Llegué a Granada el primer día de octubre, después de haber dormido apenas dos horas y tres días de marcha y alcohol a tope. La primera semana no había sexo, nada destacable, necesitaba ubicarme y no tenía tiempo para pensar en tíos o eso creía yo.

El domingo me levanté muy tarde, no había salido de fiesta, pero todavía tenía síntomas de la resaca del fin de semana anterior. Cuando salí de mi cuarto con el pantaloncito corto del pijama y una toalla para darme una ducha, me encontré con el ruso en el salón. Se llama VV, tiene 26 años, es rubio, ojos azules, de estatura media y complexión normal, lampiño excepto en esa excitante línea que baja desde su ombligo y se pierde entre la escasa ropa que solemos llevar en casa, todavía no hace demasiado frío. Le saludo y me voy a la ducha, aún estoy medio dormido, el agua helada me despeja y aleja todo pensamiento calenturiento de mi cabeza, pero por poco tiempo claro.

Volvía a mi habitación embutido en mi albornoz blanco y de nuevo tenía que pasar por el salón, VV estaba llorando; nunca pude ver llorar a un hombre sin estremecerme, sobretodo a un hombre tan guapo y de mirada dura; ahora lo percibo como débil, vulnerable; me siento en la necesidad de protegerlo, ayudarlo.

- VV, ¿qué pasa? - Oh, nada, mi muy amiga Mg, la norteamericana ya sabes, demasiado tiempo sin verla, un pasaje es demasiado caro, este mes tampoco puede venir. - ¡Pobre!, ¿quieres que hablemos?, ¿cómo puedo ayudarte?.

 

Me mira a los ojos, recojo una lágrima de su mejilla derecha e instintivamente llevo el índice a mi boca. Ese gesto no tenía ninguna intención sexual, al menos de manera consciente. VV sonrió, sus labios se arquearon ligeramente, pero sus ojos sonreían a los míos con un brillo distinto. 

- Sí. No te gustan los chicos, ya lo sé, me lo dijiste, perdona. Te prometo que no pensaba en nada raro. - Yo no he dicho nada Oskar. Gracias, me ayuda saber que puedo contar contigo. - Ok, voy a mi cuarto a ponerme algo de ropa que hace fresquito.

Le guiñé un ojo desde la puerta y la cerré tras la mejor de mis sonrisas: amplia, franca, y ahora sí, coqueta. Apenas cerré la puerta se escuchó la ducha. VV se ha relajado pensé. Me tumbé un rato a pensar en él, por decirlo así. Solté el pelo de la coleta y me cubrí con una sábana. La tarde estaba declinando; la persiana medio bajada, un par de velas daban cierto aire místico al ambiente, que se completaba con un solo de piano de algún disco regalado.

La temperatura hacía que mis pezones estuvieran durísimos, me encantaba rozarlos con la punta de los dedos, hacía mucho tiempo que no tenía sexo y me excitaba con facilidad. Llaman a la puerta, joder.

- ¿Quién? - Oskar soy yo, ¿puedo entrar? - ¿VV? Sí claro, un momento…

Me puse mi pijama azul y abrí la puerta. Me encontré con la preciosa sonrisa de VV (nunca le había visto sonreír así, es más, nunca más lo ha hecho).

- Dime. - ¿Puedo entrar? - Claro, ¿qué pasa? - Me dijiste que si quería... - Venga siéntate, podemos hablar lo que necesites.

Me contó que Mg no le llamaba desde hacía una semana y que no respondía a sus llamadas; que él creía que estaba enamorado y no podía salir con otras chicas, ya hacía más de dos meses que se había ido y nada de chicas dijo medio ruborizado. Yo me estaba excitando, no podía evitar mirar de hito en hito su entrepierna, estaba sentado de medio lado, en mi cama claro, porque en el cuarto no hay sillas, y no se si veía o imaginaba unas bolas grandes, casi lampiñas, con pelitos medio rubios, más claros que los de la mayoría de españoles, pero no eran rubios (después los vi). El pantaloncito celeste empezaba a moverse por sí mismo, algo entre mis piernas cobraba vida, como ahora al recordarlo, y VV se había dado cuenta.

- Oskar, ¿también estás con ganas? - Esto...VV lo siento, pero
no puedo evitarlo. Si te molesta déjame un rato y vístete, porque se te ve todo.


(Silencio) que incómodo era, no se si un par de minutos o más. Finalmente VV despegó los labios.

- ¿Todo? ¿a qué te refieres?, pensé que te gustaría. - No puedes jugar conmigo VV, nunca se sabe como vas a acabar. Si me provocas acabaré follándote cielo.

VV se levantó entre risas y salió de mi habitación, se volvió desde el pasillo y entró sin su albornoz. 

- Ahora ves todo; sonrió y cerró la puerta del cuarto. 

Este chico me tenía loco, me hice muchas pajas pensando en él desde que le conocí en julio, es más, elegí el piso porque él vivía aquí. Me acordé de todas esas sesiones de caricias solitarias y mi polla apareció por la pernera del pantalón. Debía de tener cara de orgasmo, porque VV se reía mientras preguntaba: 

- ¿Ya te corriste cielo? Yo pensé que me ayudarías.

Agarró mi polla metiendo la mano en el pantaloncito. Umm, como me excita ese calorcito después del frío de la ducha. La verga de VV había despertado, tenía una polla muy bonita, no era enorme, pero estaba extrañamente proporcionada, del mismo tono que el resto de su piel y sin un pelo, sólo la delgada línea que le bajaba desde el ombligo. VV me mordió la boca y yo decidí que eso ya no era jugar a calentarme, retiré su mano de mi polla entre protestas.

- ¿Ya no quieres follar conmigo cielo?

Me encanta cuando un hombre me llama cielo, y en una de nuestras primeras conversaciones, en la cocina creo, se lo había contado. También me encantaba el juego de la seducción, era él quien daba cada paso.

Me levanté para quitarme el pijama y VV se acostó en mi cama con las piernas súper abiertas, ocupando todo.



- ¿Me dejas un sitio cielo? le dije remarcando la última palabra, como haciendo notar que había descubierto su arma. - Claro, ven aquí señaló el hueco entre sus piernas, aquí mientras se acariciaba los huevos, aquí en el centro de su pecho, aquí mientras acariciaba sus labios con elíndice. 

No le dejé seguir. Tenía que follármelo, estaba decidido. 

- Sí cielo, ahí esta bien, y ahí y ahí… Repasé con mis manos todas las partes que él me había indicado. Me puse de rodillas en el hueco entre sus piernas y me incliné para besarle, avanzando lentamente con mis manos por sus costados, lamiendo su abdomen desde su ombligo, siguiendo la línea sobre su esternón, el cuello, la barbilla. 

- Cierra los ojos cielo le di un beso en la frente y metí mi lengua en su boca, mientras mis manos, las dos, se perdían algo más abajo como movidas por una fuerza suprema. Abrió los ojos, todavía con lengua dentro de mi boca empezó a hablar, no le entendía así que me levanté y él me siguió hasta lamer mis labios, para dejarse caer otra vez en el colchón.

- ¡Tienes un piercing en la lengua! No lo había visto antes. 

Estaba rojo, no se si del calentón o de vergüenza, o de las dos cosas, pero me divertía verlo así.

- ¿Puedo? Claro que puedo cielo, pero tendrás que decirlo, si no será imposible - ¿Puedes chupar? - Puedo, ¿qué quieres que chupe? - Chupa mi polla. - Claro cielo lo que tú quieras. - Quiero saber como se siente con eso en la lengua, además me excita mucho pensar en tu boca con mi polla dentro y que me mires a los ojos mientras te la tragas.

Antes de que acabara de decirlo me la había tragado hasta el fondo; estaba buena, olía a jabón, pero mantenía el sabor de macho joven que tanto me gusta. Qué delicia comerse una polla como esa, espero que la norteamericana siga sin venir. VV dejó de hablar, sólo se escuchaba algún gemido entrecortado y sentía también su mano grande acariciando mi nuca.

Me encanta sentir una polla creciendo en mi boca, comer rabos jóvenes es toda una afición. Cuando estuvo bien crecidita la saqué de mi boca y empecé a darle lamidas en el glande, para bajar a los huevos de vez en cuando. En cada bajada llegaba un poco más lejos, y los gemidos se acentuaban en la medida en que me acercaba a su ano. No sabía si me dejaría follármelo, pero iba a intentarlo. El truco estaba en no descuidar nunca su masculinidad; cuando le comía el culito le pajeaba suave o le masaj
eaba las bolas. Qué gusto esa tarde de domingo. Subí de nuevo hasta su rabo y me lo comí enterito, empecé a mamársela de nuevo y sorpresa.


- Quiero que me hagas eso otra vez.

Yo intentaba repetir los movimientos febriles de mi lengua, sin decir nada, disfrutando de la preciosidad que tenía entre los labios.

- No cielo. - ¿Quieres que pare? - No quiero que pares nunca. Quiero sentir tu lengua en el culo de nuevo, me encanta lo que me has hecho.

Me arrodillé delante de él y le ayudé a incorporarse hasta quedar a mi altura. Me sorprendió la manera en que se abalanzó a mi cuello, a la vez que agarraba mi polla durísima y me pajeaba despacio, como yo había hecho con él. Tenía que pararlo, no quería correrme entre sus dedos. Al menos hoy no.

- Hoy es tu día, sólo pídeme lo que quieras. Quédate así.
Me bajé de la cama y me senté en el borde, me eché hacia atrás y subí un poco, apoyado en sus muslos, hasta que mi cabeza quedó como encajada entre sus piernas. Agarré su polla, era preciosa desde esta perspectiva también. 

- VV abre un poco más las piernas, así cielo, gózalo.

Seguía con su polla en la mano y su agujerito quedó casi dentro de mi boca, vaya día. Un culito virgen, una polla encantadora, los ojos azules más bonitos que vi nunca.

- Échate hacia delante cielo, apóyate en las manos. Eso es.

Empecé a lengüetear su raja, dejé su polla para abrirle las nalgas con ambas manos para empezar a lamer su agujero. Qué pequeño, estaba precioso. Me agarré de su pelvis con la cara hundida entre sus nalgas y empecé a puntear su agujero con la lengua. VV gemía cada vez más fuerte (no importa no hay nadie en casa), en uno de esos gemidos mi lengua cruzó su primer anillo y el gemido se prolongo, a la vez que se inclinaba más y más hasta que su boca se cerró sobre la cabeza de mi polla, que rezumaba jugos pre seminales en abundancia, como siempre que la calentura llegaba a estos niveles.

 



Me estaba comiendo la polla; el mismo que hace tres días me aseguraba en la comida que no le gustaban los chicos, el mismo que hace apenas dos horas lloraba porque estaba enamorado de la norteamericana, al mismo al que estaba penetrando con mi lengua. VV era bastante torpe, es posible que fuera su primera vez, aunque no podría jurarlo, pero le dejé hacer. Me gusta sentir una lengua que se mueve indecisa sobre mi polla, tanto como unos labios expertos que saben cuando apretar donde, quizás más.

Seguí lamiéndole el culo y alguno de mis dedos empezaba a jugar con su agujero, él no se quejó nunca, estaba entretenido con su juguetito nuevo.

- ¡Ahh! dejé de lamer ese rico culete. Cuidado cariño, ¡no te la comas! - Lo siento Oskar. Yo ya sabes que... - Anda ven cielo, te enseñaré como se come una polla, ¿quieres?

Se sentó en la cama, yo me bajé al suelo y mientras hablaba acariciaba sus labios o su vientre casi plano. 

- Recórrela con tu lengua, lentamente; llénala bien se saliva, cuanto más mojada esté mejor para los dos.

Me agaché y lamí su polla, ensalivándola a tope, un hilillo de baba unía mi lengua con su capullo mientras me separaba de nuevo. 

- No abras la boca como para comer en la mesa. Abraza la polla con los labios, siente cada vena, nota como palpita, como crece, responderá a tus estímulos siempre.
Volví a comerme esa ricura rusa. 

- Trágatela entera, mueve la cabeza arriba y abajo. Deja sólo el capullo en tu boca y presiona con la lengua, empújalo contra el paladar. Traga de nuevo. Libérala de tus labios, saca la lengua, pajéala con el glande apoyado en ella, dale pequeñas lamidas bajo la cabecita, en el frenillo y aumenta el ritmo de la paja.

Después de cada parrafada, le regalaba a su tranca las caricias que le explicaba. Cada vez respiraba más rápidamente, se le notaba agitado, nervioso, cuando dejaba su polla para hablarle me acariciaba los labios y se acercó alguna vez para lamerlos. Me tenía a mil, pero él andaba más caliente que yo. La cosa marchaba.

- Siente como la respiración del chico se agita, pajéale más rápido. Juega a que te alejas. Y cuando notes que la polla crece más, que tu amante sólo mira al techo o cierra los ojos y te revuelve el pelo, sólo en ese momento, métela de nuevo en tu boca y disfrú



tala como cuando de pequeño comías un caramelo; y no te preocupes porque tu cara quede pegajosa o el dulce líquido que une tu saliva con los jugos del caramelo resbalen entre tus labios, eso forma parte del juego.

Acababa de decirle que iba a comerme su corrida. Estaba tan caliente que me empujó contra su rabo por primera vez y bastaron un par de chupetones para sentir la primera oleada de calor líquido. Se estaba corriendo en mi boca. Este chico me encanta.

Seguí mamándole la polla hasta que empezó a endurecerse de nuevo. Entonces la saqué de mi boca y le mire a la cara, se le veía satisfecho. Sus ojos brillaban, dejé escapar un resto de su leche por la comisura de mis labios y una sonrisa maliciosa apareció en los suyos.

- ¿Te gustó cielo?

 



No contesté, me subí a la cama empujándole sobre su espalda y le besé, dándole a probar sus jugos mezclados con mi saliva y tal vez algo de amor destilado de mis labios, no se.

- Buenísimo, ¿qué te parece? - Me gusta, gracias Oskar. - Si te gustó éste, espera a probar cuando me lo saques tú. Será la recompensa a tu esfuerzo, y veremos lo que has aprendido.

VV sonrió y empezó a recorrer toda mi cara con la lengua; yo gemía, para animarle al principio, de puro vicio al poco. Quería esa lengua en mi polla, ¡cuánto calor!, también quería fallármelo, ¿cómo hacer? VV seguía lamiendo ahora mi cuello, ahora mis pezones y cada vez más abajo; hasta que se colocó nuevamente como hacia rato, con sus piernas muy abiertas a ambos lados de mi cara y se abalanzó directamente a mi polla. No sabía si él recordaba lo que le conté hacía un rato, pero me encantaba como me la estaba comiendo. Y ese culo en mi cara me invitaba a seguir dando pasos en esa noche recién estrenada. Debíamos llevar dos horas o más en la cama.

Probé un paso más decidido, me olvidé de su verga o sus bolas, para concentrarme en abrir ese agujero negro, que se exponía delante de mi boca. Estaba empezando a dilatar, unas lamidas más y empezó a latir abriéndose poco a poco, su aprovechaba para meter la lengua y VV gemía cuando su ano se contrajo de nuevo atrapándome en su interior. Cuando no pude entrar más mi lengua, volví a las lamidas de abajo a arriba en la entrada, intentando meterle algún dedito, se trago el primero el solito. Sus gemidos con mi verga en la boca eran doblemente excitantes: a mi oído y a mi rabo, que estaba demasiado caliente para aguantar mucho.

- VV, ¿lo estás pasando bien? - Quiero dormir contigo todas las noches cielo.

Comprendí que sólo era el calentón del momento, pero aún así me dejé llevar, salí de debajo del ruso entre sus protestas.

- ¿Adónde vas cielo? - A ninguna parte, eres tú quien se va al cielo. Anda ven aquí guapo, acércate.

VV estaba de rodillas en la cama, me daba la espalda, y yo de pie a los pies de la cama. Alargué una mano hasta la estantería para coger el aceite de bebé sin separar la otra mano de su cintura estrecha. Vertí una generosa cantidad de baby oil en su espalda y cuello, abundante para que resbalara hasta ese culo de mis deseos más oscuros. Aproveché un masajito en la espalda combinado con cientos de besitos en el cuello y en toda la cara, en la boca, dejando descansar a mi pollita para que pudiera aguantar lo que le esperaba. 

Cada vez estaba más pegado a su espalda y él solito se inclinó, sobre sus manos primero, y después recostó su cabeza en los antebrazos, dejando vulnerable ese rincón tan íntimo de su anatomía que acabábamos de descubrir. Continué masajeando su espalda y subiendo hacia los hombros, a la vez que subía, mi pelvis se acercaba peligrosamente a su gruta. Cuando sintió mi polla entre sus nalgas, sin ninguna presión todavía, no se quejó sólo gimió un poco entre las sábanas, inconscientemente culeó, supongo. Sin dedos, sin lengua, sólo mi glande y los restos del baby oil para abrir definitivamente ese culito apretado, seguí con mis manos en los hombros y frotando mi glande con su entrada. Empecé el periplo hacia su recto despacito, muy despacio, y sin dejar mi labor de masajista. Tardé como diez minutos en meterme por completo dentro de él y en el momento de sentir mis huevos contra las nalgas del ruso me agaché sobre su espalda para darle pequeños mordisquitos en el cu
ello, a la vez que empezaba a mover mi pelvis suavemente; lo estaba gozando y quería que él lo disfrutara también, de ello dependía la necesidad de repetir.

El bombeo mantenía la cadencia, no alteraba el ritmo, volviéndose casi monótono. Estaba a punto de estallar. VV se levantó alzándome con él, le agarré por la cintura sin sacar mi polla de su culo, sin moverme, ¡qué espectáculo! La divinidad rubia se estaba corriendo sin haberse tocado la verga y, naturalmente, con tanto estímulo no pude aguantar más.

Apenas había dejado de gotear las sábanas de mi cama con su leche, mi polla empezó a deshacerse en sus entrañas, yo estaba quieto, me moría de placer, nunca había sentido algo tan intenso. El ruso movía su culito muy despacio, como degustando el néctar recién exprimido que le estaba regalando. No dijimos nada, no hicimos nada. Sólo me dejé caer en la cama a su lado y no se cuando me dormí, sólo que a la mañana siguiente, antes de que sonara el despertador, abrí los ojos para ver a mi rubio preferido entre mis piernas y mi polla bien dura.

- Buenos días Oskar. - Muy buenos cielo, ¿un poco de leche para desayunar?



Llegué a Granada el primer día de octubre, después de haber dormido apenas dos horas y tres días de marcha y alcohol a tope. La primera semana no había sexo, nada destacable, necesitaba ubicarme y no tenía tiempo para pensar en tíos o eso creía yo.

El domingo me levanté muy tarde, no había salido de fiesta, pero todavía tenía síntomas de la resaca del fin de semana anterior. Cuando salí de mi cuarto con el pantaloncito corto del pijama y una toalla para darme una ducha, me encontré con el ruso en el salón. Se llama VV, tiene 26 años, es rubio, ojos azules, de estatura media y complexión normal, lampiño excepto en esa excitante línea que baja desde su ombligo y se pierde entre la escasa ropa que solemos llevar en casa, todavía no hace demasiado frío. Le saludo y me voy a la ducha, aún estoy medio dormido, el agua helada me despeja y aleja todo pensamiento calenturiento de mi cabeza, pero por poco tiempo claro.

Volvía a mi habitación embutido en mi albornoz blanco y de nuevo tenía que pasar por el salón, VV estaba llorando; nunca pude ver llorar a un hombre sin estremecerme, sobretodo a un hombre tan guapo y de mirada dura; ahora lo percibo como débil, vulnerable; me siento en la necesidad de protegerlo, ayudarlo.

- VV, ¿qué pasa? - Oh, nada, mi muy amiga Mg, la norteamericana ya sabes, demasiado tiempo sin verla, un pasaje es demasiado caro, este mes tampoco puede venir. - ¡Pobre!, ¿quieres que hablemos?, ¿cómo puedo ayudarte?.

 

Me mira a los ojos, recojo una lágrima de su mejilla derecha e instintivamente llevo el índice a mi boca. Ese gesto no tenía ninguna intención sexual, al menos de manera consciente. VV sonrió, sus labios se arquearon ligeramente, pero sus ojos sonreían a los míos con un brillo distinto. 

- Sí. No te gustan los chicos, ya lo sé, me lo dijiste, perdona. Te prometo que no pensaba en nada raro. - Yo no he dicho nada Oskar. Gracias, me ayuda saber que puedo contar contigo. - Ok, voy a mi cuarto a ponerme algo de ropa que hace fresquito.

Le guiñé un ojo desde la puerta y la cerré tras la mejor de mis sonrisas: amplia, franca, y ahora sí, coqueta. Apenas cerré la puerta se escuchó la ducha. VV se ha relajado pensé. Me tumbé un rato a pensar en él, por decirlo así. Solté el pelo de la coleta y me cubrí con una sábana. La tarde estaba declinando; la persiana medio bajada, un par de velas daban cierto aire místico al ambiente, que se completaba con un solo de piano de algún disco regalado.

La temperatura hacía que mis pezones estuvieran durísimos, me encantaba rozarlos con la punta de los dedos, hacía mucho tiempo que no tenía sexo y me excitaba con facilidad. Llaman a la puerta, joder.

- ¿Quién? - Oskar soy yo, ¿puedo entrar? - ¿VV? Sí claro, un momento…

Me puse mi pijama azul y abrí la puerta. Me encontré con la preciosa sonrisa de VV (nunca le había visto sonreír así, es más, nunca más lo ha hecho).

- Dime. - ¿Puedo entrar? - Claro, ¿qué pasa? - Me dijiste que si quería... - Venga siéntate, podemos hablar lo que necesites.

Me contó que Mg no le llamaba desde hacía una semana y que no respondía a sus llamadas; que él creía que estaba enamorado y no podía salir con otras chicas, ya hacía más de dos meses que se había ido y nada de chicas dijo medio ruborizado. Yo me estaba excitando, no podía evitar mirar de hito en hito su entrepierna, estaba sentado de medio lado, en mi cama claro, porque en el cuarto no hay sillas, y no se si veía o imaginaba unas bolas grandes, casi lampiñas, con pelitos medio rubios, más claros que los de la mayoría de españoles, pero no eran rubios (después los vi). El pantaloncito celeste empezaba a moverse por sí mismo, algo entre mis piernas cobraba vida, como ahora al recordarlo, y VV se había dado cuenta.

- Oskar, ¿también estás con ganas? - Esto...VV lo siento, pero
no puedo evitarlo. Si te molesta déjame un rato y vístete, porque se te ve todo.


(Silencio) que incómodo era, no se si un par de minutos o más. Finalmente VV despegó los labios.

- ¿Todo? ¿a qué te refieres?, pensé que te gustaría. - No puedes jugar conmigo VV, nunca se sabe como vas a acabar. Si me provocas acabaré follándote cielo.

VV se levantó entre risas y salió de mi habitación, se volvió desde el pasillo y entró sin su albornoz. 

- Ahora ves todo; sonrió y cerró la puerta del cuarto. 

Este chico me tenía loco, me hice muchas pajas pensando en él desde que le conocí en julio, es más, elegí el piso porque él vivía aquí. Me acordé de todas esas sesiones de caricias solitarias y mi polla apareció por la pernera del pantalón. Debía de tener cara de orgasmo, porque VV se reía mientras preguntaba: 

- ¿Ya te corriste cielo? Yo pensé que me ayudarías.

Agarró mi polla metiendo la mano en el pantaloncito. Umm, como me excita ese calorcito después del frío de la ducha. La verga de VV había despertado, tenía una polla muy bonita, no era enorme, pero estaba extrañamente proporcionada, del mismo tono que el resto de su piel y sin un pelo, sólo la delgada línea que le bajaba desde el ombligo. VV me mordió la boca y yo decidí que eso ya no era jugar a calentarme, retiré su mano de mi polla entre protestas.

- ¿Ya no quieres follar conmigo cielo?

Me encanta cuando un hombre me llama cielo, y en una de nuestras primeras conversaciones, en la cocina creo, se lo había contado. También me encantaba el juego de la seducción, era él quien daba cada paso.

Me levanté para quitarme el pijama y VV se acostó en mi cama con las piernas súper abiertas, ocupando todo.



- ¿Me dejas un sitio cielo? le dije remarcando la última palabra, como haciendo notar que había descubierto su arma. - Claro, ven aquí señaló el hueco entre sus piernas, aquí mientras se acariciaba los huevos, aquí en el centro de su pecho, aquí mientras acariciaba sus labios con elíndice. 

No le dejé seguir. Tenía que follármelo, estaba decidido. 

- Sí cielo, ahí esta bien, y ahí y ahí… Repasé con mis manos todas las partes que él me había indicado. Me puse de rodillas en el hueco entre sus piernas y me incliné para besarle, avanzando lentamente con mis manos por sus costados, lamiendo su abdomen desde su ombligo, siguiendo la línea sobre su esternón, el cuello, la barbilla. 

- Cierra los ojos cielo le di un beso en la frente y metí mi lengua en su boca, mientras mis manos, las dos, se perdían algo más abajo como movidas por una fuerza suprema. Abrió los ojos, todavía con lengua dentro de mi boca empezó a hablar, no le entendía así que me levanté y él me siguió hasta lamer mis labios, para dejarse caer otra vez en el colchón.

- ¡Tienes un piercing en la lengua! No lo había visto antes. 

Estaba rojo, no se si del calentón o de vergüenza, o de las dos cosas, pero me divertía verlo así.

- ¿Puedo? Claro que puedo cielo, pero tendrás que decirlo, si no será imposible - ¿Puedes chupar? - Puedo, ¿qué quieres que chupe? - Chupa mi polla. - Claro cielo lo que tú quieras. - Quiero saber como se siente con eso en la lengua, además me excita mucho pensar en tu boca con mi polla dentro y que me mires a los ojos mientras te la tragas.

Antes de que acabara de decirlo me la había tragado hasta el fondo; estaba buena, olía a jabón, pero mantenía el sabor de macho joven que tanto me gusta. Qué delicia comerse una polla como esa, espero que la norteamericana siga sin venir. VV dejó de hablar, sólo se escuchaba algún gemido entrecortado y sentía también su mano grande acariciando mi nuca.

Me encanta sentir una polla creciendo en mi boca, comer rabos jóvenes es toda una afición. Cuando estuvo bien crecidita la saqué de mi boca y empecé a darle lamidas en el glande, para bajar a los huevos de vez en cuando. En cada bajada llegaba un poco más lejos, y los gemidos se acentuaban en la medida en que me acercaba a su ano. No sabía si me dejaría follármelo, pero iba a intentarlo. El truco estaba en no descuidar nunca su masculinidad; cuando le comía el culito le pajeaba suave o le masaj
eaba las bolas. Qué gusto esa tarde de domingo. Subí de nuevo hasta su rabo y me lo comí enterito, empecé a mamársela de nuevo y sorpresa.


- Quiero que me hagas eso otra vez.

Yo intentaba repetir los movimientos febriles de mi lengua, sin decir nada, disfrutando de la preciosidad que tenía entre los labios.

- No cielo. - ¿Quieres que pare? - No quiero que pares nunca. Quiero sentir tu lengua en el culo de nuevo, me encanta lo que me has hecho.

Me arrodillé delante de él y le ayudé a incorporarse hasta quedar a mi altura. Me sorprendió la manera en que se abalanzó a mi cuello, a la vez que agarraba mi polla durísima y me pajeaba despacio, como yo había hecho con él. Tenía que pararlo, no quería correrme entre sus dedos. Al menos hoy no.

- Hoy es tu día, sólo pídeme lo que quieras. Quédate así.
Me bajé de la cama y me senté en el borde, me eché hacia atrás y subí un poco, apoyado en sus muslos, hasta que mi cabeza quedó como encajada entre sus piernas. Agarré su polla, era preciosa desde esta perspectiva también. 

- VV abre un poco más las piernas, así cielo, gózalo.

Seguía con su polla en la mano y su agujerito quedó casi dentro de mi boca, vaya día. Un culito virgen, una polla encantadora, los ojos azules más bonitos que vi nunca.

- Échate hacia delante cielo, apóyate en las manos. Eso es.

Empecé a lengüetear su raja, dejé su polla para abrirle las nalgas con ambas manos para empezar a lamer su agujero. Qué pequeño, estaba precioso. Me agarré de su pelvis con la cara hundida entre sus nalgas y empecé a puntear su agujero con la lengua. VV gemía cada vez más fuerte (no importa no hay nadie en casa), en uno de esos gemidos mi lengua cruzó su primer anillo y el gemido se prolongo, a la vez que se inclinaba más y más hasta que su boca se cerró sobre la cabeza de mi polla, que rezumaba jugos pre seminales en abundancia, como siempre que la calentura llegaba a estos niveles.

 



Me estaba comiendo la polla; el mismo que hace tres días me aseguraba en la comida que no le gustaban los chicos, el mismo que hace apenas dos horas lloraba porque estaba enamorado de la norteamericana, al mismo al que estaba penetrando con mi lengua. VV era bastante torpe, es posible que fuera su primera vez, aunque no podría jurarlo, pero le dejé hacer. Me gusta sentir una lengua que se mueve indecisa sobre mi polla, tanto como unos labios expertos que saben cuando apretar donde, quizás más.

Seguí lamiéndole el culo y alguno de mis dedos empezaba a jugar con su agujero, él no se quejó nunca, estaba entretenido con su juguetito nuevo.

- ¡Ahh! dejé de lamer ese rico culete. Cuidado cariño, ¡no te la comas! - Lo siento Oskar. Yo ya sabes que... - Anda ven cielo, te enseñaré como se come una polla, ¿quieres?

Se sentó en la cama, yo me bajé al suelo y mientras hablaba acariciaba sus labios o su vientre casi plano. 

- Recórrela con tu lengua, lentamente; llénala bien se saliva, cuanto más mojada esté mejor para los dos.

Me agaché y lamí su polla, ensalivándola a tope, un hilillo de baba unía mi lengua con su capullo mientras me separaba de nuevo. 

- No abras la boca como para comer en la mesa. Abraza la polla con los labios, siente cada vena, nota como palpita, como crece, responderá a tus estímulos siempre.
Volví a comerme esa ricura rusa. 

- Trágatela entera, mueve la cabeza arriba y abajo. Deja sólo el capullo en tu boca y presiona con la lengua, empújalo contra el paladar. Traga de nuevo. Libérala de tus labios, saca la lengua, pajéala con el glande apoyado en ella, dale pequeñas lamidas bajo la cabecita, en el frenillo y aumenta el ritmo de la paja.

Después de cada parrafada, le regalaba a su tranca las caricias que le explicaba. Cada vez respiraba más rápidamente, se le notaba agitado, nervioso, cuando dejaba su polla para hablarle me acariciaba los labios y se acercó alguna vez para lamerlos. Me tenía a mil, pero él andaba más caliente que yo. La cosa marchaba.

- Siente como la respiración del chico se agita, pajéale más rápido. Juega a que te alejas. Y cuando notes que la polla crece más, que tu amante sólo mira al techo o cierra los ojos y te revuelve el pelo, sólo en ese momento, métela de nuevo en tu boca y disfrú



tala como cuando de pequeño comías un caramelo; y no te preocupes porque tu cara quede pegajosa o el dulce líquido que une tu saliva con los jugos del caramelo resbalen entre tus labios, eso forma parte del juego.

Acababa de decirle que iba a comerme su corrida. Estaba tan caliente que me empujó contra su rabo por primera vez y bastaron un par de chupetones para sentir la primera oleada de calor líquido. Se estaba corriendo en mi boca. Este chico me encanta.

Seguí mamándole la polla hasta que empezó a endurecerse de nuevo. Entonces la saqué de mi boca y le mire a la cara, se le veía satisfecho. Sus ojos brillaban, dejé escapar un resto de su leche por la comisura de mis labios y una sonrisa maliciosa apareció en los suyos.

- ¿Te gustó cielo?

 



No contesté, me subí a la cama empujándole sobre su espalda y le besé, dándole a probar sus jugos mezclados con mi saliva y tal vez algo de amor destilado de mis labios, no se.

- Buenísimo, ¿qué te parece? - Me gusta, gracias Oskar. - Si te gustó éste, espera a probar cuando me lo saques tú. Será la recompensa a tu esfuerzo, y veremos lo que has aprendido.

VV sonrió y empezó a recorrer toda mi cara con la lengua; yo gemía, para animarle al principio, de puro vicio al poco. Quería esa lengua en mi polla, ¡cuánto calor!, también quería fallármelo, ¿cómo hacer? VV seguía lamiendo ahora mi cuello, ahora mis pezones y cada vez más abajo; hasta que se colocó nuevamente como hacia rato, con sus piernas muy abiertas a ambos lados de mi cara y se abalanzó directamente a mi polla. No sabía si él recordaba lo que le conté hacía un rato, pero me encantaba como me la estaba comiendo. Y ese culo en mi cara me invitaba a seguir dando pasos en esa noche recién estrenada. Debíamos llevar dos horas o más en la cama.

Probé un paso más decidido, me olvidé de su verga o sus bolas, para concentrarme en abrir ese agujero negro, que se exponía delante de mi boca. Estaba empezando a dilatar, unas lamidas más y empezó a latir abriéndose poco a poco, su aprovechaba para meter la lengua y VV gemía cuando su ano se contrajo de nuevo atrapándome en su interior. Cuando no pude entrar más mi lengua, volví a las lamidas de abajo a arriba en la entrada, intentando meterle algún dedito, se trago el primero el solito. Sus gemidos con mi verga en la boca eran doblemente excitantes: a mi oído y a mi rabo, que estaba demasiado caliente para aguantar mucho.

- VV, ¿lo estás pasando bien? - Quiero dormir contigo todas las noches cielo.

Comprendí que sólo era el calentón del momento, pero aún así me dejé llevar, salí de debajo del ruso entre sus protestas.

- ¿Adónde vas cielo? - A ninguna parte, eres tú quien se va al cielo. Anda ven aquí guapo, acércate.

VV estaba de rodillas en la cama, me daba la espalda, y yo de pie a los pies de la cama. Alargué una mano hasta la estantería para coger el aceite de bebé sin separar la otra mano de su cintura estrecha. Vertí una generosa cantidad de baby oil en su espalda y cuello, abundante para que resbalara hasta ese culo de mis deseos más oscuros. Aproveché un masajito en la espalda combinado con cientos de besitos en el cuello y en toda la cara, en la boca, dejando descansar a mi pollita para que pudiera aguantar lo que le esperaba. 

Cada vez estaba más pegado a su espalda y él solito se inclinó, sobre sus manos primero, y después recostó su cabeza en los antebrazos, dejando vulnerable ese rincón tan íntimo de su anatomía que acabábamos de descubrir. Continué masajeando su espalda y subiendo hacia los hombros, a la vez que subía, mi pelvis se acercaba peligrosamente a su gruta. Cuando sintió mi polla entre sus nalgas, sin ninguna presión todavía, no se quejó sólo gimió un poco entre las sábanas, inconscientemente culeó, supongo. Sin dedos, sin lengua, sólo mi glande y los restos del baby oil para abrir definitivamente ese culito apretado, seguí con mis manos en los hombros y frotando mi glande con su entrada. Empecé el periplo hacia su recto despacito, muy despacio, y sin dejar mi labor de masajista. Tardé como diez minutos en meterme por completo dentro de él y en el momento de sentir mis huevos contra las nalgas del ruso me agaché sobre su espalda para darle pequeños mordisquitos en el cu
ello, a la vez que empezaba a mover mi pelvis suavemente; lo estaba gozando y quería que él lo disfrutara también, de ello dependía la necesidad de repetir.

El bombeo mantenía la cadencia, no alteraba el ritmo, volviéndose casi monótono. Estaba a punto de estallar. VV se levantó alzándome con él, le agarré por la cintura sin sacar mi polla de su culo, sin moverme, ¡qué espectáculo! La divinidad rubia se estaba corriendo sin haberse tocado la verga y, naturalmente, con tanto estímulo no pude aguantar más.

Apenas había dejado de gotear las sábanas de mi cama con su leche, mi polla empezó a deshacerse en sus entrañas, yo estaba quieto, me moría de placer, nunca había sentido algo tan intenso. El ruso movía su culito muy despacio, como degustando el néctar recién exprimido que le estaba regalando. No dijimos nada, no hicimos nada. Sólo me dejé caer en la cama a su lado y no se cuando me dormí, sólo que a la mañana siguiente, antes de que sonara el despertador, abrí los ojos para ver a mi rubio preferido entre mis piernas y mi polla bien dura.

- Buenos días Oskar. - Muy buenos cielo, ¿un poco de leche para desayunar?