Era algo que desde hacía mucho tiempo, tenía la curiosidad de experimentar, pero nunca se habían dado las condiciones necesarias. Pero una cosa, que en mi sano juicio, jamás ni nunca me había atrevido, ni a tan siquiera pensar seriamente en ello. Pero como ya dije, pienso que se dieron las condiciones necesarias, y de limitarme a preguntarme a mí mismo ocasionalmente, ¿Qué se sentiría el estar siendo penetrado por una buena verga?. Creo que ante todo, me paralizaba el miedo que sentía, de llegar a ser descubierto, o qué pensarían de mi, si mis amistades y familia si se enterase, eso por una parte, mientras que por la otra, en cierta manera me repugnaba la sola idea, el tener a otro hombre como yo acostado sobre mi cuerpo. Por lo que pensaba yo que ante esa repulsiva idea de acostarme con un hombre, jamás llegaría a experimentar que se sentiría ser penetrado. En ese instante sentí su mano sobre mi nuca, y de manera lenta sin realmente hacer mucha presión, fue bajando mi cabeza hasta que su verga estuvo al alcance de mi boca. La escuché decirme, si quieres darte el gusto de besarla, por mí no te detengas. En ese momento su erecta verga, completamente depilada, a tan pocos centímetros de mi boca, no hizo falta que me lo volviera a repetir, cerré mis ojos, al tiempo que mi lengua comenzaba a lamer su colorado glande. Lentamente Roció fue acercando más y más mi boca a su verga, hasta que llegué a punto en que me encontraba mamándosela completamente. Era algo que desde hacía mucho tiempo, tenía la curiosidad de experimentar, pero nunca se habían dado las condiciones necesarias. Pero una cosa, que en mi sano juicio, jamás ni nunca me había atrevido, ni a tan siquiera pensar seriamente en ello. Pero como ya dije, pienso que se dieron las condiciones necesarias, y de limitarme a preguntarme a mí mismo ocasionalmente, ¿Qué se sentiría el estar siendo penetrado por una buena verga?. Creo que ante todo, me paralizaba el miedo que sentía, de llegar a ser descubierto, o qué pensarían de mi, si mis amistades y familia si se enterase, eso por una parte, mientras que por la otra, en cierta manera me repugnaba la sola idea, el tener a otro hombre como yo acostado sobre mi cuerpo. Por lo que pensaba yo que ante esa repulsiva idea de acostarme con un hombre, jamás llegaría a experimentar que se sentiría ser penetrado. En ese instante sentí su mano sobre mi nuca, y de manera lenta sin realmente hacer mucha presión, fue bajando mi cabeza hasta que su verga estuvo al alcance de mi boca. La escuché decirme, si quieres darte el gusto de besarla, por mí no te detengas. En ese momento su erecta verga, completamente depilada, a tan pocos centímetros de mi boca, no hizo falta que me lo volviera a repetir, cerré mis ojos, al tiempo que mi lengua comenzaba a lamer su colorado glande. Lentamente Roció fue acercando más y más mi boca a su verga, hasta que llegué a punto en que me encontraba mamándosela completamente.
En fin mi cabeza era todo un lio de ideas, hasta que en las navidades pasadas, se dieron las condiciones necesarias, por una parte, mi mujer y mi hija quisieron pasar las navidades en casa de mi suegra, como yo había comenzado a desempeñarme como gerente de la sucursal del banco donde trabajo, ni pensar en tomar vacaciones para esa fecha. Por lo que la única solución razonable era que ellas dos fueran a casa de mi suegra. En esos momentos, no pensaba en mi secreto deseo, pero por otra parte, justo el día en que mi mujer y mi hija salieron de viaje, uno de los empleados de la sucursal entró a mi oficina, indicándome que se le había presentado un pequeño problema con una cliente, cuando le pregunté de que problema se trataba me comentó de manera discreta y bajando su tono de voz, que era sobre la identidad de la persona que estaba atendiendo, y que deseaba abrir una cuenta.
Realmente estuve a punto de mandarlo de paseo, pero cuando me señaló a través del cristal de mi oficina a una mujer bien llamativa, alta, rubia con hermosos ojos azules, y dueña de un escultural cuerpo. Y justo de inmediato me entregó su pasaporte, y al verlo me sorprendí ya que se trataba de un tío. Pero algo dentro de mi me hizo responder de inmediato, que la pasara a mi despacho, yo me imagino que debí tener la boca abierta, cuando a mi oficina entró ella, sin pérdida de tiempo fue al grano y me dijo, como verá en mi pasaporte mi nombre es Arturo y solo espero que sea eso suficiente como para poder abrir una cuenta de cheques a mi nombre, a menos que sea necesario que me vista de hombre para ello. La verdad es que casi no dije palabra, simplemente tomé sus datos, y a manera de disculpa le dije que ese empleado era algo tonto, que no debió hacerle perder el tiempo.
Después de eso, Roció como dijo llamarse, me dio las gracia y comentó que le comunicaría a todas sus amigas, que cuando desearan abrir una cuenta que me buscasen a mi directamente, mientras que yo no sabía ni que responderle. Después de que salió de mi oficina, yo quedé realmente impresionado por la hermosa figura de Roció, sus finos modales, y elegante porte. Tanto que durante el resto del día no hice otra cosa que pensar en ella. Esa tarde al salir en lugar de dirigirme a casa como de costumbre, me encaminé en dirección al negocio que Roció me indicó que era dueña. Un pequeño restaurante especializado en comida gourmet, ya dentro todo me pareció del gusto más fino y exquisito.
De inmediato una mesera negrita, apenas vestida con un corto y escotado traje que dejaba ver prácticamente sus bien paradas y llamativas nalgas, al igual que prácticamente sus voluptuosos senos, me comenzó a atender, entregándome de manera bien coqueta sin decir una sola palabra el menú, de momento llegó un chico algo afeminado y llamó a la mesera Pepe, y al esta responderle que se esperase, su grave tono de voz, me hizo caer en cuenta, de que se trataba también de otro hombre.
Cené, ya había terminado y esperaba que la mesera me trajera la cuenta, cuando apareció Roció, a diferencia de cómo fue vestida al banco, lucía un hermoso traje rojo, bien descotado, que se amoldaba perfectamente sobre su hermoso y llamativo cuerpo, con una hermosa sonrisa entre sus labios se acercó a mi mesa y de la manera más natural, tomó asiento a mi lado. Al principio me deshice en elogios tanto a la comida como a la buena decoración del restaurante, hasta que de momento ella, simplemente me preguntó directamente, que buscaba yo. En realidad me sorprendió su pregunta, y solo alcancé a responderle que en honor a la verdad, yo mismo no sabía qué era lo que buscaba. En ese instante pedí la cuenta, pagué y me disculpé, no sé ni por qué. Ya estaba a punto de marcharme, cuando Roció, me tomó por el brazo, y de la manera más seductora me invitó a que la acompañase.
Fuimos a la parte trasera del negocio, subimos unas escaleras hasta su apartamento, y ya dentro, tras tomar asiento en un suave sofá, me invitó una copa de vino. Yo no sabía ni que hacer, para colmo sus hermosos senos parecían que en cualquier momento se saldrían del vestido, por lo que mis ojos no dejaban de mirarlos. Para mis adentros me decía a mi mismo que simplemente se trataba de otro hombre, pero vestido de mujer, pero con un cuerpo llamativamente hermoso. Fue cuando nuevamente Roció me preguntó sin rodeos, que era lo que buscaba.
Nuevamente me quedé sin saber que responderle, aparte de repetir que yo mismo no lo sabía. Ella acercó su cuerpo más al mío, y sin aviso alguno, me tomó por el rostro con ambas manos, y me ha dado un beso que me llegó hasta el tuétano de mis huesos. Por unos instantes quedé como petrificado, pero el contacto de sus cálidos labios contra los míos, me llevó casi de inmediato a darle un abrazo. En cosa de segundos ambos nos besábamos apasionadamente, mis manos recorrían casi todo su cuerpo, y ella comenzó a ir desabotonándome toda la ropa.
En cosa de minutos yo ya estaba parcialmente desnudo, mientras que ella seguí hermosamente vestida con su vestido rojo. Mi boca y mis labios buscaron sus senos, los que apenas toqué la tela de su vestido, quedaron completamente libres ante mis azorados ojos y casi de inmediato me dediqué a chuparle sus hermosas tetas intensamente, mientras que mis manos, continuaban acariciando todo su cuerpo. Hasta que me topé con ese caliente y grueso bulto entre sus piernas, por unos momentos una de mis manos lo palpó por sobre su ropa íntima, no me quedaba la menor duda de que se trataba.
En ese instante escuché a Roció decirme, en un tono de voz acaramelado, me parece que ya sabes que es lo que deseas. A pesar de que me moría de la vergüenza, asentí con mi cabeza, al tiempo que ella lentamente comenzó a subirse la falda del vestido. Mientras que mi mano continuaba acariciando, suavemente por sobre su ropa íntima, ese grueso y caliente bulto, que tenía entre sus piernas.
Aunque yo sabía de sobra, que era lo que yo estaba agarrando por encima de la tela de sus pantaletas, cuando de momento y después de un rápido movimiento se las quitó y emergió su miembro, sorprendido me le he quedado viéndolo completamente, algo más grande y grueso que el mío, además su colorado glande completamente expuesto ante mis ojos parecía tener vida propia.
Por un buen rato no hice otra cosa que mamar su verga, en mi vida había considerado llegar hacerle eso a otro hombre, pero con Roció me sentía tan cómodo haciéndoselo, que hasta disfrutaba el tener su verga entre mis labios y chupársela intensamente, hasta que ella separando mi rostro de su cuerpo y viéndome directamente a los ojos me preguntó si yo deseaba que ella me la metiera. Sentí que mi rostro que estaba más rojo que un tomate, pero con todo y eso, dejé escapar un rápido sí. Roció, me recostó sobre el sofá, y con suma facilidad me despojó de mi interior y medias, mientras me daba otra copa de vino, casi de inmediato me indicó que regresaba enseguida, mientras que yo ya del todo desnudo trataba de organizar mis ideas dentro de mi cabeza al tiempo que seguía bebiendo el vino. Cuando regresó casi de inmediato, pasó una cálida toalla mojada entre mis nalgas las que separó y comenzó a pasarme de manera suave y repetida sus dedos por todo el hueco de mi culo.
Cada vez que los sentía un raro y desconocido placer se apoderaba de todo mi cuerpo, su melosa voz me fue diciendo paso a paso lo que estaba por realizar, lo que en medio de todo me daba una gran confianza en ella. Con algo como aceite continuó acariciando todo mi esfínter, y sus dedos comenzaron a abrirse camino entre mis nalgas. Aunque en ciertos momentos sentía una gran vergüenza, el placer de sentir sus dedos introduciéndolos repetidamente dentro de mi cuerpo era algo completamente nuevo y desconocido para mí. Al punto que cuando los retiró casi se lo reprocho, pero en ese instante con toda su calma me pidió que me diera vuelta. Yo le obedecí de inmediato, y ella sin prisa alguna me tomó por los tobillos separó y levantó mis piernas, para luego acercar su hermoso cuerpo al mío. Ante mí tenía a una hermosa hembra que estaba comenzando a penetrarme, con su tremendo miembro. Sus senos al aire, se movían seductoramente, mientras que comencé a sentir que mis nalgas se comenzaban a separar a medida que su verga penetraba mi culo.
Lo cierto es que en parte me dolió algo, pero su seguridad y la manera en que comenzó a moverse, pienso que facilitaron enormemente la penetración. En esos instantes me encontraba en la gloria, era la primera vez que me dejaba hacer eso, y lo mejor de todo era que lo disfrutaba enormemente, sobre todo cuando incliné mi cuerpo ligeramente hacia adelante y vi claramente como su buen trozo de carne entraba y salía de mi cuerpo. A medida que Roció continuaba metiendo y sacando su verga de entre mis nalgas, yo las movía de un lado a otro.
En esos momentos me dieron unas intensas ganas de masturbarme, pero ella detuvo mi mano, y me dijo que procurase disfrutarlo al máximo. Cosa que hice, y obedeciendo sus órdenes no insistí nuevamente en masturbarme. Por un buen rato Roció continuó bombeando mi culo, metiendo y sacando su verga, ante mi atónita mirada. Hasta que me indicó, tras sacar su verga que me diera vuelta nuevamente. Más rápido que inmediatamente le hice caso, dejando mi culo en pompa, hasta que ella nuevamente me volvió a penetrar.
Por otro buen raro sentí su verga entrando y saliendo de mi cuerpo, hasta que sus movimientos se fueron acelerando. Yo por iniciativa propia comencé a abrir y cerrar mi esfínter a voluntad, hasta que sus penetraciones fueron profundas y mucho más lentas. Hasta que finalmente se detuvo del todo. Mientras que yo como un loco movía mis caderas buscando obtener una mayor satisfacción. Cuando después de un corto rato ella extrajo su verga de mi culo. No sé cómo pero me vine sin tocarme.
Al terminar yo me quedé en silencio, mientras que Roció se dirigió al baño, al que me llamó casi de inmediato, y al que me dirigí sin levantar la mirada del piso. Después de esa experiencia, Roció y yo nos vemos casi a diario, yo disfruto de todo aquello que ella desea hacerme, sin chistar.
En fin mi cabeza era todo un lio de ideas, hasta que en las navidades pasadas, se dieron las condiciones necesarias, por una parte, mi mujer y mi hija quisieron pasar las navidades en casa de mi suegra, como yo había comenzado a desempeñarme como gerente de la sucursal del banco donde trabajo, ni pensar en tomar vacaciones para esa fecha. Por lo que la única solución razonable era que ellas dos fueran a casa de mi suegra. En esos momentos, no pensaba en mi secreto deseo, pero por otra parte, justo el día en que mi mujer y mi hija salieron de viaje, uno de los empleados de la sucursal entró a mi oficina, indicándome que se le había presentado un pequeño problema con una cliente, cuando le pregunté de que problema se trataba me comentó de manera discreta y bajando su tono de voz, que era sobre la identidad de la persona que estaba atendiendo, y que deseaba abrir una cuenta.
Realmente estuve a punto de mandarlo de paseo, pero cuando me señaló a través del cristal de mi oficina a una mujer bien llamativa, alta, rubia con hermosos ojos azules, y dueña de un escultural cuerpo. Y justo de inmediato me entregó su pasaporte, y al verlo me sorprendí ya que se trataba de un tío. Pero algo dentro de mi me hizo responder de inmediato, que la pasara a mi despacho, yo me imagino que debí tener la boca abierta, cuando a mi oficina entró ella, sin pérdida de tiempo fue al grano y me dijo, como verá en mi pasaporte mi nombre es Arturo y solo espero que sea eso suficiente como para poder abrir una cuenta de cheques a mi nombre, a menos que sea necesario que me vista de hombre para ello. La verdad es que casi no dije palabra, simplemente tomé sus datos, y a manera de disculpa le dije que ese empleado era algo tonto, que no debió hacerle perder el tiempo.
Después de eso, Roció como dijo llamarse, me dio las gracia y comentó que le comunicaría a todas sus amigas, que cuando desearan abrir una cuenta que me buscasen a mi directamente, mientras que yo no sabía ni que responderle. Después de que salió de mi oficina, yo quedé realmente impresionado por la hermosa figura de Roció, sus finos modales, y elegante porte. Tanto que durante el resto del día no hice otra cosa que pensar en ella. Esa tarde al salir en lugar de dirigirme a casa como de costumbre, me encaminé en dirección al negocio que Roció me indicó que era dueña. Un pequeño restaurante especializado en comida gourmet, ya dentro todo me pareció del gusto más fino y exquisito.
De inmediato una mesera negrita, apenas vestida con un corto y escotado traje que dejaba ver prácticamente sus bien paradas y llamativas nalgas, al igual que prácticamente sus voluptuosos senos, me comenzó a atender, entregándome de manera bien coqueta sin decir una sola palabra el menú, de momento llegó un chico algo afeminado y llamó a la mesera Pepe, y al esta responderle que se esperase, su grave tono de voz, me hizo caer en cuenta, de que se trataba también de otro hombre.
Cené, ya había terminado y esperaba que la mesera me trajera la cuenta, cuando apareció Roció, a diferencia de cómo fue vestida al banco, lucía un hermoso traje rojo, bien descotado, que se amoldaba perfectamente sobre su hermoso y llamativo cuerpo, con una hermosa sonrisa entre sus labios se acercó a mi mesa y de la manera más natural, tomó asiento a mi lado. Al principio me deshice en elogios tanto a la comida como a la buena decoración del restaurante, hasta que de momento ella, simplemente me preguntó directamente, que buscaba yo. En realidad me sorprendió su pregunta, y solo alcancé a responderle que en honor a la verdad, yo mismo no sabía qué era lo que buscaba. En ese instante pedí la cuenta, pagué y me disculpé, no sé ni por qué. Ya estaba a punto de marcharme, cuando Roció, me tomó por el brazo, y de la manera más seductora me invitó a que la acompañase.
Fuimos a la parte trasera del negocio, subimos unas escaleras hasta su apartamento, y ya dentro, tras tomar asiento en un suave sofá, me invitó una copa de vino. Yo no sabía ni que hacer, para colmo sus hermosos senos parecían que en cualquier momento se saldrían del vestido, por lo que mis ojos no dejaban de mirarlos. Para mis adentros me decía a mi mismo que simplemente se trataba de otro hombre, pero vestido de mujer, pero con un cuerpo llamativamente hermoso. Fue cuando nuevamente Roció me preguntó sin rodeos, que era lo que buscaba.
Nuevamente me quedé sin saber que responderle, aparte de repetir que yo mismo no lo sabía. Ella acercó su cuerpo más al mío, y sin aviso alguno, me tomó por el rostro con ambas manos, y me ha dado un beso que me llegó hasta el tuétano de mis huesos. Por unos instantes quedé como petrificado, pero el contacto de sus cálidos labios contra los míos, me llevó casi de inmediato a darle un abrazo. En cosa de segundos ambos nos besábamos apasionadamente, mis manos recorrían casi todo su cuerpo, y ella comenzó a ir desabotonándome toda la ropa.
En cosa de minutos yo ya estaba parcialmente desnudo, mientras que ella seguí hermosamente vestida con su vestido rojo. Mi boca y mis labios buscaron sus senos, los que apenas toqué la tela de su vestido, quedaron completamente libres ante mis azorados ojos y casi de inmediato me dediqué a chuparle sus hermosas tetas intensamente, mientras que mis manos, continuaban acariciando todo su cuerpo. Hasta que me topé con ese caliente y grueso bulto entre sus piernas, por unos momentos una de mis manos lo palpó por sobre su ropa íntima, no me quedaba la menor duda de que se trataba.
En ese instante escuché a Roció decirme, en un tono de voz acaramelado, me parece que ya sabes que es lo que deseas. A pesar de que me moría de la vergüenza, asentí con mi cabeza, al tiempo que ella lentamente comenzó a subirse la falda del vestido. Mientras que mi mano continuaba acariciando, suavemente por sobre su ropa íntima, ese grueso y caliente bulto, que tenía entre sus piernas.
Aunque yo sabía de sobra, que era lo que yo estaba agarrando por encima de la tela de sus pantaletas, cuando de momento y después de un rápido movimiento se las quitó y emergió su miembro, sorprendido me le he quedado viéndolo completamente, algo más grande y grueso que el mío, además su colorado glande completamente expuesto ante mis ojos parecía tener vida propia.
Por un buen rato no hice otra cosa que mamar su verga, en mi vida había considerado llegar hacerle eso a otro hombre, pero con Roció me sentía tan cómodo haciéndoselo, que hasta disfrutaba el tener su verga entre mis labios y chupársela intensamente, hasta que ella separando mi rostro de su cuerpo y viéndome directamente a los ojos me preguntó si yo deseaba que ella me la metiera. Sentí que mi rostro que estaba más rojo que un tomate, pero con todo y eso, dejé escapar un rápido sí. Roció, me recostó sobre el sofá, y con suma facilidad me despojó de mi interior y medias, mientras me daba otra copa de vino, casi de inmediato me indicó que regresaba enseguida, mientras que yo ya del todo desnudo trataba de organizar mis ideas dentro de mi cabeza al tiempo que seguía bebiendo el vino. Cuando regresó casi de inmediato, pasó una cálida toalla mojada entre mis nalgas las que separó y comenzó a pasarme de manera suave y repetida sus dedos por todo el hueco de mi culo.
Cada vez que los sentía un raro y desconocido placer se apoderaba de todo mi cuerpo, su melosa voz me fue diciendo paso a paso lo que estaba por realizar, lo que en medio de todo me daba una gran confianza en ella. Con algo como aceite continuó acariciando todo mi esfínter, y sus dedos comenzaron a abrirse camino entre mis nalgas. Aunque en ciertos momentos sentía una gran vergüenza, el placer de sentir sus dedos introduciéndolos repetidamente dentro de mi cuerpo era algo completamente nuevo y desconocido para mí. Al punto que cuando los retiró casi se lo reprocho, pero en ese instante con toda su calma me pidió que me diera vuelta. Yo le obedecí de inmediato, y ella sin prisa alguna me tomó por los tobillos separó y levantó mis piernas, para luego acercar su hermoso cuerpo al mío. Ante mí tenía a una hermosa hembra que estaba comenzando a penetrarme, con su tremendo miembro. Sus senos al aire, se movían seductoramente, mientras que comencé a sentir que mis nalgas se comenzaban a separar a medida que su verga penetraba mi culo.
Lo cierto es que en parte me dolió algo, pero su seguridad y la manera en que comenzó a moverse, pienso que facilitaron enormemente la penetración. En esos instantes me encontraba en la gloria, era la primera vez que me dejaba hacer eso, y lo mejor de todo era que lo disfrutaba enormemente, sobre todo cuando incliné mi cuerpo ligeramente hacia adelante y vi claramente como su buen trozo de carne entraba y salía de mi cuerpo. A medida que Roció continuaba metiendo y sacando su verga de entre mis nalgas, yo las movía de un lado a otro.
En esos momentos me dieron unas intensas ganas de masturbarme, pero ella detuvo mi mano, y me dijo que procurase disfrutarlo al máximo. Cosa que hice, y obedeciendo sus órdenes no insistí nuevamente en masturbarme. Por un buen rato Roció continuó bombeando mi culo, metiendo y sacando su verga, ante mi atónita mirada. Hasta que me indicó, tras sacar su verga que me diera vuelta nuevamente. Más rápido que inmediatamente le hice caso, dejando mi culo en pompa, hasta que ella nuevamente me volvió a penetrar.
Por otro buen raro sentí su verga entrando y saliendo de mi cuerpo, hasta que sus movimientos se fueron acelerando. Yo por iniciativa propia comencé a abrir y cerrar mi esfínter a voluntad, hasta que sus penetraciones fueron profundas y mucho más lentas. Hasta que finalmente se detuvo del todo. Mientras que yo como un loco movía mis caderas buscando obtener una mayor satisfacción. Cuando después de un corto rato ella extrajo su verga de mi culo. No sé cómo pero me vine sin tocarme.
Al terminar yo me quedé en silencio, mientras que Roció se dirigió al baño, al que me llamó casi de inmediato, y al que me dirigí sin levantar la mirada del piso. Después de esa experiencia, Roció y yo nos vemos casi a diario, yo disfruto de todo aquello que ella desea hacerme, sin chistar.
