contra su cuerpo, introdujo casi de un solo golpe toda su verga dentro de mis nalgas, por lo que dejé escapar un ahogado grito de dolor. Por una parte quería que me lo sacase de inmediato, pero por otra el sentirme entre sus brazos, con toda su verga dentro de mí y el recuerdo de aquel video donde el negro se lo metía a la rubia y la cara de satisfacción de ella, me hicieron aguantarme.
A los pocos minutos ya mi culo se había acostumbrado a la verga de mi amigo, el dolor fue dando paso al placer de sentirme penetrado. Lentamente aun algo adolorido comencé a mover mis caderas, mientras que Paco y Jesús nos observaban detenidamente, fue cuando se me ocurrió quedarme viendo el bulto que se le había formado a Jesús, y nada más bastó que se lo señalase con mi boca, para que él de inmediato sacara su verga del pantalón y la colocase frente a mi boca. Mientras que Paco por no quedarse atrás también sacó la suya, y la colocó cerca de una de mis manos.
En cosa de pocos segundos ya me encontraba, sintiéndome el ser más feliz del universo y a la vez haciendo feliz a mis tres amigos, Domingo no dejaba de meter y sacar toda su gran verga de mi apretado culito, al tiempo que me decía. Daniela tienes unas lindas y sabrosas nalgas, mejores que las del maricón de Cesar. Cosa que me hacía sentir más orgullosa, mientras que con mi boca procuraba hacer que Jesús, disfrutase de una buena mamada, y a Paco le manipulaba su verga con mi mano.
No sé cuánto tiempo pasamos así, pero las cosas que me decían me excitaban más todavía, cosas como. Daniela tienes un culo bien caliente, que sabroso mamas putita y cosas así por el estilo. El primero en venirse lo fue Jesús, que a medida que lo fue haciendo, quizás por la misma nota y borrachera que yo tenía en ese momento, en lugar de escupir su semen fuera de mi boca me lo he tragado completamente, y continúe chupándoselo hasta que Jesús ya no aguantaba las ganas de reír que le producía. Una vez que Jesús terminó, su lugar fue ocupado inmediatamente por Paco, al que apenas se lo comencé a mamar, se vino rápidamente, y al igual que me pasó con Jesús también terminé por tragarme toda su leche. A todas estas Domingo no dejaba de meter y sacar sabrosamente toda su verga de mi culo, hasta que en cierto momento me apretó con bastante fuerza todo mi cuerpo, y se quedó quieto.
Cuando los tres terminaron conmigo, me quedé acostado boca abajo sobre el piso de la casa, con mis piernas y nalgas bien abiertas, aunque algo adoloridas. Los tres se fueron retirando uno a uno, sin decir palabra, como cuando se lo metían a Cesar. Por lo que yo en medio de mi nota no me preocupé por lo que fueran a decir, por un buen rato estuve así tirado en el piso, cuando finalmente me levanté, agarré una botella de cerveza que encontré a mi lado y que alguno de los chicos había dejado sin tomar y me fui a buscar mi ropa en el patio trasero, y justo en ese instante me dieron unas fuertes ganas de expulsar lo que tenía en mis intestinos, por lo que me agaché y después de pujar ligeramente, salió todo lo que Domingo había dejado dentro de mí y quizás algo más. Lo que me pareció bien gracioso, por lo que en medio de mi nota después de limpiarme con un viejo periódico, creo que sin pensarlo mucho me volví a poner las pantis negras de mi hermana, recogí mi ropa y en lugar de cambiarme, la metí dentro de mi bulto y vestido de chica me encaminé a mi casa. Caminaba de lo más feliz, en medio de la noche, recordando todo lo que me había sucedido, después de haber pasado por la mejor experiencia de mi vida, cuando al llegar hasta mi casa, mientras me colaba por la ventana de mi habitación, justo en ese instante mi tío prendió la luz de mi habitación. De la sorpresa que me llevé, creo que se me fue la nota y la borrachera con ella. Pero si yo estaba sorprendido, de seguro mi tío lo estaba mucho más, de momento al igual que mis amigos no creo que me haya reconocido, pero al finalmente darse cuenta de quien yo era, se me acercó observándome de pies a cabeza, mientras que yo trataba de organizar mis ideas para explicar lo inexplicable.
Fue cuando lo escuché decirme, no sé qué es lo que has estado haciendo fuera de la casa, ni me interesa, pero si no quieres que tus padres se enteren, vas a tener que comenzar a mamármelo ahora mismo. El escuchar sus palabras y la manera imperativa en que me las dijo, lejos de incomodarme me agradaron mucho, hasta esos momentos la relación entre mi tío y yo había sido realmente muy superficiales, pero el sentirme sometido a su voluntad, me enloqueció de verdad, por lo que sin demora me arrodille frente a él y de la manera más sensual que pude comencé a extraer su verga del pantalón, con mis propios dedos. A medida que comencé a lamer su verga, me di cuenta de que disfrutaba todo eso, y no era a consecuencia de la marihuana que había fumado o de las varias cervezas que me había tomado, simplemente me agradaba lo que estaba haciendo y como me estaba tratando.
Cuando dejé de lamer su verga para comenzar a chupársela, se me ocurrió que si era muy complaciente con mi tío, eso era lo único que iba a suceder, por lo que después de estar mamando su verga por unos instantes, retiré su verga de mi boca negándome a seguir mamándosela. Su reacción fue inmediata, y cuando apenas le dije que no me lo fuera a meter, gruñendo más que hablando, me tomó por el brazo y me tiró sobre mi propia cama, en la que caí boca abajo. De inmediato mi tío actuando como un salvaje, prácticamente me arrancó las pantis negras, separó mis piernas, mientras que yo simulaba un poco que no quería que me hiciera eso. Así que en cosa de segundos sentí como introducía su miembro entre mis nalgas, por lo que de inmediato comencé a mover mi culo de un lado a otro, a medida que mi tío me tomaba por las caderas, y empujaba una y otra vez su verga dentro de mi cuerpo.
Por el resto del fin de semana, fui la hembra de mi tío, quien cuando regresaron mis padres, permaneció en completo silencio sobre mi particular forma de divertirme. Desde esa fecha muchas vergas han pasado por entre mis nalgas, y mi boca, pero siempre, siempre cada vez que lo he hecho ha sido vestido de mujer.
