Antes de contarles otra de mis historias, quiero agradecer los mensajes que he recibido a raíz de los relatos que publiqué en el sitio, no pensé que compartir mis experiencias me brindara la oportunidad de conocer a otras personas, muchas gracias.

La historia que les voy a compartir la viví cuando cursaba el último año de Preparatoria, la cual estudié en la Vocacional de Guadalajara, hace ya algunos años.

El caso es que hacia esa época yo tenía por completo satisfechas mis necesidades de sexo, pues en casa vivía con nosotros mi primo Nacho, un hermoso hombre con quien cogía todos los días, realmente era (es) un amante maravilloso, que con sus 24 años (yo tenía 18) era una fuente inagotable de placer, que estaba a mi completa disposición y con quien yo me entretenía a plenitud.

Además estaba Joaquín, un amigo a quien yo conocía desde la primaria y con quien me reunía dos o tres veces por semana, un semental de miedo, uno de los pocos hombres que me dejaba completamente derrengado cuando así se lo proponía (tiene una hermosa verga, que bien podía estar parada casi una hora, sin dejar de bombear, pues Joaquín tiene la gran virtud de controlarse, de tal manera que te puede dar placer una y otra vez, hasta que quedas rendido), a veces José Manuel, otro de mis grandes amigos (yo le digo de manera cariñosa “Negro”, porque está muy moreno) de manera ocasional me hablaba por teléfono y nos encontrábamos en algún lugar, donde cogíamos de lo lindo, José Manuel no tiene una verga muy grande (alrededor de 17 centímetros), pero es uno de los hombres más tiernos que se puedan imaginar, además de que es en extremo caballeroso y detallista, alegre, deportista nato, en extremo limpio, en fin tiene muchas cualidades que hacen de él un amigo ideal, al igual que Joaquín.

Por si fuera poco, no pocas veces, tuve experiencias con diversos compañeros y conocidos (a veces incluso, con desconocidos), así que mi primera juventud fue generosa conmigo en cuanto a la oportunidad de disfrutar a plenitud de una gran cantidad de vergas que me brindaron placer a raudales.

Sin embargo la historia que les voy a comentar es muy especial, pues me involucró con un compañero de la escuela y con su padre, esa ha sido la única vez que he tenido sexo con padre e hijo y en realidad fue una situación que recuerdo con mucho agrado.

El caso es que cuando entré al quinto semestre de la prepa, conocí a Heriberto, un muchacho serio, estudioso, muy tranquilo, de 19 años, que poco a poco se acercó a mí en la medida en que le explicaba conceptos de matemáticas, que a veces el no podía comprender fácilmente, así que con el tiempo llegamos a ser excelentes compañeros, el vivía solo en un pequeño departamento que su padre le pagaba y que se encontraba cerca de la escuela, en algunas ocasiones yo llegaba por él y nos íbamos juntos a estudiar, a veces nos veíamos a la salida para realizar algunas tareas, siempre que hacíamos trabajo nos sentábamos juntos en una mesita que estaba en el comedor, así que yo podía aspirar el perfume que traía puesto o simplemente percibir su aliento (que siempre era muy limpio), algo que me excitaba sobremanera es cuando estábamos con short, pues nuestras piernas permanecían juntas, el tiene mucho vello, así que sentía contra mis piernas, sus pelos duros, en una sensación muy placentera y excitante, ustedes sin duda la han vivido.

Sin embargo nuestros encuentros no pasaban de reuniones entre compañeros para trabajar juntos, aún cuando en algunas ocasiones yo percibía un brillo especial en sus ojos, o bien que cuando lo miraba de pronto, el tenía su mirada fija sobre mi e incluso en ocasiones se dejaba entrever entre la ropa el contorno de su verga, aunque él era muy cuidadoso y siempre me trataba con mucho respeto.

Sólo había una cosa que me extrañó con el paso del tiempo, a veces cuando le hablaba de mi familia, él se ponía tris
te, sobre todo cuando platicaba de mi madre, sin embargo él nunca me comentó el motivo, ni yo quise presionarlo, hasta que un día al llegar a su departamento lo encontré muy deprimido, casi borracho, con muchas ganas de platicar y de que alguien lo escuchara, así que me senté a la mesa y el comenzó a contarme una historia que nos puso muy tristes.

Sucede que cuando él tenía 12 años, iba al rancho donde vivía, en el municipio de Encarnación de Díaz, en Jalisco, en compañía de sus padres, procedentes de Aguascalientes, en una camioneta, cuando de pronto se atravesó una vaca en el camino y chocaron, muriendo en el acto su mamá y quedando muy mal herido Heriberto (estuvo casi un año en recuperación y rehabilitación), saliendo ileso su padre, quien casi se vuelve loco ante la tragedia, desde entonces Beto había crecido sin el amor de su mamá a pesar de que su padre había hecho todo lo posible por apoyarlo en todo, así como sus dos hermanos mayores, que ya estaban casados cuando conocí a Heriberto.


Su papá, si bien se había recuperado emocionalmente no había vuelto a casarse, así que vivía, atendido por sus hijos y nueras en el rancho de donde eran originarios y Heriberto iba a visitarlo algunos fines de semana o en vacaciones.

El caso es que Heriberto estaba casi borracho y habíamos quedado de ir con unos compañeros a una convivencia así que lo invité a arreglarse, el se dirigió al baño y se tropezó (después caí en la cuenta, que salvo la historia, todo lo demás fue plan con maña) cayendo al suelo, entre gritos y groserías, él me dijo que no podía mantenerse en pie, así que lo ayudé a levantarse, como pude lo senté en la cama, donde el se recostó, le quité los tenis y calcetines, le saqué la playera, viendo por vez su primera su hermoso torso, cubierto de una espesa mata de pelos negros con dos de los pezones más hermosos que se puedan imaginar, cuando quedó en pantalones, me detuve pues entre las piernas se le notaba un tremendo bulto que prometía una verga generosa, le aflojé el cinturón y los botones me causaron un poco de problema, pues la erección me dejaba poco espacio de maniobra, como pude lo desabotoné y el poco a poco empezó a quitarse el pantalón, hasta que quedó completamente desnudo, pues no traía ropa interior, pudiendo admirar en todo su esplendor el cuerpo extraordinario de un hombre que había crecido en un rancho en medio del trabajo rudo.

El caso es que a continuación él se levantó, sin ninguna dificultad y comenzó a desnudarme poco a poco, recorriendo con sus dedos toda la extensión de mi cuerpo, después nos introducimos a la ducha donde ambos nos bañamos mutuamente, con gran delicadeza, poniendo especial atención en aquellas partes que a continuación iban a entrar en acción.

Regresamos a la habitación donde nos fundimos en un enorme abrazo, Heriberto es muy fuerte así que sin ninguna dificultad pudo cargarme depositándome con gran delicadeza en la cama donde comenzó a besarme con pasión, mientras que yo tomaba entre mis manos la enorme verga que él, ponía a mi disposición con total entrega. Le pedí que se recostara y comencé a acariciarlo por todo el cuerpo, besando con admiración su hermoso cuerpo, al tomar la verga entre mis labios el no pudo contenerse más y explotó en mi boca, en un chorro inagotable de semen que me llenó por completo y que pude tragarme no sin cierta dificultad.

Él comenzó a gemir y a introducirme su verga en la boca, yo como pude le seguí el ritmo chupando con deleite hasta la última gota de semen, mientras escuchaba como gemía de placer. Cuando quedó satisfecho se me quedó viendo como pidiéndome una disculpa por lo breve que había sido todo, pero con la promesa de lo que venía a continuación. Heriberto me comentó que tenía mucho tiempo aguantándose, sin masturbarse, pues se estaba esperando ese momento, que desde ya hacía mucho tiempo tenía ganas de coger conmigo, pero que por vergüenza no me lo había pedido, hasta que se armó de valor con las cervezas, yo desde luego, me reí de su temor, sin embargo le exigí más, cosa que el me cumplió generosamente.

A continuación él comenzó a recorrer mi cuerpo, con crema comenzó a darme un masaje por todas partes,
cuando llegó a mi culo, con suma delicadeza introdujo un dedo, mientras yo, fuera de mí comencé de nuevo a chuparle la verga y a acariciar sus huevos, que curiosamente, estaban casi lampiños, la verga desde luego estaba de nuevo en posición de firmes y orgullosa apuntaba hacia el techo, mientras yo con deleite la acariciaba y chupaba una y otra vez, originando unos gritos de gozo en Heriberto, mientras él se entretenía en preparar a mi culo para recibir el tremendo palo (mayor de 20 centímetros y bastante grueso), hasta que sin poder aguantarse más, me puso de espaldas en la cama, levantó mis piernas y las pasó sobre sus hombros y dirigió su enorme verga a la entrada de mi pequeño culo y sin preámbulos la enterró casi por completo.

Yo desde luego me había preparado mentalmente para recibir tremendo pedazo de verga, sin embargo su embestida me dejó sin aliento, como pude me recuperé y comencé a seguir su ritmo, que comenzó muy lento, de pronto se aceleraba, para pausarlo a continuación, mientras gruesas gotas de sudor le corrían por la frente y yo con las manos le apretaba los huevos, cosa que lo ponía más frenético.

De pronto sus embestidas se hicieron más aceleradas yo estaba por completo excitado, comencé a masturbarme cuando sentí que el estaba a punto de venirse, cuando de pronto, casi al mismo tiempo ambos explotamos, mientras jadeábamos en medio del mayor placer. El caso es que Heriberto no me sacó la verga del culo, sino que me acomodó de lado y comenzó a moverse, mientras me besaba en la boca, dándome las gracias por el culo generoso que le estaba brindando, puedo decirles que el poder de recuperación de Heriberto en ese momento fue fantástico pues pasó muy poco tiempo hasta que sentí de nuevo su verga completamente parada dentro de mi culo, desde su segunda venida.



A partir de ese momento ensayó varias posiciones conmigo, observé que lo complacía particularmente que lo hiciéramos de pie, yo desde luego complací sus exigencias, siendo generosos ambos, esa primera tarde fue agradable estar entre los brazos de Heriberto, disfrutando de su hermosa verga, así como las caricias, que debo decir eran bastante tiernas a pesar de sus enormes y callosas manos. Cuando quedamos rendidos nos bañamos de nuevo y nos dirigimos a la convivencia con nuestros compañeros, llegando a la misma algo tarde, pero igual nos divertimos, bailando con nuestras amigas, regresando posteriormente a nuestras casas.

A partir de allí, de manera regular por las tardes nos reuníamos para hacer la tarea y disfrutar de la hermosa y generosa verga de Heriberto, hasta que en una ocasión cuando llegamos a su departamento nos encontramos con la sorpresa agradable de que se encontraba de visita su padre. Don Heriberto (los dos se llaman igual) me saludó de manera cariñosa, me contó que su hijo le hablaba mucho de mí, y me agradeció lo mucho que había hecho por él, procediendo a invitarme a visitarlos al rancho, cosa que acepté, quedando de acuerdo en las siguientes vacaciones.

Para Semana Santa, acompañé a Heriberto al rancho donde vivía, fui recibido de manera calurosa por toda su familia, quienes se encargarían de que mi estancia fuera agradable. En la casa familiar sólo estábamos los tres, Beto, su papá y yo, debo decirles que don Heriberto, cuando lo conocí, era un hombre de 42 años, en plenitud, vigoroso, muy fuerte, curtido por el sol, atractivo y muy atento. El caso es que el primer día Heriberto y yo estábamos acariciándonos, en una recámara, pensando que estábamos solos en casa, cuando percibí que por la puerta, que se encontraba entreabierta nos observaba su padre, quien sin decir nada se retiró dejándonos solos.

Desde luego yo me puse nervioso, pensando en el problema que pudiera surgir, sin embargo en la noche cuando cenamos juntos, don Heriberto me siguió atendiendo con total cordialidad, sin dar a entender que nos había observado. Esa noche cuando cogí con Heriberto, no dejaba de pensar en su padre, pues tenía su imagen muy clavada en mi mente, en los días siguientes la situación siguió igual, en ningún momento, don Heriberto dio a entender que estaba enterado de la relación que sostenía con su hijo, hasta que el sábado siguiente a mi llegada hubo una reunión familiar, en la cual Heriberto tomó demasiado, hasta quedar completamente borracho, en la noche cuando lo trasladamos a casa, entre su pad
re y yo lo desnudamos y lo metimos a la cama, el ni cuenta se dio.

Después don Heriberto y yo nos fuimos a platicar a la cocina, sentándonos frente a frente, él sin despegar la vista de mí comenzó a agradecer todo lo que había ayudado a su hijo, me comentó que Beto había sufrido mucho por la muerte de su madre, pero desde que me había conocido lo veía más optimista y alegre. La plática derivó hacia diversos temas, en algún momento don Heriberto me comentó que lo más difícil de ser viudo era la soledad, el acostarte y levantarte y que la cama esté vacía, de pronto me tomó una mano y comenzó a acariciarla, yo me puse un poco nervioso, y excitado a la vez, pues la situación era nueva para mí, hasta ese momento mis relaciones habían sido por lo general con personas de mi edad o no muy grandes, pero recibir las atenciones de un hombre maduro era algo nuevo para mí.

Don Heriberto se puso de pie y se sentó junto a mi, al hacerlo pude notar la enorme erección que pugnaba por desgarrar su pantalón, después comenzó lentamente a acariciarme la espalda, mientras que de una manera suave comenzó a besarme en la boca, la sensación de su bigote y barba me excitó sobre manera, así que olvidando todo prejuicio me entregué sin reservas a sus caricias. A continuación nos dirigimos a su habitación, donde procedió a desnudarme con mucho cuidado y lentitud, cuando me tuvo completamente desnudo se quedó de pie observándome con cuidado y satisfacción, yo comencé a moverme para que él viera mi cuerpo desde todos sus ángulos, sin apartar mi mirada del tremendo bulto que se mostraba desafiante en la entrepierna de don Heriberto.

A continuación el procedió a desnudarse, con lentitud y no sin cierta sensualidad, su torso al igual que el de su hijo estaba cubierto por una mata de pelo negro, al igual que su espalda, yo impaciente esperaba el premio mayor y de pronto este se mostró dejándome sin aliento, pues lo que orgullosamente me exhibió don Heriberto era una enorme, gruesa y hermosa verga, como de 25 centímetros, cubierta de venas que le otorgaban un carácter salvaje. Yo desde luego hice lo único que podía hacer en ese momento, me hinqué ante tal monumento y con mucho cuidado lo comencé a acariciar con las manos, al igual que los dos soberanos huevos que orgullosos se mostraban ante mis ojos maravillados, a continuación dirigí con respeto mis labios a la cabeza de la enorme verga y con delicadez comencé a lamer, percibiendo un sabor muy especial en el glande, un poco salado, pero que contribuyó a aumentar mi excitación.

Quienes estén leyendo este relato quizá entiendan lo que voy a decirles, en ese momento era un joven bonito, esbelto, de aspecto frágil, no afeminado, que acababa de cumplir 18 años (hoy tengo 35), en exceso promiscuo, mi vida sexual había sido extremadamente activa, en mi record pocos días habían quedado fuera de coger, incluso varias veces, había participado en varias orgías, donde incluso yo había sido el único culo, había conocido hasta entonces una gran cantidad de vergas, de todo tipo y tamaño, algunas incluso más grandes (medí una de 31 centímetros de un jugador de básquetbol de la UdeG, con quien cogí unas cuantas veces, la primera vez, después de un partido, aunque debo decirles que estaba bastante delgada), pero en ese momento me encontraba con un hombre en plenitud que no había tenido sexo en mucho tiempo y que era todo un experto.

A veces puedes tener a tu disposición a un joven garañón (como mi primo Ignacio, quien fácilmente me podía coger varias veces seguidas) o un semental (como el jugador de básquet con su enorme miembro, que por lo general sólo tenía una bala en el cargador y a quien le costaba mucho trabajo hacer que todo su miembro gigantesco se parara, desde luego no toda la extensión lograba entrar en mi culo, algunas veces cogimos ¿cogimos? con un miembro medio fláccido), pero un experto, sólo unas pocas veces lo he tenido.

El hecho es que don Heriberto permitió que jugara con su verga unos minutos, chupando a placer el enorme instrumento que se ofrecía a mis ojos, cuando consideró que había sido suficiente, me acostó suavemente en la cama y con extrema dulzura me comenzó a acariciar por todo el cuerpo, cuando me besó sentí algo muy hermoso, he recibido muchos besos, pero
los besos que recibí de don Heriberto fueron distintos, eran besos cargados de deseo, amor, sensualidad, en fin, besos de experto que me transportaron a la gloria.

A continuación comenzó a acariciar mi cuerpo con sus enormes y callosas manos, no dejó nada si revisar cuidadosamente, mientras me decía palabras cariñosas...

- ¡Qué hermoso eres mi niño! 

Yo desde luego estaba en éxtasis, don Heriberto me besó con pasión, mientras yo acariciaba su cuerpo, poniendo atención en su verga, que palpitaba salvaje entre mis manos, a la vez que dirigía mis manos al culo, que desesperado esperaba la atención del extraordinario amante que estaba a mi completa disposición.

Un amante joven tiene músculos hermosos, elásticos, carnosos, pero acariciar el cuerpo de un hombre maduro formado en el trabajo es algo distinto, el cuerpo que tenía a mi alcance era de hierro, firme, sin rastro de grasa, con un olor salvaje, no sé explicarles las sensaciones que experimentaba, pero eran algo nuevo para mí. En algún momento don Heriberto me puso boca abajo en la cama, mientras el se encimaba sobre mi y me cubría con su cuerpo, sin dejar de besarme en la boca me abrió las piernas y poco a poco comenzó a masajearme el culo con un dedo ensalivado, mientras yo completamente fuera de mí le pedía, entre gemidos que me cogiera, a lo que él respondía:

-Todo a su tiempo, mi niñito, todo a su tiempo

De pronto me levantó las nalgas y él hincándose dirigió su enorme miembro al orificio de mi culo y procedió a la tarea de metérmelo poco a poco, mientras ambos jadeábamos de placer, cuando la tarea estuvo concluida, comenzó a bombear de una manera tierna, pausada, tranquila, sin apresuramientos, mientras con sus manos acariciaba mi cuerpo, poniendo atención en mi verga y testículos, cosa que me puso frenético, gritando de placer, hasta que me contuve, pues temí que mis gritos despertaran a Heriberto o a sus hermanos cuyas casas no quedaban lejos de donde nos encontrábamos.

 

El caso es que don Heriberto, no paraba de meterme y sacarme la verga, por un tiempo que me pareció eterno (otra de las ventajas de tener a un experto) hasta que explotó dejando caer su cuerpo sobre el mío, cayendo en éxtasis, mientras repetía sin cesar:

-¡Gracias mi niño!

Yo pude respirar sin dejar de dirigir mis manos al culo recibiendo los rastros de una fuente inagotable de semen que había explotado en mi culo y chupándolas con fruición y deleite.

Antes de que don Heriberto pudiera recuperar el aliento dirigí mi boca a sus huevos y verga chupando con deleite los rastros de la cogida, cosa que lo puso frenético, no tardando en pararse su verga de nuevo diciéndome a gritos que ya estaba dispuesto a otra cogida.

Yo desde luego no desaproveché de tragarme la verga, con cariño le pedí a don Heriberto que se acostara boca arriba, cosa que el atendió, cuando lo tuve así comencé a besarlo por todo el cuerpo comenzando en la boca, hasta que nos quedamos sin respiración, después recorrí todo el cuerpo desde la frente hasta los dedos del pie (¿han notado lo excitante que es chupar los pies limpios de un hombre?), regresándome a la verga, la que poco a poco fui introduciendo en mi boca (tengo una maravillosa garganta profunda, fruto de las experiencias con mi primo Ignacio) así que, no sin dificultad pude tragarme toda la enorme extensión de la verga de don Heriberto, quien gimiendo de placer sólo atinaba a decir:

-¡Así mi niño, así!

Pronto estuve chupando con fervor la tremenda tranca que estaba a mi disposición hasta que don Heriberto, sin aguantarse más se vació en mi boca, que como si tuviera vida propia se tragó casi en su totalidad la enorme cantidad de mecos que se volcaron sobre la misma, mientras don Heriberto jadeaba sin poder controlarse agarrándose con fuerza de los barrotes de la cama.

A continuación mientras don Heriberto seguía acostado boca arriba, yo me recosté sobre él y comenzamos a besarnos de nuevo, sin dejar de jugar con su miembro y huevos, mientras el seguía repitiendo...

-¡Gracias, mi niño!

Al paso de unos minutos, la hermosa tranca volvió por sus fueros y cobró vida de nuevo, yo no permití que don Heriberto cambiara de posición, así es que como estábamos, abrí las piernas, separé las nalgas y poco a poco fui acomodando mi culo contra la c
abeza y con mucho cuidado al sentarme, fui introduciéndome, para poco a poco, levantarme y quedar ensartado sin dejar de mirar a don Heriberto, quien sorprendido, sólo atinó a sonreír, mientras yo lo comenzaba a montar como si fuera un potro, mientras él me tomaba la cabeza por momentos y me plantaba unos besos que nos dejaban sin aliento.

Estuve montándolo a placer, hasta que él haciendo fuerza se sentó y sin despegar su cuerpo del mío, me fue colocando de espaldas y sin dejar de mirarme me enterró la verga hasta el fondo, mientras yo sentía como sus huevos chocaban contra mis nalgas y la cama se cimbrara por el movimiento de ambos. El ritmo siguió unos minutos más hasta que sin poder contenernos, don Heriberto bombeando y yo tratando de masturbarme, explotamos, cayendo rendidos uno sobre el otro, mientras nuestros jadeos se confundían en uno sólo.

A continuación procedimos a limpiar con nuestras bocas todo el rastro que había quedado en nuestros cuerpos, quedando acostados juntos comenzando a platicar de varios temas relacionados con su hijo, nuestros estudios y aspiraciones.

En un momento dado don Heriberto salió de la cama y salió a mirar a su hijo, quien no había despertado y dormía plácidamente su borrachera, en un momento dado dejé solo a don Heriberto y regresé con su hijo, quien a la mañana siguiente se disculpó con todos por su borrachera.
Estuvimos unos cuantos días más en el rancho, no volví a tener experiencias con don Heriberto, después de regresamos a Guadalajara, Beto y yo volvimos a nuestras rutinas, mientras estudiábamos y coincidíamos en algunas clases, cada que podíamos nos dábamos unas cuantas escapadas y gozábamos de lo lindo.

Hasta que un día don Heriberto llegó de nuevo a visitarnos, en algún momento me pasó un papel, en el que me pedía nos reuniéramos, cosa que hicimos varias veces (esas son otras historias). Con el tiempo Heriberto y yo nos separamos, él regresó al rancho y al paso de los años no lo volví a ver.

P.D.
Hasta donde sé los dos Heribertos se fueron a los Estados Unidos, en algunas ocasiones, el hijo me habla por teléfono o me envía tarjetas en fechas especiales, hace muchos años que no lo veo, su padre volvió a casarse y hasta donde sé es feliz, se lo merecen ambos.



Antes de contarles otra de mis historias, quiero agradecer los mensajes que he recibido a raíz de los relatos que publiqué en el sitio, no pensé que compartir mis experiencias me brindara la oportunidad de conocer a otras personas, muchas gracias.

La historia que les voy a compartir la viví cuando cursaba el último año de Preparatoria, la cual estudié en la Vocacional de Guadalajara, hace ya algunos años.

El caso es que hacia esa época yo tenía por completo satisfechas mis necesidades de sexo, pues en casa vivía con nosotros mi primo Nacho, un hermoso hombre con quien cogía todos los días, realmente era (es) un amante maravilloso, que con sus 24 años (yo tenía 18) era una fuente inagotable de placer, que estaba a mi completa disposición y con quien yo me entretenía a plenitud.

Además estaba Joaquín, un amigo a quien yo conocía desde la primaria y con quien me reunía dos o tres veces por semana, un semental de miedo, uno de los pocos hombres que me dejaba completamente derrengado cuando así se lo proponía (tiene una hermosa verga, que bien podía estar parada casi una hora, sin dejar de bombear, pues Joaquín tiene la gran virtud de controlarse, de tal manera que te puede dar placer una y otra vez, hasta que quedas rendido), a veces José Manuel, otro de mis grandes amigos (yo le digo de manera cariñosa “Negro”, porque está muy moreno) de manera ocasional me hablaba por teléfono y nos encontrábamos en algún lugar, donde cogíamos de lo lindo, José Manuel no tiene una verga muy grande (alrededor de 17 centímetros), pero es uno de los hombres más tiernos que se puedan imaginar, además de que es en extremo caballeroso y detallista, alegre, deportista nato, en extremo limpio, en fin tiene muchas cualidades que hacen de él un amigo ideal, al igual que Joaquín.

Por si fuera poco, no pocas veces, tuve experiencias con diversos compañeros y conocidos (a veces incluso, con desconocidos), así que mi primera juventud fue generosa conmigo en cuanto a la oportunidad de disfrutar a plenitud de una gran cantidad de vergas que me brindaron placer a raudales.

Sin embargo la historia que les voy a comentar es muy especial, pues me involucró con un compañero de la escuela y con su padre, esa ha sido la única vez que he tenido sexo con padre e hijo y en realidad fue una situación que recuerdo con mucho agrado.

El caso es que cuando entré al quinto semestre de la prepa, conocí a Heriberto, un muchacho serio, estudioso, muy tranquilo, de 19 años, que poco a poco se acercó a mí en la medida en que le explicaba conceptos de matemáticas, que a veces el no podía comprender fácilmente, así que con el tiempo llegamos a ser excelentes compañeros, el vivía solo en un pequeño departamento que su padre le pagaba y que se encontraba cerca de la escuela, en algunas ocasiones yo llegaba por él y nos íbamos juntos a estudiar, a veces nos veíamos a la salida para realizar algunas tareas, siempre que hacíamos trabajo nos sentábamos juntos en una mesita que estaba en el comedor, así que yo podía aspirar el perfume que traía puesto o simplemente percibir su aliento (que siempre era muy limpio), algo que me excitaba sobremanera es cuando estábamos con short, pues nuestras piernas permanecían juntas, el tiene mucho vello, así que sentía contra mis piernas, sus pelos duros, en una sensación muy placentera y excitante, ustedes sin duda la han vivido.

Sin embargo nuestros encuentros no pasaban de reuniones entre compañeros para trabajar juntos, aún cuando en algunas ocasiones yo percibía un brillo especial en sus ojos, o bien que cuando lo miraba de pronto, el tenía su mirada fija sobre mi e incluso en ocasiones se dejaba entrever entre la ropa el contorno de su verga, aunque él era muy cuidadoso y siempre me trataba con mucho respeto.

Sólo había una cosa que me extrañó con el paso del tiempo, a veces cuando le hablaba de mi familia, él se ponía tris
te, sobre todo cuando platicaba de mi madre, sin embargo él nunca me comentó el motivo, ni yo quise presionarlo, hasta que un día al llegar a su departamento lo encontré muy deprimido, casi borracho, con muchas ganas de platicar y de que alguien lo escuchara, así que me senté a la mesa y el comenzó a contarme una historia que nos puso muy tristes.

Sucede que cuando él tenía 12 años, iba al rancho donde vivía, en el municipio de Encarnación de Díaz, en Jalisco, en compañía de sus padres, procedentes de Aguascalientes, en una camioneta, cuando de pronto se atravesó una vaca en el camino y chocaron, muriendo en el acto su mamá y quedando muy mal herido Heriberto (estuvo casi un año en recuperación y rehabilitación), saliendo ileso su padre, quien casi se vuelve loco ante la tragedia, desde entonces Beto había crecido sin el amor de su mamá a pesar de que su padre había hecho todo lo posible por apoyarlo en todo, así como sus dos hermanos mayores, que ya estaban casados cuando conocí a Heriberto.


Su papá, si bien se había recuperado emocionalmente no había vuelto a casarse, así que vivía, atendido por sus hijos y nueras en el rancho de donde eran originarios y Heriberto iba a visitarlo algunos fines de semana o en vacaciones.

El caso es que Heriberto estaba casi borracho y habíamos quedado de ir con unos compañeros a una convivencia así que lo invité a arreglarse, el se dirigió al baño y se tropezó (después caí en la cuenta, que salvo la historia, todo lo demás fue plan con maña) cayendo al suelo, entre gritos y groserías, él me dijo que no podía mantenerse en pie, así que lo ayudé a levantarse, como pude lo senté en la cama, donde el se recostó, le quité los tenis y calcetines, le saqué la playera, viendo por vez su primera su hermoso torso, cubierto de una espesa mata de pelos negros con dos de los pezones más hermosos que se puedan imaginar, cuando quedó en pantalones, me detuve pues entre las piernas se le notaba un tremendo bulto que prometía una verga generosa, le aflojé el cinturón y los botones me causaron un poco de problema, pues la erección me dejaba poco espacio de maniobra, como pude lo desabotoné y el poco a poco empezó a quitarse el pantalón, hasta que quedó completamente desnudo, pues no traía ropa interior, pudiendo admirar en todo su esplendor el cuerpo extraordinario de un hombre que había crecido en un rancho en medio del trabajo rudo.

El caso es que a continuación él se levantó, sin ninguna dificultad y comenzó a desnudarme poco a poco, recorriendo con sus dedos toda la extensión de mi cuerpo, después nos introducimos a la ducha donde ambos nos bañamos mutuamente, con gran delicadeza, poniendo especial atención en aquellas partes que a continuación iban a entrar en acción.

Regresamos a la habitación donde nos fundimos en un enorme abrazo, Heriberto es muy fuerte así que sin ninguna dificultad pudo cargarme depositándome con gran delicadeza en la cama donde comenzó a besarme con pasión, mientras que yo tomaba entre mis manos la enorme verga que él, ponía a mi disposición con total entrega. Le pedí que se recostara y comencé a acariciarlo por todo el cuerpo, besando con admiración su hermoso cuerpo, al tomar la verga entre mis labios el no pudo contenerse más y explotó en mi boca, en un chorro inagotable de semen que me llenó por completo y que pude tragarme no sin cierta dificultad.

Él comenzó a gemir y a introducirme su verga en la boca, yo como pude le seguí el ritmo chupando con deleite hasta la última gota de semen, mientras escuchaba como gemía de placer. Cuando quedó satisfecho se me quedó viendo como pidiéndome una disculpa por lo breve que había sido todo, pero con la promesa de lo que venía a continuación. Heriberto me comentó que tenía mucho tiempo aguantándose, sin masturbarse, pues se estaba esperando ese momento, que desde ya hacía mucho tiempo tenía ganas de coger conmigo, pero que por vergüenza no me lo había pedido, hasta que se armó de valor con las cervezas, yo desde luego, me reí de su temor, sin embargo le exigí más, cosa que el me cumplió generosamente.

A continuación él comenzó a recorrer mi cuerpo, con crema comenzó a darme un masaje por todas partes,
cuando llegó a mi culo, con suma delicadeza introdujo un dedo, mientras yo, fuera de mí comencé de nuevo a chuparle la verga y a acariciar sus huevos, que curiosamente, estaban casi lampiños, la verga desde luego estaba de nuevo en posición de firmes y orgullosa apuntaba hacia el techo, mientras yo con deleite la acariciaba y chupaba una y otra vez, originando unos gritos de gozo en Heriberto, mientras él se entretenía en preparar a mi culo para recibir el tremendo palo (mayor de 20 centímetros y bastante grueso), hasta que sin poder aguantarse más, me puso de espaldas en la cama, levantó mis piernas y las pasó sobre sus hombros y dirigió su enorme verga a la entrada de mi pequeño culo y sin preámbulos la enterró casi por completo.

Yo desde luego me había preparado mentalmente para recibir tremendo pedazo de verga, sin embargo su embestida me dejó sin aliento, como pude me recuperé y comencé a seguir su ritmo, que comenzó muy lento, de pronto se aceleraba, para pausarlo a continuación, mientras gruesas gotas de sudor le corrían por la frente y yo con las manos le apretaba los huevos, cosa que lo ponía más frenético.

De pronto sus embestidas se hicieron más aceleradas yo estaba por completo excitado, comencé a masturbarme cuando sentí que el estaba a punto de venirse, cuando de pronto, casi al mismo tiempo ambos explotamos, mientras jadeábamos en medio del mayor placer. El caso es que Heriberto no me sacó la verga del culo, sino que me acomodó de lado y comenzó a moverse, mientras me besaba en la boca, dándome las gracias por el culo generoso que le estaba brindando, puedo decirles que el poder de recuperación de Heriberto en ese momento fue fantástico pues pasó muy poco tiempo hasta que sentí de nuevo su verga completamente parada dentro de mi culo, desde su segunda venida.



A partir de ese momento ensayó varias posiciones conmigo, observé que lo complacía particularmente que lo hiciéramos de pie, yo desde luego complací sus exigencias, siendo generosos ambos, esa primera tarde fue agradable estar entre los brazos de Heriberto, disfrutando de su hermosa verga, así como las caricias, que debo decir eran bastante tiernas a pesar de sus enormes y callosas manos. Cuando quedamos rendidos nos bañamos de nuevo y nos dirigimos a la convivencia con nuestros compañeros, llegando a la misma algo tarde, pero igual nos divertimos, bailando con nuestras amigas, regresando posteriormente a nuestras casas.

A partir de allí, de manera regular por las tardes nos reuníamos para hacer la tarea y disfrutar de la hermosa y generosa verga de Heriberto, hasta que en una ocasión cuando llegamos a su departamento nos encontramos con la sorpresa agradable de que se encontraba de visita su padre. Don Heriberto (los dos se llaman igual) me saludó de manera cariñosa, me contó que su hijo le hablaba mucho de mí, y me agradeció lo mucho que había hecho por él, procediendo a invitarme a visitarlos al rancho, cosa que acepté, quedando de acuerdo en las siguientes vacaciones.

Para Semana Santa, acompañé a Heriberto al rancho donde vivía, fui recibido de manera calurosa por toda su familia, quienes se encargarían de que mi estancia fuera agradable. En la casa familiar sólo estábamos los tres, Beto, su papá y yo, debo decirles que don Heriberto, cuando lo conocí, era un hombre de 42 años, en plenitud, vigoroso, muy fuerte, curtido por el sol, atractivo y muy atento. El caso es que el primer día Heriberto y yo estábamos acariciándonos, en una recámara, pensando que estábamos solos en casa, cuando percibí que por la puerta, que se encontraba entreabierta nos observaba su padre, quien sin decir nada se retiró dejándonos solos.

Desde luego yo me puse nervioso, pensando en el problema que pudiera surgir, sin embargo en la noche cuando cenamos juntos, don Heriberto me siguió atendiendo con total cordialidad, sin dar a entender que nos había observado. Esa noche cuando cogí con Heriberto, no dejaba de pensar en su padre, pues tenía su imagen muy clavada en mi mente, en los días siguientes la situación siguió igual, en ningún momento, don Heriberto dio a entender que estaba enterado de la relación que sostenía con su hijo, hasta que el sábado siguiente a mi llegada hubo una reunión familiar, en la cual Heriberto tomó demasiado, hasta quedar completamente borracho, en la noche cuando lo trasladamos a casa, entre su pad
re y yo lo desnudamos y lo metimos a la cama, el ni cuenta se dio.

Después don Heriberto y yo nos fuimos a platicar a la cocina, sentándonos frente a frente, él sin despegar la vista de mí comenzó a agradecer todo lo que había ayudado a su hijo, me comentó que Beto había sufrido mucho por la muerte de su madre, pero desde que me había conocido lo veía más optimista y alegre. La plática derivó hacia diversos temas, en algún momento don Heriberto me comentó que lo más difícil de ser viudo era la soledad, el acostarte y levantarte y que la cama esté vacía, de pronto me tomó una mano y comenzó a acariciarla, yo me puse un poco nervioso, y excitado a la vez, pues la situación era nueva para mí, hasta ese momento mis relaciones habían sido por lo general con personas de mi edad o no muy grandes, pero recibir las atenciones de un hombre maduro era algo nuevo para mí.

Don Heriberto se puso de pie y se sentó junto a mi, al hacerlo pude notar la enorme erección que pugnaba por desgarrar su pantalón, después comenzó lentamente a acariciarme la espalda, mientras que de una manera suave comenzó a besarme en la boca, la sensación de su bigote y barba me excitó sobre manera, así que olvidando todo prejuicio me entregué sin reservas a sus caricias. A continuación nos dirigimos a su habitación, donde procedió a desnudarme con mucho cuidado y lentitud, cuando me tuvo completamente desnudo se quedó de pie observándome con cuidado y satisfacción, yo comencé a moverme para que él viera mi cuerpo desde todos sus ángulos, sin apartar mi mirada del tremendo bulto que se mostraba desafiante en la entrepierna de don Heriberto.

A continuación el procedió a desnudarse, con lentitud y no sin cierta sensualidad, su torso al igual que el de su hijo estaba cubierto por una mata de pelo negro, al igual que su espalda, yo impaciente esperaba el premio mayor y de pronto este se mostró dejándome sin aliento, pues lo que orgullosamente me exhibió don Heriberto era una enorme, gruesa y hermosa verga, como de 25 centímetros, cubierta de venas que le otorgaban un carácter salvaje. Yo desde luego hice lo único que podía hacer en ese momento, me hinqué ante tal monumento y con mucho cuidado lo comencé a acariciar con las manos, al igual que los dos soberanos huevos que orgullosos se mostraban ante mis ojos maravillados, a continuación dirigí con respeto mis labios a la cabeza de la enorme verga y con delicadez comencé a lamer, percibiendo un sabor muy especial en el glande, un poco salado, pero que contribuyó a aumentar mi excitación.

Quienes estén leyendo este relato quizá entiendan lo que voy a decirles, en ese momento era un joven bonito, esbelto, de aspecto frágil, no afeminado, que acababa de cumplir 18 años (hoy tengo 35), en exceso promiscuo, mi vida sexual había sido extremadamente activa, en mi record pocos días habían quedado fuera de coger, incluso varias veces, había participado en varias orgías, donde incluso yo había sido el único culo, había conocido hasta entonces una gran cantidad de vergas, de todo tipo y tamaño, algunas incluso más grandes (medí una de 31 centímetros de un jugador de básquetbol de la UdeG, con quien cogí unas cuantas veces, la primera vez, después de un partido, aunque debo decirles que estaba bastante delgada), pero en ese momento me encontraba con un hombre en plenitud que no había tenido sexo en mucho tiempo y que era todo un experto.

A veces puedes tener a tu disposición a un joven garañón (como mi primo Ignacio, quien fácilmente me podía coger varias veces seguidas) o un semental (como el jugador de básquet con su enorme miembro, que por lo general sólo tenía una bala en el cargador y a quien le costaba mucho trabajo hacer que todo su miembro gigantesco se parara, desde luego no toda la extensión lograba entrar en mi culo, algunas veces cogimos ¿cogimos? con un miembro medio fláccido), pero un experto, sólo unas pocas veces lo he tenido.

El hecho es que don Heriberto permitió que jugara con su verga unos minutos, chupando a placer el enorme instrumento que se ofrecía a mis ojos, cuando consideró que había sido suficiente, me acostó suavemente en la cama y con extrema dulzura me comenzó a acariciar por todo el cuerpo, cuando me besó sentí algo muy hermoso, he recibido muchos besos, pero
los besos que recibí de don Heriberto fueron distintos, eran besos cargados de deseo, amor, sensualidad, en fin, besos de experto que me transportaron a la gloria.

A continuación comenzó a acariciar mi cuerpo con sus enormes y callosas manos, no dejó nada si revisar cuidadosamente, mientras me decía palabras cariñosas...

- ¡Qué hermoso eres mi niño! 

Yo desde luego estaba en éxtasis, don Heriberto me besó con pasión, mientras yo acariciaba su cuerpo, poniendo atención en su verga, que palpitaba salvaje entre mis manos, a la vez que dirigía mis manos al culo, que desesperado esperaba la atención del extraordinario amante que estaba a mi completa disposición.

Un amante joven tiene músculos hermosos, elásticos, carnosos, pero acariciar el cuerpo de un hombre maduro formado en el trabajo es algo distinto, el cuerpo que tenía a mi alcance era de hierro, firme, sin rastro de grasa, con un olor salvaje, no sé explicarles las sensaciones que experimentaba, pero eran algo nuevo para mí. En algún momento don Heriberto me puso boca abajo en la cama, mientras el se encimaba sobre mi y me cubría con su cuerpo, sin dejar de besarme en la boca me abrió las piernas y poco a poco comenzó a masajearme el culo con un dedo ensalivado, mientras yo completamente fuera de mí le pedía, entre gemidos que me cogiera, a lo que él respondía:

-Todo a su tiempo, mi niñito, todo a su tiempo

De pronto me levantó las nalgas y él hincándose dirigió su enorme miembro al orificio de mi culo y procedió a la tarea de metérmelo poco a poco, mientras ambos jadeábamos de placer, cuando la tarea estuvo concluida, comenzó a bombear de una manera tierna, pausada, tranquila, sin apresuramientos, mientras con sus manos acariciaba mi cuerpo, poniendo atención en mi verga y testículos, cosa que me puso frenético, gritando de placer, hasta que me contuve, pues temí que mis gritos despertaran a Heriberto o a sus hermanos cuyas casas no quedaban lejos de donde nos encontrábamos.

 

El caso es que don Heriberto, no paraba de meterme y sacarme la verga, por un tiempo que me pareció eterno (otra de las ventajas de tener a un experto) hasta que explotó dejando caer su cuerpo sobre el mío, cayendo en éxtasis, mientras repetía sin cesar:

-¡Gracias mi niño!

Yo pude respirar sin dejar de dirigir mis manos al culo recibiendo los rastros de una fuente inagotable de semen que había explotado en mi culo y chupándolas con fruición y deleite.

Antes de que don Heriberto pudiera recuperar el aliento dirigí mi boca a sus huevos y verga chupando con deleite los rastros de la cogida, cosa que lo puso frenético, no tardando en pararse su verga de nuevo diciéndome a gritos que ya estaba dispuesto a otra cogida.

Yo desde luego no desaproveché de tragarme la verga, con cariño le pedí a don Heriberto que se acostara boca arriba, cosa que el atendió, cuando lo tuve así comencé a besarlo por todo el cuerpo comenzando en la boca, hasta que nos quedamos sin respiración, después recorrí todo el cuerpo desde la frente hasta los dedos del pie (¿han notado lo excitante que es chupar los pies limpios de un hombre?), regresándome a la verga, la que poco a poco fui introduciendo en mi boca (tengo una maravillosa garganta profunda, fruto de las experiencias con mi primo Ignacio) así que, no sin dificultad pude tragarme toda la enorme extensión de la verga de don Heriberto, quien gimiendo de placer sólo atinaba a decir:

-¡Así mi niño, así!

Pronto estuve chupando con fervor la tremenda tranca que estaba a mi disposición hasta que don Heriberto, sin aguantarse más se vació en mi boca, que como si tuviera vida propia se tragó casi en su totalidad la enorme cantidad de mecos que se volcaron sobre la misma, mientras don Heriberto jadeaba sin poder controlarse agarrándose con fuerza de los barrotes de la cama.

A continuación mientras don Heriberto seguía acostado boca arriba, yo me recosté sobre él y comenzamos a besarnos de nuevo, sin dejar de jugar con su miembro y huevos, mientras el seguía repitiendo...

-¡Gracias, mi niño!

Al paso de unos minutos, la hermosa tranca volvió por sus fueros y cobró vida de nuevo, yo no permití que don Heriberto cambiara de posición, así es que como estábamos, abrí las piernas, separé las nalgas y poco a poco fui acomodando mi culo contra la c
abeza y con mucho cuidado al sentarme, fui introduciéndome, para poco a poco, levantarme y quedar ensartado sin dejar de mirar a don Heriberto, quien sorprendido, sólo atinó a sonreír, mientras yo lo comenzaba a montar como si fuera un potro, mientras él me tomaba la cabeza por momentos y me plantaba unos besos que nos dejaban sin aliento.

Estuve montándolo a placer, hasta que él haciendo fuerza se sentó y sin despegar su cuerpo del mío, me fue colocando de espaldas y sin dejar de mirarme me enterró la verga hasta el fondo, mientras yo sentía como sus huevos chocaban contra mis nalgas y la cama se cimbrara por el movimiento de ambos. El ritmo siguió unos minutos más hasta que sin poder contenernos, don Heriberto bombeando y yo tratando de masturbarme, explotamos, cayendo rendidos uno sobre el otro, mientras nuestros jadeos se confundían en uno sólo.

A continuación procedimos a limpiar con nuestras bocas todo el rastro que había quedado en nuestros cuerpos, quedando acostados juntos comenzando a platicar de varios temas relacionados con su hijo, nuestros estudios y aspiraciones.

En un momento dado don Heriberto salió de la cama y salió a mirar a su hijo, quien no había despertado y dormía plácidamente su borrachera, en un momento dado dejé solo a don Heriberto y regresé con su hijo, quien a la mañana siguiente se disculpó con todos por su borrachera.
Estuvimos unos cuantos días más en el rancho, no volví a tener experiencias con don Heriberto, después de regresamos a Guadalajara, Beto y yo volvimos a nuestras rutinas, mientras estudiábamos y coincidíamos en algunas clases, cada que podíamos nos dábamos unas cuantas escapadas y gozábamos de lo lindo.

Hasta que un día don Heriberto llegó de nuevo a visitarnos, en algún momento me pasó un papel, en el que me pedía nos reuniéramos, cosa que hicimos varias veces (esas son otras historias). Con el tiempo Heriberto y yo nos separamos, él regresó al rancho y al paso de los años no lo volví a ver.

P.D.
Hasta donde sé los dos Heribertos se fueron a los Estados Unidos, en algunas ocasiones, el hijo me habla por teléfono o me envía tarjetas en fechas especiales, hace muchos años que no lo veo, su padre volvió a casarse y hasta donde sé es feliz, se lo merecen ambos.