Una vez más, vuelvo a este medio para relatar una de mis historias, en esta ocasión, a contar una no muy grata pero por lo menos si ha sido recaliente, y cada vez que la recuerdo se me para la verga. Siempre he pensado que el peor riesgo de un compromiso es enamorarse, como siempre tengo la costumbre a cagarla o a colocar cachos, de un momento a otro la relación se acaba y yo quedo viendo un chispero, enamorado como un hijueputa y sin posibilidades de perdón; pero esta vez fue diferente porque el que la cagó fue él, dejándome en una completa traga y con el corazón vuelto mierda. Inmediatamente lo vi entrando al auditorio donde los esperábamos para darles unas palabras de bienvenida, le lancé una mirada con la que me lo comí vestido, me gusto que me la hubiera correspondido y eso me dio más impulso para llegar a conocerlo, apenas al pasar, no pude de dejar de fijarme en que tenia un buen bulto entre el pantalón, pero en conjunto el pelao daba un aire de inocencia y misterio que me arrechaba. Fue tal el impacto que causo en mi, que hasta unos amigos que se encontraban cerca se percataron. Una vez más, vuelvo a este medio para relatar una de mis historias, en esta ocasión, a contar una no muy grata pero por lo menos si ha sido recaliente, y cada vez que la recuerdo se me para la verga. Siempre he pensado que el peor riesgo de un compromiso es enamorarse, como siempre tengo la costumbre a cagarla o a colocar cachos, de un momento a otro la relación se acaba y yo quedo viendo un chispero, enamorado como un hijueputa y sin posibilidades de perdón; pero esta vez fue diferente porque el que la cagó fue él, dejándome en una completa traga y con el corazón vuelto mierda. Inmediatamente lo vi entrando al auditorio donde los esperábamos para darles unas palabras de bienvenida, le lancé una mirada con la que me lo comí vestido, me gusto que me la hubiera correspondido y eso me dio más impulso para llegar a conocerlo, apenas al pasar, no pude de dejar de fijarme en que tenia un buen bulto entre el pantalón, pero en conjunto el pelao daba un aire de inocencia y misterio que me arrechaba. Fue tal el impacto que causo en mi, que hasta unos amigos que se encontraban cerca se percataron.
Como ya lo había dicho en relatos anteriores, soy un pelao reloco, aventurero, parrandero, irresponsable e inmaduro; en fin un loco a lo hijueputa. Estudio en la U y mi gran afición son los manes, aunque de vez en cuando me consigo una que otra vieja; hace un año llegaron a la U los nuevos estudiantes, los primiparos como les decimos, entre ellos venia un mancito que me impactó, un verdadero culicagado, de solo 18 años (aunque aparenta unos 20), 1.75 mt, piel trigueña, bronceada, ojos miel, cabello castaño muy corto, una sonrisa muy linda, con cuerpo delgado, lampiño, el pelao sobresalía entre el resto de muchachos y peladas que entraban este año a mi carrera.
- ¿Que pasó Juan, le gustó el pelao?, jueputa mira a ver si disimulas un poquito tonto- Me dijo un amigo. - Que man tan lindo, ahí está mi próxima victima- le respondí. - Déjalo que es un sardinito, mucho sucio- Continuó mi amigo. - Se puede cultivar y luego recogemos la cosecha, pero este man que me lo como porque me lo como- le respondí descaradamente.
Pasaron los minutos y la reunión prosiguió, el pelao estaba sentado unas filas adelante, yo no dejaba de mirarlo, de vez en cuando el volteaba la cabeza y me correspondía las miradas, me estaba entusiasmando mucho con el cuento, la verdad es que conseguir algo decente en la U no era nada fácil y este mancito era una gran excepción que no se podía dejar pasar. La oportunidad llegó cuando nos pidieron que los de semestres superiores debíamos apadrinar a los recién llegados, hubo bullas y silbatinas, una boleta, pero esa era la oportunidad perfecta. Cada uno de nosotros debíamos escoger a alguno, yo me paré y llegué donde el pelao que estaba dialogando con alguien a su lado, le pregunté que si no había problema que yo lo apadrinara.
- Aha, me dijiste algo- Me respondió con un acento como con despreocupación, de provincia, de norte, un acento muy peculiar que inmediatamente reconocí, el mancito era de la costa colombiana.
- ¿Eres costeño?- le pregunté. - Aha, ¿se me nota mucho loco?- Me dijo mientras me estiraba la mano para saludarme- me llamo Jairo, ¿y tú? - Juan- correspondiéndole el saludo- te decía que si no te importa que te apadrine. - Pues así como importarme, hombre no mucho, pero ya me lo habían pedido- Me dijo, mientras yo no era capaz de dejar de mirarlo directamente a los ojos, tenía unos labios que me daban ganas de comérmelos ahí mismo.
- Ah, pues que lástima, pero podemos ser parceros ¿o no?- le dije, mientras le sonreía maliciosamente, siempre me han dicho que tengo una cara de maloso. - Aha, ¿parceros es como amigos no?- me respondió y yo le hice un gesto de afirmación con la cabeza.
Las cosas iban muy bien, después de eso, pasaron un par de días en los cuales ya habíamos entablado una buena relación de amistad, yo siempre con la excusa de que cualquier cosa en que lo pudiera ayudar, que me buscara. Llegó el viernes de esa semana y ya estaba decidido que esa noche tendría que caer, me había arrancado unas buenas pajas este pelao de mierda, se me salía la leche cuando lo veía.
- Jairo parce, ya que vos no conoces, y que es tu primer fin de semana por estas tierras, que tal si nos vamos para un chalet ( finca cafetera a las afueras de la ciudad)- le dije aprovechando que el chalet era de un amigo que no tenía ningún inconveniente en que lo ocupáramos este fin de semana.
- Aha, mierda compa, lo que pasa es que me daban ganas de quedarme estudiando este fin de semana- Me respondió. - No que va, que estudio ni que mierda, te vas conmigo y te entretienes, apenas llevas una semana de clases- le insistí. - Y somos tú y yo... solos- Me preguntó, a lo que respondí afirmativamente con la cabeza- aha, no se ... - Que?, no confías en mi, este tonto; parcero no le va a pasar nada de lo que no quiera, si te da miedo entonces mejor no vamos y lo dejamos para otra ocasión- le dije.
Después de mucha insistencia, Jairo aceptó, habíamos quedado de vernos para más tarde y salir para el chalet, así fue y ya por la noche estábamos instalados, en el trayecto no podía disminuir mi ansiedad y excitación, la verdad el marica me ponía a mil, ya en la casa del chalet estaba decidido a tirármele de frente, ya le había hecho notar que había algún interés por él, y él, por lo menos parecía corresponderme, ya que también me miraba bastante y era algo curioso con el tema de mis novias, amores y sexo, hasta el momento a las preguntas que me hacía respondía de forma vaga, para que se quedara con las ganas de saber.
- Juan tú tienes novia?- me pregunta. - No parce, pero amores no me faltan- le respondía. - ¿Como así?- preguntó de nuevo- ¿Puras aventuras? - Si, nada serio, me gusta el sexo y lo pienso disfrutar hasta donde pueda- le respondía. - Aha, ¿lo haces muy a menudo? ¿Como haces para conseguirte viejas tan fáciles?- seguía con el interrogatorio. - Tonto ahí está la diferencia, yo soy de mente abierta (y otras cosas)- le dije, mientras me acercaba más y más a él, hasta quedar casi pegados sentados en un sofá. - Aha loco, dímelo suave porque no te entiendo, ¿que quieres decir con eso de mente abierta?- me dijo con un tono de resistencia, se estaba haciendo el difícil.
- Ay parce, vos sabes, deja la mariconada, que ya sabes que me traes a cien, costeñito si está muy lindo, vos me gustás hartísimo- le dije acercándomele muy cerca de su rostro, después hubo un largo silencio, él no sabía que hacer, solo miraba al frente tratando de evitar mi mirada- Que pasó tonto?, no te gusto, si es así, no hay problema, yo no te voy a obligar a nada que vos no quieras... aunque la verdad yo se que vos si querés.
Después de dicho esto acerqué mis labios a los suyos lentamente, no quería obligarlo y quería que me diera todo el permiso de hacerlo, suavemente toqué esos labios con los míos, uff ahora me acuerdo y fue refull, sentí como abría su boca y me daba paso para que con mi lengua empezara a explorar su boca, no me había rechazado para nada, ahora él también empezaba a mover su lengua en torno a la mía, me abalancé sobre él, y quedamos acostados en el sofá yo encima de él, lo recorría con mis manos, todo su cuerpo, entraba mis manos por su lampiño pecho y encontraba sus tetillas que empezaban a erectarse, las cogía y le daba algunos pellizcos, a lo que él soltaba un débil gemido.
Como pudimos nos quitamos la ropa rápidamente quedando desnudos uno sobre el otro, sentía como su verga apuntaba ya al techo y palpitaba en mi abdomen, mientras tanto nuestras lenguas ya se habían entendido perfectamente, una sobre la otra, se invitaban mutuamente a pasar a la boca del otro, no dejé un espacio que no quedara sin exploración, luego seguí con mis besos, pero ahora en su rostro, debajo de sus labios, en sus mejillas, en los párpados, luego a sus orejas, a las cuales succioné como si fueran paleticas, seguí bajando por su cuello, lamiendo y dejando un camino de saliva, luego a su pecho, me detuve en sus tetillas, las sumergí dentro de mi boca y las lamí con mi lengua.
Hasta ese momento sabía donde se detendría mi juego, pero tuve una mejor idea, saltarme una parte para ir a otra que sería para después; lo coloqué de espaldas y empecé a lamer su zona lumbar, fui bajando lentamente mientras mis dedos se introducían en su boca, él parecía que disfrutaba al máximo porque succionaba mis dedos como si fueran una verga, llegué a sus nalgas y él involuntariamente elevó un poco su pelvis para facilitarme el trabajo, me dejó expuesto una belleza de culo prácticamente sin pelos, llevé mi lengua rodeando ese agujero, para luego introducirla en todo su esfínter, sacaba y relamía todo alrededor, él se contorsionaba de placer, luego intercambiaba mi lengua con el dedo, el cual empezaba a mover circularmente y a introducirlo un poco, suavemente masajeaba su interior, sus gemidos eran cada vez más fuertes y empezaba a moverse en busca de más dedo, de más lengua.
El hijueputa estaba gozando de lo lindo, pero al parecer pensó que estaba siendo muy egoísta al dejar el placer solo para él, porque se incorporó, me pidió que me sentara, le obedecí y me senté moviendo mi mano de arriba a abajo por todo mi tronco que ya había alcanzado sus máximos 17 cms, aunque en esta ocasión parecía de mayor tamaño y la excitación me tenía brotando líquido preseminal en forma copiosa, Jairo empezó a besar mi cuello, pero no aguantó mucho y se fue directamente hacia mi verga, cuando sumergió toda su boca en mi verga con una tragaderas impresionante, sentí como si una corriente inundaba todo mi cuerpo, todos mis músculos se tensaron para luego relajarse, cerré los ojos y empecé a disfrutar de la mamada, que cada vez se hacía más fuerte, me cogía el tronco con su mano derecha y sumergía hasta donde alcanzaba.
De vez en cuando rodeaba mi cabeza con los lametones de su lengua o recogía las gotas que brotaban del ojete, lo hacía muy bien, me tenía al borde del orgasmo, por eso le pedí que mermara el ritmo que si seguía así no iba a aguantar mucho.
- Aha, Juan no te vayas a venir todavía que quiero alargar esto- me pidió. - Parce, entonces merma el ritmo que ya tengo la leche en la punta- le respondí.
Siguió con su mamada pero más suave, y se fue hacia mis bolas, llenas de pelos, se las introducía una por una en la boca y allí empezaba a jugar con ellas, siguió su trayecto de lametones por debajo del periné y llegar a la zona anal, estuvo allí introduciéndome su lengua por buen espacio de tiempo, sentía como su cálida lengua se introducía llenándome de un placer indescriptible, no se como pero yo ya estaba totalmente abierto de piernas con la espalda y la cabeza totalmente recostadas en el sofá, dejando mis nalgas al aire, el aprovechó cogiéndome las piernas, colocándolas en sus hombros, y apuntar con su verga tiesa hasta el fondo de mi culo, su verga era una belleza, muy grande, de 19 cms y de buen grosor, totalmente humedecida y brotaba buen líquido de su ojete, sus bolas colgaban y estaban recubiertas de un fino vello castaño, que hacía juego con su piel color miel, se lubricó con una crema que estaba cerca y colocó todo el capullo en la entrada de mi ano, me miró fijamente y se abalanzó sobre mi, quedando sus labios sobre los míos de nuevo, pero esta vez sin llegar a tocarse, nos mirábamos fijamente.
- Me gustás demasiado loco, te voy hacer sentir toda mi tranca adentro- me decía con mucha lujuria - Parcero, quiero que me haga gritar, que me des duro, implacable sobre mi culo- le respondí con el mismo tono.
Dicho esto enterró gran parte con una sola embestida, sentí como se me abría el culo, generándome un fuerte dolor, pero al mismo tiempo un calor que inundaba mi recto.
- Mierda, pero si estás muy rico, me quemas loco, este man si es que está requetecaliente- me decía mientras mordía mis labios y lamía con su lengua mi rostro viendo mis caras de dolor.
Poco a poco el dolor desapareció y se transformó en un placer que no quería que terminara, siguió bombeando, empujándome contra el sofá, empecé a sentir como sus bolas golpeaban mis nalgas, me la había enterrado hasta el fondo, sentía como su verga escarbaba por dentro de mi y me dilataba cada vez más, yo me movía hacia él, cada vez buscando más y más verga, estaba delirando. Él tomó mi verga con su mano y empezó a pajearme al mismo ritmo en que me embestía, no aguanté mucho y empecé a expulsar leche por chorros, él no dejaba de mover toda su mano por mi verga y me estaba haciendo un gran ordeño.
Su lengua ahora estaba en mi garganta y mi culo empezó a contraerse, tratando de hacerle fuerza a esa verga, él quedó a punto de venirse, por lo que nos colocamos en un 69, mientras yo le chupaba todo su pito él me limpiaba de los restos de mi semen que aun quedaban en mi ojete, no duró mucho y sentí como mi boca se inundaba de litros y litros de leche, que no alcanzaba a tragarme al ritmo que él expulsaba, así seguimos durante varios minutos, ambos tirados en el suelo, tomándose todos los restos de nuestras corridas, la erección de ambos en ningún momento bajó, y yo ya me estaba excitando de nuevo, por lo cual fui introduciendo un dedo en su culo mientras que con mi boca trataba de tragarme lo más posible, en tal forma que lograban darme arcadas.
Pronto ya no fue un dedo sino dos y tres, hasta que Jairo no aguanto más y me pidió que se lo metiera, lo coloqué en cuatro sobre el piso de la sala, y volví con mi labor mamatoria de ese culito que pronto iba a ser profanado, me lubriqué bien mi verga y con un dedo lo lubriqué a él por dentro, recosté todo mi cuerpo sobre él y empecé a lamer su oreja por detrás y diciéndole que me gustaba reharto; introduje lentamente y empezó a gritar, después de un rato de lenta penetración sentí como toda mi verga se encontraba dentro, estaba bien estrecho y supercaliente allí dentro, se contraía haciéndome sufrir de placer, empecé con el bombeo subiendo mi pelvis para luego dejarla caer y enterrársela hasta el fondo.
Pronto empecé a eyacular dentro de él, me vine en manera copiosa, ya que él no se había venido seguí bombeándolo durante un tiempo ahora con una movilidad mucho más facilitada ya que estaba totalmente mojado, ahora se oía el sonido del golpe de mi verga contra la leche, así seguí dándole hasta que sentí como su culo se contraía desesperadamente, mientras de su boca salían gritos de placer. Nos quedamos los dos acostados en el sofá, dándonos tiernos besos, yo lo abracé y él se durmió en mi pecho, nos despertamos a eso de las siete de la mañana y empezamos una nueva sesión de sexo, esta vez mientras nos duchábamos, se la enterré hasta que me vine para luego mamársela; así seguimos todo el día, lo hicimos en la piscina, en la cocina, en la cama, de nuevo en aquel sofá, el sexo con este costeño era muy bueno, estaba libre de prejuicios y mariconadas, a ambos nos gustaba sacarnos los miedos y hacer de todo hasta intentamos formar un trío con un finqueño vecino, pero sin mucho éxito. Ese fin de semana había pasado espectacular, había tenido muy buen sexo, sano y libre, hasta que llegó el domingo a eso de las 2 de la tarde, después de almorzar empezamos a conversar y él me salió con una pregunta que no me esperaba.
- Aha, Juan, y tú y yo ¿en que quedamos ahora?- Me preguntó con un tono muy serio. - ¿Como así?- le respondí haciéndome el desentendido. - Si loco, ¿de pareja o solo me rumbeaste por un fin de semana?- continuó. - Parce, vos me gustás mucho, cuando vos quieras volvemos a venir o donde quieras, yo estoy totalmente disponible, pero entablar una relación formal en este momento no es lo que quiero- le respondí... - Aha, ya veo, o sea que Juan me rumbeaste a lo bien, y ni te importó si yo quería algo diferente, a mi no me gustás para tener sexo, a mi me gustás para tenerte a mi lado- me decía mientras su cara empezaba con gestos de rabia, me hizo sentir algo mal y no le respondí.- Yo quiero que nos cuadremos loco- terminó. - No parce, no quiero nada serio- le respondí muy seriamente.
Posteriormente se paró, se fue hacia la casa y al rato vi como salía con su mochila y se fue del chalet sin que lo pudiera detener, la verdad ni traté de detenerlo, era mejor que se fuera, lástima que quedara tan dolido, pensé.
Pero al parecer entusiasmé demasiado al pelao, porque al otro día en la U, me volvió a pedir, me llamó todo el día siempre diciéndome que fuéramos algo más que simples amigos de folladitas esporádicas, yo siempre le salía con una respuesta negativa, pero cada vez que intentaba le iba quitando fuerza a mi argumento. Por el consejo de un amigo y ante su insistencia terminé aceptando.
La verdad la relación fue muy buena, cada día él me ganaba más, y empecé a quererlo de verdad y me enamoré, perdidamente, creo que ha sido uno de los grandes errores de mi vida, porque exactamente cuando yo estaba más encarretado, él empezó a cambiar, cada vez era menos cariñoso y menos simpático, empezamos a pelear hasta que llegó el día en que me terminó, me hizo sufrir como un hijueputa, pero lo peor fue cuando me enteré a la semana la razón de su respectivo cambio, había otra persona, y lo más fuerte y lo que me dio más duro fue que era una vieja, me quedé estupefacto cuando me enteré que a la semana de haber terminado conmigo se había cuadrado con la pelada, esa misma noche lo busqué y nos dimos duro, fue una forma bastante inmadura de terminar con algo muy bonito, pero a mi la ira me cegó.
Hoy en día, me toca aguantarme que me restriegue la vieja por la cara todos los días, ya que ambos estudian juntos, ya casi ni me importa pero la verdad todavía no lo he superado, pero no he caído las veces que me ha vuelto a buscar, sobretodo cuando se emborracha y se le sube la mariconada a la cabeza, varias veces me ha llamado pidiéndome perdón, prometiéndome que la va a dejar, pero no hijueputa, yo de esa mierda no comeré.
Como ya lo había dicho en relatos anteriores, soy un pelao reloco, aventurero, parrandero, irresponsable e inmaduro; en fin un loco a lo hijueputa. Estudio en la U y mi gran afición son los manes, aunque de vez en cuando me consigo una que otra vieja; hace un año llegaron a la U los nuevos estudiantes, los primiparos como les decimos, entre ellos venia un mancito que me impactó, un verdadero culicagado, de solo 18 años (aunque aparenta unos 20), 1.75 mt, piel trigueña, bronceada, ojos miel, cabello castaño muy corto, una sonrisa muy linda, con cuerpo delgado, lampiño, el pelao sobresalía entre el resto de muchachos y peladas que entraban este año a mi carrera.
- ¿Que pasó Juan, le gustó el pelao?, jueputa mira a ver si disimulas un poquito tonto- Me dijo un amigo. - Que man tan lindo, ahí está mi próxima victima- le respondí. - Déjalo que es un sardinito, mucho sucio- Continuó mi amigo. - Se puede cultivar y luego recogemos la cosecha, pero este man que me lo como porque me lo como- le respondí descaradamente.
Pasaron los minutos y la reunión prosiguió, el pelao estaba sentado unas filas adelante, yo no dejaba de mirarlo, de vez en cuando el volteaba la cabeza y me correspondía las miradas, me estaba entusiasmando mucho con el cuento, la verdad es que conseguir algo decente en la U no era nada fácil y este mancito era una gran excepción que no se podía dejar pasar. La oportunidad llegó cuando nos pidieron que los de semestres superiores debíamos apadrinar a los recién llegados, hubo bullas y silbatinas, una boleta, pero esa era la oportunidad perfecta. Cada uno de nosotros debíamos escoger a alguno, yo me paré y llegué donde el pelao que estaba dialogando con alguien a su lado, le pregunté que si no había problema que yo lo apadrinara.
- Aha, me dijiste algo- Me respondió con un acento como con despreocupación, de provincia, de norte, un acento muy peculiar que inmediatamente reconocí, el mancito era de la costa colombiana.
- ¿Eres costeño?- le pregunté. - Aha, ¿se me nota mucho loco?- Me dijo mientras me estiraba la mano para saludarme- me llamo Jairo, ¿y tú? - Juan- correspondiéndole el saludo- te decía que si no te importa que te apadrine. - Pues así como importarme, hombre no mucho, pero ya me lo habían pedido- Me dijo, mientras yo no era capaz de dejar de mirarlo directamente a los ojos, tenía unos labios que me daban ganas de comérmelos ahí mismo.
- Ah, pues que lástima, pero podemos ser parceros ¿o no?- le dije, mientras le sonreía maliciosamente, siempre me han dicho que tengo una cara de maloso. - Aha, ¿parceros es como amigos no?- me respondió y yo le hice un gesto de afirmación con la cabeza.
Las cosas iban muy bien, después de eso, pasaron un par de días en los cuales ya habíamos entablado una buena relación de amistad, yo siempre con la excusa de que cualquier cosa en que lo pudiera ayudar, que me buscara. Llegó el viernes de esa semana y ya estaba decidido que esa noche tendría que caer, me había arrancado unas buenas pajas este pelao de mierda, se me salía la leche cuando lo veía.
- Jairo parce, ya que vos no conoces, y que es tu primer fin de semana por estas tierras, que tal si nos vamos para un chalet ( finca cafetera a las afueras de la ciudad)- le dije aprovechando que el chalet era de un amigo que no tenía ningún inconveniente en que lo ocupáramos este fin de semana.
- Aha, mierda compa, lo que pasa es que me daban ganas de quedarme estudiando este fin de semana- Me respondió. - No que va, que estudio ni que mierda, te vas conmigo y te entretienes, apenas llevas una semana de clases- le insistí. - Y somos tú y yo... solos- Me preguntó, a lo que respondí afirmativamente con la cabeza- aha, no se ... - Que?, no confías en mi, este tonto; parcero no le va a pasar nada de lo que no quiera, si te da miedo entonces mejor no vamos y lo dejamos para otra ocasión- le dije.
Después de mucha insistencia, Jairo aceptó, habíamos quedado de vernos para más tarde y salir para el chalet, así fue y ya por la noche estábamos instalados, en el trayecto no podía disminuir mi ansiedad y excitación, la verdad el marica me ponía a mil, ya en la casa del chalet estaba decidido a tirármele de frente, ya le había hecho notar que había algún interés por él, y él, por lo menos parecía corresponderme, ya que también me miraba bastante y era algo curioso con el tema de mis novias, amores y sexo, hasta el momento a las preguntas que me hacía respondía de forma vaga, para que se quedara con las ganas de saber.
- Juan tú tienes novia?- me pregunta. - No parce, pero amores no me faltan- le respondía. - ¿Como así?- preguntó de nuevo- ¿Puras aventuras? - Si, nada serio, me gusta el sexo y lo pienso disfrutar hasta donde pueda- le respondía. - Aha, ¿lo haces muy a menudo? ¿Como haces para conseguirte viejas tan fáciles?- seguía con el interrogatorio. - Tonto ahí está la diferencia, yo soy de mente abierta (y otras cosas)- le dije, mientras me acercaba más y más a él, hasta quedar casi pegados sentados en un sofá. - Aha loco, dímelo suave porque no te entiendo, ¿que quieres decir con eso de mente abierta?- me dijo con un tono de resistencia, se estaba haciendo el difícil.
- Ay parce, vos sabes, deja la mariconada, que ya sabes que me traes a cien, costeñito si está muy lindo, vos me gustás hartísimo- le dije acercándomele muy cerca de su rostro, después hubo un largo silencio, él no sabía que hacer, solo miraba al frente tratando de evitar mi mirada- Que pasó tonto?, no te gusto, si es así, no hay problema, yo no te voy a obligar a nada que vos no quieras... aunque la verdad yo se que vos si querés.
Después de dicho esto acerqué mis labios a los suyos lentamente, no quería obligarlo y quería que me diera todo el permiso de hacerlo, suavemente toqué esos labios con los míos, uff ahora me acuerdo y fue refull, sentí como abría su boca y me daba paso para que con mi lengua empezara a explorar su boca, no me había rechazado para nada, ahora él también empezaba a mover su lengua en torno a la mía, me abalancé sobre él, y quedamos acostados en el sofá yo encima de él, lo recorría con mis manos, todo su cuerpo, entraba mis manos por su lampiño pecho y encontraba sus tetillas que empezaban a erectarse, las cogía y le daba algunos pellizcos, a lo que él soltaba un débil gemido.
Como pudimos nos quitamos la ropa rápidamente quedando desnudos uno sobre el otro, sentía como su verga apuntaba ya al techo y palpitaba en mi abdomen, mientras tanto nuestras lenguas ya se habían entendido perfectamente, una sobre la otra, se invitaban mutuamente a pasar a la boca del otro, no dejé un espacio que no quedara sin exploración, luego seguí con mis besos, pero ahora en su rostro, debajo de sus labios, en sus mejillas, en los párpados, luego a sus orejas, a las cuales succioné como si fueran paleticas, seguí bajando por su cuello, lamiendo y dejando un camino de saliva, luego a su pecho, me detuve en sus tetillas, las sumergí dentro de mi boca y las lamí con mi lengua.
Hasta ese momento sabía donde se detendría mi juego, pero tuve una mejor idea, saltarme una parte para ir a otra que sería para después; lo coloqué de espaldas y empecé a lamer su zona lumbar, fui bajando lentamente mientras mis dedos se introducían en su boca, él parecía que disfrutaba al máximo porque succionaba mis dedos como si fueran una verga, llegué a sus nalgas y él involuntariamente elevó un poco su pelvis para facilitarme el trabajo, me dejó expuesto una belleza de culo prácticamente sin pelos, llevé mi lengua rodeando ese agujero, para luego introducirla en todo su esfínter, sacaba y relamía todo alrededor, él se contorsionaba de placer, luego intercambiaba mi lengua con el dedo, el cual empezaba a mover circularmente y a introducirlo un poco, suavemente masajeaba su interior, sus gemidos eran cada vez más fuertes y empezaba a moverse en busca de más dedo, de más lengua.
El hijueputa estaba gozando de lo lindo, pero al parecer pensó que estaba siendo muy egoísta al dejar el placer solo para él, porque se incorporó, me pidió que me sentara, le obedecí y me senté moviendo mi mano de arriba a abajo por todo mi tronco que ya había alcanzado sus máximos 17 cms, aunque en esta ocasión parecía de mayor tamaño y la excitación me tenía brotando líquido preseminal en forma copiosa, Jairo empezó a besar mi cuello, pero no aguantó mucho y se fue directamente hacia mi verga, cuando sumergió toda su boca en mi verga con una tragaderas impresionante, sentí como si una corriente inundaba todo mi cuerpo, todos mis músculos se tensaron para luego relajarse, cerré los ojos y empecé a disfrutar de la mamada, que cada vez se hacía más fuerte, me cogía el tronco con su mano derecha y sumergía hasta donde alcanzaba.
De vez en cuando rodeaba mi cabeza con los lametones de su lengua o recogía las gotas que brotaban del ojete, lo hacía muy bien, me tenía al borde del orgasmo, por eso le pedí que mermara el ritmo que si seguía así no iba a aguantar mucho.
- Aha, Juan no te vayas a venir todavía que quiero alargar esto- me pidió. - Parce, entonces merma el ritmo que ya tengo la leche en la punta- le respondí.
Siguió con su mamada pero más suave, y se fue hacia mis bolas, llenas de pelos, se las introducía una por una en la boca y allí empezaba a jugar con ellas, siguió su trayecto de lametones por debajo del periné y llegar a la zona anal, estuvo allí introduciéndome su lengua por buen espacio de tiempo, sentía como su cálida lengua se introducía llenándome de un placer indescriptible, no se como pero yo ya estaba totalmente abierto de piernas con la espalda y la cabeza totalmente recostadas en el sofá, dejando mis nalgas al aire, el aprovechó cogiéndome las piernas, colocándolas en sus hombros, y apuntar con su verga tiesa hasta el fondo de mi culo, su verga era una belleza, muy grande, de 19 cms y de buen grosor, totalmente humedecida y brotaba buen líquido de su ojete, sus bolas colgaban y estaban recubiertas de un fino vello castaño, que hacía juego con su piel color miel, se lubricó con una crema que estaba cerca y colocó todo el capullo en la entrada de mi ano, me miró fijamente y se abalanzó sobre mi, quedando sus labios sobre los míos de nuevo, pero esta vez sin llegar a tocarse, nos mirábamos fijamente.
- Me gustás demasiado loco, te voy hacer sentir toda mi tranca adentro- me decía con mucha lujuria - Parcero, quiero que me haga gritar, que me des duro, implacable sobre mi culo- le respondí con el mismo tono.
Dicho esto enterró gran parte con una sola embestida, sentí como se me abría el culo, generándome un fuerte dolor, pero al mismo tiempo un calor que inundaba mi recto.
- Mierda, pero si estás muy rico, me quemas loco, este man si es que está requetecaliente- me decía mientras mordía mis labios y lamía con su lengua mi rostro viendo mis caras de dolor.
Poco a poco el dolor desapareció y se transformó en un placer que no quería que terminara, siguió bombeando, empujándome contra el sofá, empecé a sentir como sus bolas golpeaban mis nalgas, me la había enterrado hasta el fondo, sentía como su verga escarbaba por dentro de mi y me dilataba cada vez más, yo me movía hacia él, cada vez buscando más y más verga, estaba delirando. Él tomó mi verga con su mano y empezó a pajearme al mismo ritmo en que me embestía, no aguanté mucho y empecé a expulsar leche por chorros, él no dejaba de mover toda su mano por mi verga y me estaba haciendo un gran ordeño.
Su lengua ahora estaba en mi garganta y mi culo empezó a contraerse, tratando de hacerle fuerza a esa verga, él quedó a punto de venirse, por lo que nos colocamos en un 69, mientras yo le chupaba todo su pito él me limpiaba de los restos de mi semen que aun quedaban en mi ojete, no duró mucho y sentí como mi boca se inundaba de litros y litros de leche, que no alcanzaba a tragarme al ritmo que él expulsaba, así seguimos durante varios minutos, ambos tirados en el suelo, tomándose todos los restos de nuestras corridas, la erección de ambos en ningún momento bajó, y yo ya me estaba excitando de nuevo, por lo cual fui introduciendo un dedo en su culo mientras que con mi boca trataba de tragarme lo más posible, en tal forma que lograban darme arcadas.
Pronto ya no fue un dedo sino dos y tres, hasta que Jairo no aguanto más y me pidió que se lo metiera, lo coloqué en cuatro sobre el piso de la sala, y volví con mi labor mamatoria de ese culito que pronto iba a ser profanado, me lubriqué bien mi verga y con un dedo lo lubriqué a él por dentro, recosté todo mi cuerpo sobre él y empecé a lamer su oreja por detrás y diciéndole que me gustaba reharto; introduje lentamente y empezó a gritar, después de un rato de lenta penetración sentí como toda mi verga se encontraba dentro, estaba bien estrecho y supercaliente allí dentro, se contraía haciéndome sufrir de placer, empecé con el bombeo subiendo mi pelvis para luego dejarla caer y enterrársela hasta el fondo.
Pronto empecé a eyacular dentro de él, me vine en manera copiosa, ya que él no se había venido seguí bombeándolo durante un tiempo ahora con una movilidad mucho más facilitada ya que estaba totalmente mojado, ahora se oía el sonido del golpe de mi verga contra la leche, así seguí dándole hasta que sentí como su culo se contraía desesperadamente, mientras de su boca salían gritos de placer. Nos quedamos los dos acostados en el sofá, dándonos tiernos besos, yo lo abracé y él se durmió en mi pecho, nos despertamos a eso de las siete de la mañana y empezamos una nueva sesión de sexo, esta vez mientras nos duchábamos, se la enterré hasta que me vine para luego mamársela; así seguimos todo el día, lo hicimos en la piscina, en la cocina, en la cama, de nuevo en aquel sofá, el sexo con este costeño era muy bueno, estaba libre de prejuicios y mariconadas, a ambos nos gustaba sacarnos los miedos y hacer de todo hasta intentamos formar un trío con un finqueño vecino, pero sin mucho éxito. Ese fin de semana había pasado espectacular, había tenido muy buen sexo, sano y libre, hasta que llegó el domingo a eso de las 2 de la tarde, después de almorzar empezamos a conversar y él me salió con una pregunta que no me esperaba.
- Aha, Juan, y tú y yo ¿en que quedamos ahora?- Me preguntó con un tono muy serio. - ¿Como así?- le respondí haciéndome el desentendido. - Si loco, ¿de pareja o solo me rumbeaste por un fin de semana?- continuó. - Parce, vos me gustás mucho, cuando vos quieras volvemos a venir o donde quieras, yo estoy totalmente disponible, pero entablar una relación formal en este momento no es lo que quiero- le respondí... - Aha, ya veo, o sea que Juan me rumbeaste a lo bien, y ni te importó si yo quería algo diferente, a mi no me gustás para tener sexo, a mi me gustás para tenerte a mi lado- me decía mientras su cara empezaba con gestos de rabia, me hizo sentir algo mal y no le respondí.- Yo quiero que nos cuadremos loco- terminó. - No parce, no quiero nada serio- le respondí muy seriamente.
Posteriormente se paró, se fue hacia la casa y al rato vi como salía con su mochila y se fue del chalet sin que lo pudiera detener, la verdad ni traté de detenerlo, era mejor que se fuera, lástima que quedara tan dolido, pensé.
Pero al parecer entusiasmé demasiado al pelao, porque al otro día en la U, me volvió a pedir, me llamó todo el día siempre diciéndome que fuéramos algo más que simples amigos de folladitas esporádicas, yo siempre le salía con una respuesta negativa, pero cada vez que intentaba le iba quitando fuerza a mi argumento. Por el consejo de un amigo y ante su insistencia terminé aceptando.
La verdad la relación fue muy buena, cada día él me ganaba más, y empecé a quererlo de verdad y me enamoré, perdidamente, creo que ha sido uno de los grandes errores de mi vida, porque exactamente cuando yo estaba más encarretado, él empezó a cambiar, cada vez era menos cariñoso y menos simpático, empezamos a pelear hasta que llegó el día en que me terminó, me hizo sufrir como un hijueputa, pero lo peor fue cuando me enteré a la semana la razón de su respectivo cambio, había otra persona, y lo más fuerte y lo que me dio más duro fue que era una vieja, me quedé estupefacto cuando me enteré que a la semana de haber terminado conmigo se había cuadrado con la pelada, esa misma noche lo busqué y nos dimos duro, fue una forma bastante inmadura de terminar con algo muy bonito, pero a mi la ira me cegó.
Hoy en día, me toca aguantarme que me restriegue la vieja por la cara todos los días, ya que ambos estudian juntos, ya casi ni me importa pero la verdad todavía no lo he superado, pero no he caído las veces que me ha vuelto a buscar, sobretodo cuando se emborracha y se le sube la mariconada a la cabeza, varias veces me ha llamado pidiéndome perdón, prometiéndome que la va a dejar, pero no hijueputa, yo de esa mierda no comeré.
