La Historia: No se la razón científica pero a un servidor, los costeños jarochos me ponen a mil por hora… tal vez sea lo moreno de su piel, tal vez lo mal hablados que son… tal vez la lujuria de verlos sin camisa caminando por la playa o solamente el saber que son de “tierra caliente”… el hecho es que siempre que he tenido la oportunidad de ligar con un buen jarochito, la cogida ha sido memorable… Hace apenas un par de semanas tuve que ir a la Ciudad de Poza Rica, situada al norte del Estado de Veracruz… los motivos del viaje eran razones de trabajo, pero nunca está demás extender mi estancia por un par de días más con la finalidad de conocer la zona… el Estado de Veracruz es rico en bellezas naturales, gastronomía y en el calor de su gente… una vez que me desocupé de las cuestiones laborales, no podía dejar pasar la oportunidad de conocer la zona del Tajín y la zona arqueológica… regresé a pasar la noche a la Ciudad de Tuxpan… el cuarto que me asignaron tenía una bella vista hacia el río… me senté en la ventana a mirar como salían y entraban las pequeñas embarcaciones de pescadores… me cambié de ropa y decidí caminar por el centro de la Ciudad para encontrar algún restaurante típico en donde poder cenar… La Historia: No se la razón científica pero a un servidor, los costeños jarochos me ponen a mil por hora… tal vez sea lo moreno de su piel, tal vez lo mal hablados que son… tal vez la lujuria de verlos sin camisa caminando por la playa o solamente el saber que son de “tierra caliente”… el hecho es que siempre que he tenido la oportunidad de ligar con un buen jarochito, la cogida ha sido memorable… Hace apenas un par de semanas tuve que ir a la Ciudad de Poza Rica, situada al norte del Estado de Veracruz… los motivos del viaje eran razones de trabajo, pero nunca está demás extender mi estancia por un par de días más con la finalidad de conocer la zona… el Estado de Veracruz es rico en bellezas naturales, gastronomía y en el calor de su gente… una vez que me desocupé de las cuestiones laborales, no podía dejar pasar la oportunidad de conocer la zona del Tajín y la zona arqueológica… regresé a pasar la noche a la Ciudad de Tuxpan… el cuarto que me asignaron tenía una bella vista hacia el río… me senté en la ventana a mirar como salían y entraban las pequeñas embarcaciones de pescadores… me cambié de ropa y decidí caminar por el centro de la Ciudad para encontrar algún restaurante típico en donde poder cenar…
“Preguntando se llega a Roma”, dice el viejo refrán… caminé por zócalo (plaza principal) de la ciudad… era un viernes por la noche, así que la plaza estaba llena… familias paseaban… muchos vendedores ambulantes… artesanías, globeros, lustradores de calzado y hasta un mimo hacía las delicias de los lugareños… logré encontrar un rico restaurante en donde cené antojitos típicos de la zona, un café negro bien cargado y una nieve de zapote… me senté a una mesa exterior con vista al zócalo… mi mente evocó a mi estresante Ciudad de México… ¿cuándo he tenido tiempo de sentarme a tomar un café con la única finalidad de mirar a la gente pasar?... es algo impensable en la Ciudad de México en donde el stress, la inseguridad, el tráfico y la vida glamorosa y agitada nos han secuestrado los momentos de gozar de los placeres más elementales… como disfruté de aquella cena… oía la algarabía de la gente… grupos de jóvenes sentados alrededor de la fuente dedicados solamente a platicar… vendedores de helados agitaban las campanitas de sus carritos… no cabe duda que la provincia mexicana tiene un encanto especial… para los chilangos de corazón como un servidor es precisamente “otro mundo”... el tiempo pasaba y poco a poco la plaza se fue despejando… no era muy tarde, tal vez las 9:30 de la noche… uno de los policías que resguardaban la plaza había acaparado mi vista… era un tipo grandote, muy moreno, mulato, de complexión robusta por no decir algo relleno sin ser gordo, alto (tal vez más de 1.85 metros) y rondaba los 30 años de edad… manos grandes, nalgas grandes…
Vestía una camisa blanca y pantalones azules ajustados a sus negras botas con sus agujetas largas a medio tobillo… su cara redonda con unos ojos muy expresivos, su cabello negro y cortado de casquete corto… me acerqué al Policía y comencé a platicar con él… le pedí que me platicara sobre las tradiciones del lugar, su comida y sus atractivos naturales… el policía resultó ser un extraordinario conversador… hubo un detalle que me llamó la atención… uno de sus dientes incisivos superiores tenía un marco de metal, lo que le daba al mencionado policía un aire machín… cabrón… maloso… cuando me habló de las delicias culinarias de la zona, comentó que uno de sus platillos preferidos eran los camarones a la talla… yo lo miré y con una sonrisa pícara le pregunté que si también le gustaba la tallada de camarón… el policía me miró firmemente por unos segundos, sonrió, dejando ver un lucero de su diente plateado… me dijo en tono muy directo y machista “ese platillo solo se los preparo a los turistas blanquitos y putitos”… al terminar dicha frase sonrió dejándome ver aquella pícara sonrisa con el diente metálico brillando en toda su extensión… yo me sentí aludido… el policía sabía perfectamente lo que yo pretendía con mis miradas… seguimos platicando… aquel policía era casado y vivía a unas cuantas cuadras del centro de la Ciudad… terminaba su turno a las 10:00 de la noche… me platicó que generalmente caminaba hasta su casa… ¿y si algún amigo te invita a tomarte algunas cervecitas, que haces?, repliqué… el policía me dijo que entonces llamaba a su casa diciendo que llegaría más tarde… no, no había problema con su mujer… ¿y si yo te invito a tomarte unas cervezas a mi hotel?... el policía me miró y me dijo en tono serio pero con una sonrisa pícara a flor de labios…
Lo interrumpí cuando comenzaba a abrir la boca… me gustaría seguir conversando contigo, aclaré… el policía sonrió y con un movimiento de cabeza aceptó… se acomodó la verga por encima de su pantalón… solamente tendría que esperar a que él saliera de su turno… a partir de las 10:00 podíamos ir a tomarnos las cervezas… yo todavía replique en tono jocoso “voy a llevar lápiz y papel para que me des la receta de los camarones a la talla… o tal vez de la tallada de camarón”… el policía me miró y sonrió nuevamente… los años no pasan en balde… su edad y su origen costeño le hacían entender perfectamente lo que yo buscaba y le ofrecía… abrió la boca y me dijo con una amplia sonrisa en la boca… “te voy a dar la receta pero espero que este camarón no te provoque dolor de estómago”… se acomodó de nuevo la verga por encima de sus pantalones azules y ajustados… yo sonreí y él también lo hizo… miré sus entrepierna y noté como su verga había crecido… se notaba un bulto de buen tamaño en dicha zona… el policía se la acomodó de nueva cuenta… ambos seguimos platicando más cachondamente… me platicó que le encantaba romper culitos… “eran sus preferidos”… le gustaba lo apretadito y calentito que están... le gustaba romper cada uno de los pliegues con su verga… varios putitos de la ciudad se le habían insinuado pero él prefería no caer ante la tentación… no quería que alguien se fuera a enterar… que lo anduvieran buscando por ahí… prefería entonces a los turistas… en varias ocasiones se le habían insinuado algunos turistas, especialmente extranjeros… se los había cogido bien rico… así no había problema de chismes… claro está que siempre lo había hecho con protección… tenía experiencia… no mucha pero si alguna experiencia al respecto… no había recibido queja alguna…
Como antes lo mencioné, el policía era un gran platicador… era evidente que también se sentía a gusto con mi plática… me preguntó sobre mis gustos y fantasías sexuales y también me platicó las suyas… constantemente se acomodaba la verga por encima de sus pantalones al grado que le propuse ya no hablar más sobre el “asunto” ya que no quería que alguien que pasara lo viera o notara lo “paraguas” que estaba y fuera a hacerse algún chisme de pueblo…
Llegadas las 10:00, el policía se despidió de mí y me pidió que lo esperara unos quince minutos… me quedé en el parque que cada vez se quedaba más solitario… pasados unos veinte minutos regresó el poli y me saludó con una amplia sonrisa en la boca… traía puestos los mismos pantalones azules ajustados y una camiseta blanca… por encima de la camiseta, una chamarra amarilla que lo resguardaba del frío… me preguntó ¿quieres la receta?... yo lo miré y ambos sonreímos… caminamos hacia el hotel por una calle bastante transitada… fue una caminata de unas siete cuadras pero lejos de cansarme, me revitalizó… a unos metros de la llegada al hotel, el policía me preguntó el cuarto en el que yo estaba… pidió que yo entrara solo y que él llegaría en unos minutos… entendí perfectamente lo que él pretendía… no quería que el personal del hotel pudiera relacionarlo con un hombre… así lo hice, entré al hotel y subí a mi cuarto como cualquier turista lo haría…
Entré a mi cuarto y enseguida me quité los zapatos, me senté en la cama y prendí la televisión para ver el noticiero y pasé al cuarto de baño para lavarme los dientes… me recosté en la cama y pasados unos cinco minutos oí el toc, toc de la puerta… me levanté a abrir y era efectivamente el policía… entró al cuarto y se sentó en la cama… yo me recosté junto a él… me preguntó por las cervezas que nos tomaríamos… yo le dije que me dijera lo que quisiera para pedirlo al restaurante del hotel… el policía movió la cabeza negativamente… se apretó la verga por encima de sus pantalones y se levantó al baño… oí claramente como el policía comenzó a tirar su espumoso tepache al inodoro… no había cerrado la puerta… yo me asomé mientras orinaba… el policía me vió por el rabito del ojo y me dijo que pronto terminaría… me acerqué a él y pude apreciar como de su morena y gruesa verga salía un fuerte chorro de líquido amarillo que bañaba las blancas paredes de porcelana del WC … acerqué mi mano derecha a aquella verga… el policía soltó su mano y dejó que ahora mi mano fuera la que guiara la meada… su verga se sentía deliciosa al tacto… gruesa… pulsante… sus riñones descansaron… fue casi medio litro de jugo de piña… espumoso… las últimas gotas salieron de aquella prieta verga… le dí un par de ligeros jaloncitos… el policía sopló… ¿te gusta?, me preguntó… yo le dije que esas eran mis verga preferidas, morenas y muy gruesas… “y eso que no está encabronada”, me dijo en tono soberbio… en la punta de la verga quedó colgando una última gota de tepache… le dí otro jaloncito y aquella gotita cayó al inodoro… el policía jaló el WC… yo solté aquella verga que se quedó fuera de los pantalones…
Pronto aquella cabezota se cubrió por un extenso cuerito… el policía se aprestaba a guardar su verga pero yo le dí una opción mejor… “¿para que la guardas?, mejor deja que te la chupe”…el policía sonrió… salió el cuarto y se sentó en la orilla de la cama… lentamente se quitó las botas y luego el pantalón… se quedó en calzones… unos tradicionales calzones blancos… se quitó igualmente la chamarra y se quedó en la pura camiseta blanca… le quité la camiseta y me dejó ver unos pechos abultados que enmarcaban una pancita cervecera… su cuello grueso al igual que sus hombros… pelo abundante en el pecho y en el estómago… comencé a tocar aquella verga por encima de los blancos calzones… se sentía de un muy buen tamaño… metí la mano por el resorte de los calzones y alcancé una verga suave al tacto, no muy larga pero si muy gruesa… estaba dormida… comencé a chaquetearla y enseguida aquella verga despertó… le bajé los calzones y ante mí apareció una verga semi-erecta, de un grosor más allá de lo normal y de unos 14 o 15 centímetros de largo… como extrañé mi regla para saber a ciencia cierta la medida de aquella verga… bajé el prepucio y apareció ante mí una cabeza morada, brillante y lisa, de muy buen tamaño… no tuve más que decirle “que gruesa verga tienes”… el policía sonrió… me platicó que algunos le habían dicho algo similar… tomé su verga entre mis manos y comencé a chaquetearla… su verga respondió rápidamente…
Aquella verga alcanzó su total erección… “que rica verga tienes”, le dije en tono de alabanza… me levanté de donde estaba, caminé al baño y saqué de mi maletín de aseo personal varias cajas de condones… ¿cuál te gusta?, le pregunté… traía un condón con sabor a plátano y otro a chocolate… aquel policía me miró extrañado ¿me la vas a mamar con condón?, preguntó… contesté en tono afirmativo… me gusta estar seguro, le dije… ¿qué te parece un paletón de chocolate?... el policía sonrió… abrí el condón con sabor a chocolate y lentamente se lo puse… aquella verga se veía imponente… gruesota y cubierta por un condón café… me hinqué ante él poniendo su verga enfrente de mis ojos… tan cerca de mis ojos que seguramente hacían bizco… no pude más y acerqué mi lengua a su cabezota, lamiéndola y haciendo círculos con ella… el policía suspiró… mi lengua lamió toda su verga de arriba abajo… paré un momento para decirle nuevamente "que rica verga tienes cabrón”… el policía me había puesto una mano en la nuca e intentaba que yo me la metiera a la boca, pero por ahora quería disfrutar el lamer su grueso tronco… levanté su verga y me dirigí a sus huevos… comencé a lamerlos, metiéndomelos en la boca y succionando su bolsita… mi lengua jugaba con los pelos que circundaban sus grandes y colgantes huevos… el policía se movió y recostó en la cama dejando que yo siguiera lamiendo sus huevos y luego poco a poco bajé hasta la zona por debajo de sus huevos… el policía suspiró fuertemente de placer… regresé a lamer cada uno de sus peludos huevos y luego a mamar el tronco de aquella verga que se presentaba ante mí… succionaba aquella vergota… mi boca mamaba tan rico instrumento que entraba y salía entre mis labios…
El policía tomaba mi cabeza y me guiaba con sabia maestría… más gemidos escaparon de su boca… yo lamía su verga en todo su contorno… me la metía hasta que su cabezota tocara mis anginas… luego besaba sus huevos y mi lengua jugaba con su dilatado glande… mamé aquella verga por lo menos diez minutos… no de una mamada y chaqueteo intenso, sino saboreando aquel bello y rico cacho de carne… abrí la boca y me lo metí por entero… las comisuras de la boca se abrían al máximo…“que gruesa verga tienes”, le dije… otra vez el policía sonrió ante el cumplido… de repente el policía me pidió bruscamente que parara en seco… “no quería venirse”… le dejé toda ensalivada la verga… que rico chocolatote me estaba cenando… aquella verga morena y gruesa estaba en todo su esplendor con el condón cubierto de mi saliva… aquella verga se perdía en la maraña de pelos púbicos que el policía tenía… después de platicar unos cinco minutos en relación con la mamada que le había dado, el policía me dijo ¿por qué no te sientas en ella y te la clavas?... yo le pedí al policía que me preparara primero… le dije que tenía que jugar un rato con mi culito… así que me puso lubricante en la entrada del culo y me dio unas pequeñas nalgadas para que me “aflojara”… no quiso dedearme ya que prefería que yo “sintiera como su gruesa verga me abría el culo en dos”…
Le cambié el condón por un sico safety y le puse lubricante en la punta de su verga… me senté primero en el abdomen del policía viéndolo a él de frente y luego me puse en cuclillas para que el propio jarocho pudiera acomodar su verga entre mis nalgas… yo era el chofer guía… cuando sentí que la cabezota de su verga tocaba mi ano se lo comuniqué… el policía solo dijo: “ya está… siéntate”… yo me senté lentamente y sentí enseguida como la verga del policía no lograba su cometido… dio dos picotazos fallidos… otra vez me puse en cuclillas y el policía volvió a colocar la punta de su verga justo en la entrada de mi culito… la mantuvo apretada contra mi culo al momento en que yo me senté… mi culo se abrió y dí un grito de dolor… la cabeza de aquella gruesa verga había entrado en mi ser… era una verga muy gruesa... más lo de lo normal… mi culo pulsó… yo me recosté sobre el pecho del policía, quien con sonrisa en la boca me dijo “cabrón, te la tienes que tragar”… dentro de mi culo, la cabeza de la verga del policía me producía un enorme dolor… el culo me ardía y a la vez pulsaba… “ponte flojito”, me dijo… “puja un poco”… así lo hice y enseguida noté como el policía acompañó mi pujido con un empujón de su parte y todo el tronco de su verga entró en mi ser… yo grité pero el policía me abrazó evitando que yo me moviera… me había tragado un buen pedazo de aquella gruesa verga… entonces el policía tocó con su mano mi culo y se percató que, además de estar abierto en todo su esplendor, me había tragado ya la totalidad de su verga de un solo empujón… me dio una pequeña nalgada y me dijo “tranquilo… ya entró toda… ahora gózala”…
Ninguno de los dos nos movimos por espacio de un minuto… me acomodé para sentarme en el estómago del policía… mi culo se estaba acostumbrando a su verga… ¿qué sientes?, le pregunté… el policía me dijo que sentía apretadísimo y muy caliente… nunca había tenido un culo tan apretadito como el mío… siento que me quema… siento que pulsa… se siente bien chingón, decía el policía… ponte flojito y puja de nuevo, me pidió… así lo hice y entonces, en la posición que él estaba. comenzó a mover su cadera de arriba abajo y a meter y sacar lentamente su verga de mi culito… aquel esfínter ya se había acostumbrado a su gruesa verga… comencé a gemir… comencé a disfrutar… el policía me tenía abrazado y no permitía que yo me moviera para sacar a aquel grueso intruso de mi culo… el culo me ardía… sentía una verga dura y caliente dentro de mi ser… una verga que pulsaba… una verga que rompía todo lo que se encontraba en su camino… el dolor inicial de su verga en mi culo se había convertido en absoluto placer… me volví loco… no apreté mi culo… lo relajé… su verga entraba hasta mis intestinos… el policía gemía, me daba pequeñas nalgadas y decía palabras como “ya te la tragaste toda cabrón”… “te la voy a dar chingón”… yo comencé a gemir y soplar…
El policía comenzaba a arremeter contra mi culo con mayor fuerza y velocidad… entre gemidos, gritos y demás ruidos guturales, acompañados por el rechinar de la cama, comenzó a meterla y a sacarla rítmicamente… un escalofrío de placer empezó a recorrerme…. si, aunque me doliera me estaba dando gusto. "asiiiiii, dámela… más adentroooo… daaamela", empecé a rogarle, mientras mi culo se alzaba en busca de cada embestida de su morena y gruesa verga… el dolor había desaparecido y el placer se hacía más y más intenso… el placer era indescriptible… tenía dentro de mi culo una gruesa verga… su dura verga abriéndome el culo de par en par… sentía como me llenaba por entero… como mi ano estaba completamente abierto… mi culo era todo suyo… me volteé para verle la cara… tenía los ojos cerrados, se mordía los labios con los dientes y soplaba… era un animal furioso… la mandíbula apretada… abrió los ojos y sonrió… al oído me dijo ¿no que te dolía cabrón?, me dijo y continuó "te la estás tragando toda… ¿te gusta mi verga?, ¿te gusta que te la meta?, ¿quién te está partiendo el culo?"… al momento en que me dio una nalgada… yo grité y respondí: “tu papi”… “dámela”… “así paaapi… que riiiico…. que riiiico coges paaaapi…”….
Sus movimientos eran salvajes… su verga entraba y salía sin oposición alguna… yo abría mis piernas y le ayudaba con la pelvis para que me penetrara más adentro… sentía el vello de sus muslos rozarme… me abrazó fuertemente… ya no pude más y empecé a gritar de gusto, a retorcerme… mi culo pulsaba…el policía lo notó, me tomó de la cintura y aceleró aún más su embestidas, que se hicieron más brutales, de auténtico animal en celo… yo caía cada vez sobre su verga… me la tragaba toda… entonces comencé a apretar los músculos de mi ano contra la verga del policía… soltó un fuerte gemido y sopló… abrió la boca para decirme "aprieta el culo cabrón… apriétalo… así…. apriétalo rico”… sus movimientos eran apresurados y noté que él también se venía porque se elevaban sus gemidos y respiración… “vente en mi culo”, le supliqué… en ese momento me sentí una auténtica puta viciosa… el policía gimió fuertemente y comenzó a vaciar aquella espesa leche justo dentro de mi culo, claro está que con el condón de por medio…
Sus gemidos seguramente se oían en todo el hotel…"toma cabrón tu leche… aaahhhhhh, oooooohhhhh... toda… mi leche… mi culito recibió aquellos largos y espesos chorros de leche… se estaba vaciando dentro de mi ser… gritaba y gemía sin control…metió su verga hasta lo más profundo de mi ser y ahí la dejó por espacio de unos segundos… gimió… volví a decirte: "dámela toda… toda tu leche… dámela paaapi… que riiiico…. que rica lechita”… entre un gran soplido de placer me dijo “aprieta el culo cabrón…”… así lo hice y entonces soltó un fuerte quejido… le había ordeñado la verga… hasta la última gota de leche le había arrancado… su venida fue sensacional… dejó de moverse y sacó lentamente su verga de mi apretado esfínter… había descargado toda su leche… su verga se veía imponente, completamente cubierta por el lubricado condón, mismo que en la punta guardaba una buena cantidad de leche… mi ano descansó de la cogida que me habían dado… comenzó a pulsar… regresaba lentamente a su lugar… aquella verga perdía erección… le quité el condón… quedó ante mí una verga brillosa… comencé a chaquetear aquella verga para sacarle hasta la última gota del preciado líquido… apreté aquella cabezota… salió por fín aquella gota traicionera… la sensación era sublime… mi culo pulsaba mientras yo terminé de deslechar aquella gruesa verga que había perdido fuerza y se ocultaba en su pellejito, asomando una cabezota morada, brillante y un poco irritada…
Enseguida el policía se recostó sobre la cama, dando un soplo de alivio… se acomodó entre las almohadas, me miró y me dijo “que rico culito tienes”… yo me levanté de donde estaba y fuí al baño a tirar el condón… con la mano izquierda me toqué la entrada del culo… me dolía… afortunadamente ya había regresado a su estado habitual… me ardía… me puse un poco de cremita para evitar la irritación… regresé al cuarto y ahí estaba el moreno policía, viendo la televisión y jugando con su verga entre las manos… me recosté junto a él y nos pusimos a platicar… su sonrisa me atraía… aquel diente de metal iluminaba la habitación… a un jarocho cojelón seguramente que no le bastaba un palito… seguramente quería el doblete, así que comencé a tocar aquella verga que despertó entre mis manos… “que gruesa verga tienes”, le dije… otra vez el policía sonrió ante el cumplido… me acomodé en la cama para que el policía pudiera jugar con mi culito… sus dedos habían separado ya mis nalgas y su dedo índice daba vueltas en la entrada de mi culo…
El policía me dijo “tienes el culito todavía muy lubricadito” y comenzó a meterme el dedo dentro del culo mientras yo seguía jugando con su verga… le puse un condón y luego lo lubrique… el policía sonrió y me dijo ¿la quieres por el culito otra vez?… no habían pasado sino escasos quince minutos de aquella primera venida y el policía estaba listo otra vez… “dámela”, contesté… “ponte a cuatro patas", me ordenó... me subí a la cama y me puse a cuatro patas, con las piernas separadas, ofreciéndole mi culito… se puso detrás de mí… sentí un escalofrío cuando el policía escupió justo en la entrada de mi culo… con su dedo esparció su saliva entre los pliegues… me dio una fuerte nalgada… yo moví las caderas invitándolo a penetrarme… enseguida sentí como otro escupitajo caía sobre los pliegues de mi culo y como un par de dedos jugaban con él, esparciéndolo por toda esa zona… el policía se movió, me agarró de las caderas y acomodó su verga en la entrada de mi culo… presionó un poco y su cabeza entró en mi ser… yo gemí y el policía hizo lo mismo, diciéndome “ponte flojito… puja un poquito”… así lo hice y lentamente toda la verga del policía comenzó a entrar dentro de mi culo… empujaba, haciendo presión contra mi ano, que se cerraba inútilmente… hizo más fuerza y comencé a sentir de nuevo un tenue dolor dentro del culo… pronto aquel dolorcito pasó a ser un placer extremo…
El policía paraba y seguía metiéndome su verga…sentía ardor en el culo… "¿te duele?, me preguntó… yo, mordiendo la almohada le dije que siguiera… el policía presionó aún más y me dio otra fuerte nalgada… “me gusta sentir mi verga en tu apretado culito”… ¿quieres que pare?, me preguntó… yo solté un soplido y le pedí que siguiera metiéndome su gruesa verga… ábreme en dos, le rogaba… el policía hacía sus movimientos cada vez más intensos, al mismo tiempo que yo aprovechaba sus embestidas para moverme en forma circular… mi culo pulsaba cada vez que aquella gruesa verga rozaba mi próstata, haciéndome lanzar gemidos de placer… el placer se hacía cada vez más intenso… el policía arremetió con mayor fuerza sobre mi culo y me decía “te la estoy clavando entera”… yo gemía de gusto… sus gemidos, soplidos y embestidas me indicaban que el policía estaba gozando de mi culo… lo hacía lentamente y luego embestía con fuerza para luego regresar otra vez a aquella placentera lentitud… mi culo estaba totalmente abierto… mis pliegues se habían borrado por completo… el culo me pulsaba, me ardía… el sentir como aquella gruesa verga rozaba con mis intestinos me hacía gritar… que delicioso… que rico sentimiento… aquella verga me volvía loco… el policía sabía perfectamente lo que hacía… lo hacía con sumo gusto y envidiable calma… sacó aquella verga de mi adolorido agujero y me pidió cambiar de posición… ahora me puse boca arriba justo en la orilla de la cama… el policía levantó mis piernas las cuales acomodó entre sus hombros… acercó su gruesa verga a mi apretado agujero y sin decir “agua va” la clavó de un solo golpe… mi culo se abrió y cer
ró casi instantáneamente… solté un gemido de dolor… tenía frente a mí a aquel policía que me partía en dos…
El moreno jarocho gozaba de mi culo… se movía riquísimo, como pocos me lo habían hecho… después de ya unos veinte minutos de mete-saca, el policía comenzó a gemir y bufar… soplaba como un animal en brama… denotaba que estaba pronto a venirse nuevamente… yo le dije en tono firme “en mi cara… vente en mi cara”, le supliqué como una auténtica putita de película porno… aquel policía solamente sonrió y sopló fuertemente… sacó su verga de mi culo, bajó mis piernas de sus hombros y poniendo sus rodillas sobre mis hombros, comenzó a chaqueteársela justo enfrente de mi cara… tenía a escasos centímetros aquella rica verga que completamente enrojecida anunciaba su venida… cerré la boca para no tragar nada de la leche que saldría de un segundo a otro… apreté los labios… quería que el policía me llenara de leche toda la cara… el policía soltó u fuerte grito y dijo “yaaaaaaaaaaa”… enseguida soltó el primer chorro que fue a parar a mi ceja izquierda… luego un segundo lechazo que alcanzó mi ojo derecho y casi me deja tuerto…
El policía gemía fuertemente acompañando cada uno de sus lechazos… se estaba vaciando… toda su leche cayó en mi cara… mi frete y mi nariz quedaron cubiertos de rica lechita… sus gritos se debían de oír en todo el hotel: "toma tu leche… tómala…..”… su venida fué espectacular, me dejo la cara llena de sabroso semen… espesas gotas de calientes mecos resbalaban por mis mejillas… mi ojo derecho me ardía… se pegaban a mi pelo… esperé unos segundos a que el policía dejara de gemir… abrí mi ojo izquierdo y como un pirata lo vi jugando con aquella verga completamente deslechada… flácida, enrojecida y vibrante… él sonrió al verme mientras seguía teniendo convulsiones del orgasmo…. con mis dedos recogí el semen que me cubría la cara y me lo llevé a la boca, al menos todo lo que pude… la trague con sumo gusto… “papi… que rica lechita", le dije cuando se retiró de encima de mí para tumbarse agotado en la cama… yo tenía el ano dolorido, la cara llena de leche y en mi garganta el pastozo sabor de mecos recién cosechados… la satisfacción de haber estado con aquel hombrote disimulaba cualquier dolor…
“Preguntando se llega a Roma”, dice el viejo refrán… caminé por zócalo (plaza principal) de la ciudad… era un viernes por la noche, así que la plaza estaba llena… familias paseaban… muchos vendedores ambulantes… artesanías, globeros, lustradores de calzado y hasta un mimo hacía las delicias de los lugareños… logré encontrar un rico restaurante en donde cené antojitos típicos de la zona, un café negro bien cargado y una nieve de zapote… me senté a una mesa exterior con vista al zócalo… mi mente evocó a mi estresante Ciudad de México… ¿cuándo he tenido tiempo de sentarme a tomar un café con la única finalidad de mirar a la gente pasar?... es algo impensable en la Ciudad de México en donde el stress, la inseguridad, el tráfico y la vida glamorosa y agitada nos han secuestrado los momentos de gozar de los placeres más elementales… como disfruté de aquella cena… oía la algarabía de la gente… grupos de jóvenes sentados alrededor de la fuente dedicados solamente a platicar… vendedores de helados agitaban las campanitas de sus carritos… no cabe duda que la provincia mexicana tiene un encanto especial… para los chilangos de corazón como un servidor es precisamente “otro mundo”... el tiempo pasaba y poco a poco la plaza se fue despejando… no era muy tarde, tal vez las 9:30 de la noche… uno de los policías que resguardaban la plaza había acaparado mi vista… era un tipo grandote, muy moreno, mulato, de complexión robusta por no decir algo relleno sin ser gordo, alto (tal vez más de 1.85 metros) y rondaba los 30 años de edad… manos grandes, nalgas grandes…
Vestía una camisa blanca y pantalones azules ajustados a sus negras botas con sus agujetas largas a medio tobillo… su cara redonda con unos ojos muy expresivos, su cabello negro y cortado de casquete corto… me acerqué al Policía y comencé a platicar con él… le pedí que me platicara sobre las tradiciones del lugar, su comida y sus atractivos naturales… el policía resultó ser un extraordinario conversador… hubo un detalle que me llamó la atención… uno de sus dientes incisivos superiores tenía un marco de metal, lo que le daba al mencionado policía un aire machín… cabrón… maloso… cuando me habló de las delicias culinarias de la zona, comentó que uno de sus platillos preferidos eran los camarones a la talla… yo lo miré y con una sonrisa pícara le pregunté que si también le gustaba la tallada de camarón… el policía me miró firmemente por unos segundos, sonrió, dejando ver un lucero de su diente plateado… me dijo en tono muy directo y machista “ese platillo solo se los preparo a los turistas blanquitos y putitos”… al terminar dicha frase sonrió dejándome ver aquella pícara sonrisa con el diente metálico brillando en toda su extensión… yo me sentí aludido… el policía sabía perfectamente lo que yo pretendía con mis miradas… seguimos platicando… aquel policía era casado y vivía a unas cuantas cuadras del centro de la Ciudad… terminaba su turno a las 10:00 de la noche… me platicó que generalmente caminaba hasta su casa… ¿y si algún amigo te invita a tomarte algunas cervecitas, que haces?, repliqué… el policía me dijo que entonces llamaba a su casa diciendo que llegaría más tarde… no, no había problema con su mujer… ¿y si yo te invito a tomarte unas cervezas a mi hotel?... el policía me miró y me dijo en tono serio pero con una sonrisa pícara a flor de labios…
Lo interrumpí cuando comenzaba a abrir la boca… me gustaría seguir conversando contigo, aclaré… el policía sonrió y con un movimiento de cabeza aceptó… se acomodó la verga por encima de su pantalón… solamente tendría que esperar a que él saliera de su turno… a partir de las 10:00 podíamos ir a tomarnos las cervezas… yo todavía replique en tono jocoso “voy a llevar lápiz y papel para que me des la receta de los camarones a la talla… o tal vez de la tallada de camarón”… el policía me miró y sonrió nuevamente… los años no pasan en balde… su edad y su origen costeño le hacían entender perfectamente lo que yo buscaba y le ofrecía… abrió la boca y me dijo con una amplia sonrisa en la boca… “te voy a dar la receta pero espero que este camarón no te provoque dolor de estómago”… se acomodó de nuevo la verga por encima de sus pantalones azules y ajustados… yo sonreí y él también lo hizo… miré sus entrepierna y noté como su verga había crecido… se notaba un bulto de buen tamaño en dicha zona… el policía se la acomodó de nueva cuenta… ambos seguimos platicando más cachondamente… me platicó que le encantaba romper culitos… “eran sus preferidos”… le gustaba lo apretadito y calentito que están... le gustaba romper cada uno de los pliegues con su verga… varios putitos de la ciudad se le habían insinuado pero él prefería no caer ante la tentación… no quería que alguien se fuera a enterar… que lo anduvieran buscando por ahí… prefería entonces a los turistas… en varias ocasiones se le habían insinuado algunos turistas, especialmente extranjeros… se los había cogido bien rico… así no había problema de chismes… claro está que siempre lo había hecho con protección… tenía experiencia… no mucha pero si alguna experiencia al respecto… no había recibido queja alguna…
Como antes lo mencioné, el policía era un gran platicador… era evidente que también se sentía a gusto con mi plática… me preguntó sobre mis gustos y fantasías sexuales y también me platicó las suyas… constantemente se acomodaba la verga por encima de sus pantalones al grado que le propuse ya no hablar más sobre el “asunto” ya que no quería que alguien que pasara lo viera o notara lo “paraguas” que estaba y fuera a hacerse algún chisme de pueblo…
Llegadas las 10:00, el policía se despidió de mí y me pidió que lo esperara unos quince minutos… me quedé en el parque que cada vez se quedaba más solitario… pasados unos veinte minutos regresó el poli y me saludó con una amplia sonrisa en la boca… traía puestos los mismos pantalones azules ajustados y una camiseta blanca… por encima de la camiseta, una chamarra amarilla que lo resguardaba del frío… me preguntó ¿quieres la receta?... yo lo miré y ambos sonreímos… caminamos hacia el hotel por una calle bastante transitada… fue una caminata de unas siete cuadras pero lejos de cansarme, me revitalizó… a unos metros de la llegada al hotel, el policía me preguntó el cuarto en el que yo estaba… pidió que yo entrara solo y que él llegaría en unos minutos… entendí perfectamente lo que él pretendía… no quería que el personal del hotel pudiera relacionarlo con un hombre… así lo hice, entré al hotel y subí a mi cuarto como cualquier turista lo haría…
Entré a mi cuarto y enseguida me quité los zapatos, me senté en la cama y prendí la televisión para ver el noticiero y pasé al cuarto de baño para lavarme los dientes… me recosté en la cama y pasados unos cinco minutos oí el toc, toc de la puerta… me levanté a abrir y era efectivamente el policía… entró al cuarto y se sentó en la cama… yo me recosté junto a él… me preguntó por las cervezas que nos tomaríamos… yo le dije que me dijera lo que quisiera para pedirlo al restaurante del hotel… el policía movió la cabeza negativamente… se apretó la verga por encima de sus pantalones y se levantó al baño… oí claramente como el policía comenzó a tirar su espumoso tepache al inodoro… no había cerrado la puerta… yo me asomé mientras orinaba… el policía me vió por el rabito del ojo y me dijo que pronto terminaría… me acerqué a él y pude apreciar como de su morena y gruesa verga salía un fuerte chorro de líquido amarillo que bañaba las blancas paredes de porcelana del WC … acerqué mi mano derecha a aquella verga… el policía soltó su mano y dejó que ahora mi mano fuera la que guiara la meada… su verga se sentía deliciosa al tacto… gruesa… pulsante… sus riñones descansaron… fue casi medio litro de jugo de piña… espumoso… las últimas gotas salieron de aquella prieta verga… le dí un par de ligeros jaloncitos… el policía sopló… ¿te gusta?, me preguntó… yo le dije que esas eran mis verga preferidas, morenas y muy gruesas… “y eso que no está encabronada”, me dijo en tono soberbio… en la punta de la verga quedó colgando una última gota de tepache… le dí otro jaloncito y aquella gotita cayó al inodoro… el policía jaló el WC… yo solté aquella verga que se quedó fuera de los pantalones…
Pronto aquella cabezota se cubrió por un extenso cuerito… el policía se aprestaba a guardar su verga pero yo le dí una opción mejor… “¿para que la guardas?, mejor deja que te la chupe”…el policía sonrió… salió el cuarto y se sentó en la orilla de la cama… lentamente se quitó las botas y luego el pantalón… se quedó en calzones… unos tradicionales calzones blancos… se quitó igualmente la chamarra y se quedó en la pura camiseta blanca… le quité la camiseta y me dejó ver unos pechos abultados que enmarcaban una pancita cervecera… su cuello grueso al igual que sus hombros… pelo abundante en el pecho y en el estómago… comencé a tocar aquella verga por encima de los blancos calzones… se sentía de un muy buen tamaño… metí la mano por el resorte de los calzones y alcancé una verga suave al tacto, no muy larga pero si muy gruesa… estaba dormida… comencé a chaquetearla y enseguida aquella verga despertó… le bajé los calzones y ante mí apareció una verga semi-erecta, de un grosor más allá de lo normal y de unos 14 o 15 centímetros de largo… como extrañé mi regla para saber a ciencia cierta la medida de aquella verga… bajé el prepucio y apareció ante mí una cabeza morada, brillante y lisa, de muy buen tamaño… no tuve más que decirle “que gruesa verga tienes”… el policía sonrió… me platicó que algunos le habían dicho algo similar… tomé su verga entre mis manos y comencé a chaquetearla… su verga respondió rápidamente…
Aquella verga alcanzó su total erección… “que rica verga tienes”, le dije en tono de alabanza… me levanté de donde estaba, caminé al baño y saqué de mi maletín de aseo personal varias cajas de condones… ¿cuál te gusta?, le pregunté… traía un condón con sabor a plátano y otro a chocolate… aquel policía me miró extrañado ¿me la vas a mamar con condón?, preguntó… contesté en tono afirmativo… me gusta estar seguro, le dije… ¿qué te parece un paletón de chocolate?... el policía sonrió… abrí el condón con sabor a chocolate y lentamente se lo puse… aquella verga se veía imponente… gruesota y cubierta por un condón café… me hinqué ante él poniendo su verga enfrente de mis ojos… tan cerca de mis ojos que seguramente hacían bizco… no pude más y acerqué mi lengua a su cabezota, lamiéndola y haciendo círculos con ella… el policía suspiró… mi lengua lamió toda su verga de arriba abajo… paré un momento para decirle nuevamente "que rica verga tienes cabrón”… el policía me había puesto una mano en la nuca e intentaba que yo me la metiera a la boca, pero por ahora quería disfrutar el lamer su grueso tronco… levanté su verga y me dirigí a sus huevos… comencé a lamerlos, metiéndomelos en la boca y succionando su bolsita… mi lengua jugaba con los pelos que circundaban sus grandes y colgantes huevos… el policía se movió y recostó en la cama dejando que yo siguiera lamiendo sus huevos y luego poco a poco bajé hasta la zona por debajo de sus huevos… el policía suspiró fuertemente de placer… regresé a lamer cada uno de sus peludos huevos y luego a mamar el tronco de aquella verga que se presentaba ante mí… succionaba aquella vergota… mi boca mamaba tan rico instrumento que entraba y salía entre mis labios…
El policía tomaba mi cabeza y me guiaba con sabia maestría… más gemidos escaparon de su boca… yo lamía su verga en todo su contorno… me la metía hasta que su cabezota tocara mis anginas… luego besaba sus huevos y mi lengua jugaba con su dilatado glande… mamé aquella verga por lo menos diez minutos… no de una mamada y chaqueteo intenso, sino saboreando aquel bello y rico cacho de carne… abrí la boca y me lo metí por entero… las comisuras de la boca se abrían al máximo…“que gruesa verga tienes”, le dije… otra vez el policía sonrió ante el cumplido… de repente el policía me pidió bruscamente que parara en seco… “no quería venirse”… le dejé toda ensalivada la verga… que rico chocolatote me estaba cenando… aquella verga morena y gruesa estaba en todo su esplendor con el condón cubierto de mi saliva… aquella verga se perdía en la maraña de pelos púbicos que el policía tenía… después de platicar unos cinco minutos en relación con la mamada que le había dado, el policía me dijo ¿por qué no te sientas en ella y te la clavas?... yo le pedí al policía que me preparara primero… le dije que tenía que jugar un rato con mi culito… así que me puso lubricante en la entrada del culo y me dio unas pequeñas nalgadas para que me “aflojara”… no quiso dedearme ya que prefería que yo “sintiera como su gruesa verga me abría el culo en dos”…
Le cambié el condón por un sico safety y le puse lubricante en la punta de su verga… me senté primero en el abdomen del policía viéndolo a él de frente y luego me puse en cuclillas para que el propio jarocho pudiera acomodar su verga entre mis nalgas… yo era el chofer guía… cuando sentí que la cabezota de su verga tocaba mi ano se lo comuniqué… el policía solo dijo: “ya está… siéntate”… yo me senté lentamente y sentí enseguida como la verga del policía no lograba su cometido… dio dos picotazos fallidos… otra vez me puse en cuclillas y el policía volvió a colocar la punta de su verga justo en la entrada de mi culito… la mantuvo apretada contra mi culo al momento en que yo me senté… mi culo se abrió y dí un grito de dolor… la cabeza de aquella gruesa verga había entrado en mi ser… era una verga muy gruesa... más lo de lo normal… mi culo pulsó… yo me recosté sobre el pecho del policía, quien con sonrisa en la boca me dijo “cabrón, te la tienes que tragar”… dentro de mi culo, la cabeza de la verga del policía me producía un enorme dolor… el culo me ardía y a la vez pulsaba… “ponte flojito”, me dijo… “puja un poco”… así lo hice y enseguida noté como el policía acompañó mi pujido con un empujón de su parte y todo el tronco de su verga entró en mi ser… yo grité pero el policía me abrazó evitando que yo me moviera… me había tragado un buen pedazo de aquella gruesa verga… entonces el policía tocó con su mano mi culo y se percató que, además de estar abierto en todo su esplendor, me había tragado ya la totalidad de su verga de un solo empujón… me dio una pequeña nalgada y me dijo “tranquilo… ya entró toda… ahora gózala”…
Ninguno de los dos nos movimos por espacio de un minuto… me acomodé para sentarme en el estómago del policía… mi culo se estaba acostumbrando a su verga… ¿qué sientes?, le pregunté… el policía me dijo que sentía apretadísimo y muy caliente… nunca había tenido un culo tan apretadito como el mío… siento que me quema… siento que pulsa… se siente bien chingón, decía el policía… ponte flojito y puja de nuevo, me pidió… así lo hice y entonces, en la posición que él estaba. comenzó a mover su cadera de arriba abajo y a meter y sacar lentamente su verga de mi culito… aquel esfínter ya se había acostumbrado a su gruesa verga… comencé a gemir… comencé a disfrutar… el policía me tenía abrazado y no permitía que yo me moviera para sacar a aquel grueso intruso de mi culo… el culo me ardía… sentía una verga dura y caliente dentro de mi ser… una verga que pulsaba… una verga que rompía todo lo que se encontraba en su camino… el dolor inicial de su verga en mi culo se había convertido en absoluto placer… me volví loco… no apreté mi culo… lo relajé… su verga entraba hasta mis intestinos… el policía gemía, me daba pequeñas nalgadas y decía palabras como “ya te la tragaste toda cabrón”… “te la voy a dar chingón”… yo comencé a gemir y soplar…
El policía comenzaba a arremeter contra mi culo con mayor fuerza y velocidad… entre gemidos, gritos y demás ruidos guturales, acompañados por el rechinar de la cama, comenzó a meterla y a sacarla rítmicamente… un escalofrío de placer empezó a recorrerme…. si, aunque me doliera me estaba dando gusto. "asiiiiii, dámela… más adentroooo… daaamela", empecé a rogarle, mientras mi culo se alzaba en busca de cada embestida de su morena y gruesa verga… el dolor había desaparecido y el placer se hacía más y más intenso… el placer era indescriptible… tenía dentro de mi culo una gruesa verga… su dura verga abriéndome el culo de par en par… sentía como me llenaba por entero… como mi ano estaba completamente abierto… mi culo era todo suyo… me volteé para verle la cara… tenía los ojos cerrados, se mordía los labios con los dientes y soplaba… era un animal furioso… la mandíbula apretada… abrió los ojos y sonrió… al oído me dijo ¿no que te dolía cabrón?, me dijo y continuó "te la estás tragando toda… ¿te gusta mi verga?, ¿te gusta que te la meta?, ¿quién te está partiendo el culo?"… al momento en que me dio una nalgada… yo grité y respondí: “tu papi”… “dámela”… “así paaapi… que riiiico…. que riiiico coges paaaapi…”….
Sus movimientos eran salvajes… su verga entraba y salía sin oposición alguna… yo abría mis piernas y le ayudaba con la pelvis para que me penetrara más adentro… sentía el vello de sus muslos rozarme… me abrazó fuertemente… ya no pude más y empecé a gritar de gusto, a retorcerme… mi culo pulsaba…el policía lo notó, me tomó de la cintura y aceleró aún más su embestidas, que se hicieron más brutales, de auténtico animal en celo… yo caía cada vez sobre su verga… me la tragaba toda… entonces comencé a apretar los músculos de mi ano contra la verga del policía… soltó un fuerte gemido y sopló… abrió la boca para decirme "aprieta el culo cabrón… apriétalo… así…. apriétalo rico”… sus movimientos eran apresurados y noté que él también se venía porque se elevaban sus gemidos y respiración… “vente en mi culo”, le supliqué… en ese momento me sentí una auténtica puta viciosa… el policía gimió fuertemente y comenzó a vaciar aquella espesa leche justo dentro de mi culo, claro está que con el condón de por medio…
Sus gemidos seguramente se oían en todo el hotel…"toma cabrón tu leche… aaahhhhhh, oooooohhhhh... toda… mi leche… mi culito recibió aquellos largos y espesos chorros de leche… se estaba vaciando dentro de mi ser… gritaba y gemía sin control…metió su verga hasta lo más profundo de mi ser y ahí la dejó por espacio de unos segundos… gimió… volví a decirte: "dámela toda… toda tu leche… dámela paaapi… que riiiico…. que rica lechita”… entre un gran soplido de placer me dijo “aprieta el culo cabrón…”… así lo hice y entonces soltó un fuerte quejido… le había ordeñado la verga… hasta la última gota de leche le había arrancado… su venida fue sensacional… dejó de moverse y sacó lentamente su verga de mi apretado esfínter… había descargado toda su leche… su verga se veía imponente, completamente cubierta por el lubricado condón, mismo que en la punta guardaba una buena cantidad de leche… mi ano descansó de la cogida que me habían dado… comenzó a pulsar… regresaba lentamente a su lugar… aquella verga perdía erección… le quité el condón… quedó ante mí una verga brillosa… comencé a chaquetear aquella verga para sacarle hasta la última gota del preciado líquido… apreté aquella cabezota… salió por fín aquella gota traicionera… la sensación era sublime… mi culo pulsaba mientras yo terminé de deslechar aquella gruesa verga que había perdido fuerza y se ocultaba en su pellejito, asomando una cabezota morada, brillante y un poco irritada…
Enseguida el policía se recostó sobre la cama, dando un soplo de alivio… se acomodó entre las almohadas, me miró y me dijo “que rico culito tienes”… yo me levanté de donde estaba y fuí al baño a tirar el condón… con la mano izquierda me toqué la entrada del culo… me dolía… afortunadamente ya había regresado a su estado habitual… me ardía… me puse un poco de cremita para evitar la irritación… regresé al cuarto y ahí estaba el moreno policía, viendo la televisión y jugando con su verga entre las manos… me recosté junto a él y nos pusimos a platicar… su sonrisa me atraía… aquel diente de metal iluminaba la habitación… a un jarocho cojelón seguramente que no le bastaba un palito… seguramente quería el doblete, así que comencé a tocar aquella verga que despertó entre mis manos… “que gruesa verga tienes”, le dije… otra vez el policía sonrió ante el cumplido… me acomodé en la cama para que el policía pudiera jugar con mi culito… sus dedos habían separado ya mis nalgas y su dedo índice daba vueltas en la entrada de mi culo…
El policía me dijo “tienes el culito todavía muy lubricadito” y comenzó a meterme el dedo dentro del culo mientras yo seguía jugando con su verga… le puse un condón y luego lo lubrique… el policía sonrió y me dijo ¿la quieres por el culito otra vez?… no habían pasado sino escasos quince minutos de aquella primera venida y el policía estaba listo otra vez… “dámela”, contesté… “ponte a cuatro patas", me ordenó... me subí a la cama y me puse a cuatro patas, con las piernas separadas, ofreciéndole mi culito… se puso detrás de mí… sentí un escalofrío cuando el policía escupió justo en la entrada de mi culo… con su dedo esparció su saliva entre los pliegues… me dio una fuerte nalgada… yo moví las caderas invitándolo a penetrarme… enseguida sentí como otro escupitajo caía sobre los pliegues de mi culo y como un par de dedos jugaban con él, esparciéndolo por toda esa zona… el policía se movió, me agarró de las caderas y acomodó su verga en la entrada de mi culo… presionó un poco y su cabeza entró en mi ser… yo gemí y el policía hizo lo mismo, diciéndome “ponte flojito… puja un poquito”… así lo hice y lentamente toda la verga del policía comenzó a entrar dentro de mi culo… empujaba, haciendo presión contra mi ano, que se cerraba inútilmente… hizo más fuerza y comencé a sentir de nuevo un tenue dolor dentro del culo… pronto aquel dolorcito pasó a ser un placer extremo…
El policía paraba y seguía metiéndome su verga…sentía ardor en el culo… "¿te duele?, me preguntó… yo, mordiendo la almohada le dije que siguiera… el policía presionó aún más y me dio otra fuerte nalgada… “me gusta sentir mi verga en tu apretado culito”… ¿quieres que pare?, me preguntó… yo solté un soplido y le pedí que siguiera metiéndome su gruesa verga… ábreme en dos, le rogaba… el policía hacía sus movimientos cada vez más intensos, al mismo tiempo que yo aprovechaba sus embestidas para moverme en forma circular… mi culo pulsaba cada vez que aquella gruesa verga rozaba mi próstata, haciéndome lanzar gemidos de placer… el placer se hacía cada vez más intenso… el policía arremetió con mayor fuerza sobre mi culo y me decía “te la estoy clavando entera”… yo gemía de gusto… sus gemidos, soplidos y embestidas me indicaban que el policía estaba gozando de mi culo… lo hacía lentamente y luego embestía con fuerza para luego regresar otra vez a aquella placentera lentitud… mi culo estaba totalmente abierto… mis pliegues se habían borrado por completo… el culo me pulsaba, me ardía… el sentir como aquella gruesa verga rozaba con mis intestinos me hacía gritar… que delicioso… que rico sentimiento… aquella verga me volvía loco… el policía sabía perfectamente lo que hacía… lo hacía con sumo gusto y envidiable calma… sacó aquella verga de mi adolorido agujero y me pidió cambiar de posición… ahora me puse boca arriba justo en la orilla de la cama… el policía levantó mis piernas las cuales acomodó entre sus hombros… acercó su gruesa verga a mi apretado agujero y sin decir “agua va” la clavó de un solo golpe… mi culo se abrió y cer
ró casi instantáneamente… solté un gemido de dolor… tenía frente a mí a aquel policía que me partía en dos…
El moreno jarocho gozaba de mi culo… se movía riquísimo, como pocos me lo habían hecho… después de ya unos veinte minutos de mete-saca, el policía comenzó a gemir y bufar… soplaba como un animal en brama… denotaba que estaba pronto a venirse nuevamente… yo le dije en tono firme “en mi cara… vente en mi cara”, le supliqué como una auténtica putita de película porno… aquel policía solamente sonrió y sopló fuertemente… sacó su verga de mi culo, bajó mis piernas de sus hombros y poniendo sus rodillas sobre mis hombros, comenzó a chaqueteársela justo enfrente de mi cara… tenía a escasos centímetros aquella rica verga que completamente enrojecida anunciaba su venida… cerré la boca para no tragar nada de la leche que saldría de un segundo a otro… apreté los labios… quería que el policía me llenara de leche toda la cara… el policía soltó u fuerte grito y dijo “yaaaaaaaaaaa”… enseguida soltó el primer chorro que fue a parar a mi ceja izquierda… luego un segundo lechazo que alcanzó mi ojo derecho y casi me deja tuerto…
El policía gemía fuertemente acompañando cada uno de sus lechazos… se estaba vaciando… toda su leche cayó en mi cara… mi frete y mi nariz quedaron cubiertos de rica lechita… sus gritos se debían de oír en todo el hotel: "toma tu leche… tómala…..”… su venida fué espectacular, me dejo la cara llena de sabroso semen… espesas gotas de calientes mecos resbalaban por mis mejillas… mi ojo derecho me ardía… se pegaban a mi pelo… esperé unos segundos a que el policía dejara de gemir… abrí mi ojo izquierdo y como un pirata lo vi jugando con aquella verga completamente deslechada… flácida, enrojecida y vibrante… él sonrió al verme mientras seguía teniendo convulsiones del orgasmo…. con mis dedos recogí el semen que me cubría la cara y me lo llevé a la boca, al menos todo lo que pude… la trague con sumo gusto… “papi… que rica lechita", le dije cuando se retiró de encima de mí para tumbarse agotado en la cama… yo tenía el ano dolorido, la cara llena de leche y en mi garganta el pastozo sabor de mecos recién cosechados… la satisfacción de haber estado con aquel hombrote disimulaba cualquier dolor…
