Un compañero, llamado José Alfredo, quien no era nada popular, se ofreció en ayudarnos, con la condición de buscarle un disfraz y lo ayudáramos a vestirse. Me ofrecí entonces con él ya que José Alfredo era muy tímido y poco sociable (aunque buena persona), por lo que era importante aprovechar de una vez su acertado ofrecimiento.

Se me ocurrió vestirlo de momia, aprovechando que contaba con vendas, (de las que usan los jugadores cuando se lesionan) y como tenía muchas era algo económico, rápido y fácil. José Alfredo aceptó el disfraz.

Acordamos que se lo probaríamos un día a la salida de clases. Al día siguiente, llevé las vendas y le dije a José Alfredo que le probaría el disfraz, pedimos permiso a la dirección para usar los baños del colegio fuera de horas de clases, el director no puso objeción alguna ni pidió muchas explicaciones, siempre habíamos mantenido una relación de respeto y confianza, así como de mutua colaboración.



José Alfredo y yo mantuvimos todo en secreto para que nadie filtrara información, de hecho, todos los compañeros de clase llegamos al mismo acuerdo. Al finalizar las clases, nos dirigimos sigilosa y discretamente a los baños, cerramos con llave por seguridad (para que no fuera descubierto el disfraz que usaría José Alfredo) y así no caer en evidencia si alguien llegaba, aunque prácticamente a esa hora ya la mayoría de los estudiantes se habían marchado.

Acomodamos nuestras cosas en una banca y le pedí a José Alfredo se quitara la camisa y el pantalón, él sin ningún tipo de prejuicio a pesar de su gran timidez (tal vez más bien por su humildad) procedió a desvestirse, mientras tanto yo iba sacando las vendas, aproveché para observarlo unos instantes ya que nunca antes lo había visto de esa forma, José Alfredo siempre fue un compañero reservado y respetuoso, tenía un cuerpo no muy sentía nervioso por esa parte, me envolvieron sensaciones extrañas y poco comunes, no era de excitación, tampoco era de nerviosismo, creo que era más bien el de darme cuenta de lo que estaba haciendo y que nunca antes en mi vida había hecho.

Traté de cubrirlo, pero su calzoncillo me estorbaba en cierta forma, le hice el comentario, entonces le pregunté con mucha pena, si se atrevía a quitarse el calzoncillo para probar si me quedaba más cómodo vestirlo, él muy tímidamente me dijo que si, pero sería yo quien se los quitaría ya que él por estar envuelto no podría hacerlo fácilmente, yo me encontraba prácticamente de rodillas frente a él, tomando valor estiré mis manos en dirección a las caderas de José Alfredo y poco a poco fui bajando el calzoncillo hasta quitárselo completamente, la impresión que me llevé fue impactante, su pene colgaba relajadamente, era enorme de esa forma, no es circunciso, sólo me dejé decir: ¡Mi madre!, pero qué cosa más grande...

José Alfredo se sonrojó, ¡mae! continué yo diciendo- ¡qué bruto!, ¡que pedazo de carne más grande se tiene!, así no lo voy a poder tapar, hay que hacerlo un poco para atrás, y tomando más valor del que creí tener, empujé su pene con la parte inversa de la palma de mi mano derecha (o sea por los nudillos) y con cierto temor, nerviosismo y delicadeza, lo coloqué hacia atrás como para tratar de ocultarlo, esto fue muy candente para ambos (creo yo), ya que era mi primera vez que tocaba algo tan íntimo de un hombre, supongo que para él también la primera vez que alguien hacía esto.

Por la forma en que lo tenía, tuve que cambiar de posición mi mano, para voltearla y tomar el pene para sostenerlo, esto provocó que su miembro comenzara a extenderse, alcanzando toda su longitud hasta salirse del límite de mi mano, ahora erecto era otra cosa, se sentía caliente y duro a la vez, me asusté tanto que lo solté, en cuanto cayó quedó apuntando hacia la entrada de mi boca, me asusté aún más, le dije: ¡Jueputa! ¡Se despertó la pija!, ¡mire qué grande es esta cosa!, no sé como o por qué extendí nuevamente mi mano y comencé a palparla.

José Alfredo no respondía a mis movimientos y palabras, estaba tan asustado como yo, quieto como una estatua, yo apretaba un poco para sentir su dureza, esto me excitó y me avivó tanto que mi picha también reaccionó en un instante, sólo yo me di cuenta de ello, comenzaba a sudar frío, no sabía qué hacer, pero mi naturaleza humana y el despertar de mis hormonas hicieron abrir mi boca y enterrarme su grande miembro en la profundidad bucal que le ofrecí, emprendí una mamada, siendo la primera vez que lo hacía a un hombre, succioné y succioné, me corría hacia delante y atrás, mis movimientos fueron continuos, no me apresuré para nada, sin saber por qué, pero lo hice. 

Esto no pareció molestar a José Alfredo en ningún momento, más bien cuando me la metí en la boca, su reacción fue un gran gemido y continuaba gimiendo mientras yo le proporcionaba mi mamada, quizás la primera de su vida, así lo hice por varios minutos, los gemidos de José Alfredo se hicieron cada vez más seguidos, tanto como para que él me pusiera sus manos en mi cabeza, haciendo más excitante la forma de mamar, no sabía lo que estaba a punto de pasar, no me imaginaba yo lo que estaba por venirse, cuando sentí como un gran chorro de líquido espeso y caliente ingresó a mi boca, su sabor agridulce me provocó Alfredo con voz entrecortada y tomando nuevos aires atinó a decirme: No se preocupe, tampoco sé lo que me pasó a mi, nunca antes me había pasado algo así, si usted no dice nada yo tampoco diré nada, no le puedo negar que me gustó porque nunca antes me habían hecho nada de esto, dejémoslo así.

Después de unos minutos continuamos con el disfraz, ahora su pene se encontraba otra vez en reposo, pero siempre se le veía grande y colgando, igual como la primera vez que lo miré, ahora si podía tocarlo sin que emergiera de nuevo, se encontraba exhausto de la gran descarga hecha en mi boca, no tuve problemas para cubrirlo con las vendas que faltaban. Su rostro lo dejamos de último, él se miraba en el espejo del baño, a pesar de no ser de cuerpo entero lo movía de forma que pudiera observarse a si mismo, pero su mirada parecía perdida como sus pensamientos, yo me encontraba en similar situación, creo que ambos no podíamos creer de lo que había pasado, pero no comentamos nada al respecto. 

Cuando terminamos de asegurarnos de cómo saldría vestido comencé a quitarle las vendas, comenzando por la última parte, la cual era su rostro, luego continué con la parte que cubría sus genitales, parecía que aquello había recobrado vida, porque ya se encontraba duro de nuevo, como el elástico de las vendas se estiraban sin problemas aquello se le apreciaba mejor que cuando estaba sin erección, parecía una verdadera momia recién enterrada, solo me atreví a tocar lo necesario, no quería repetir de nuevo lo sucedido, porque no quería crear en José Alfredo un mal concepto mío, luego colocándome de nuevo de rodillas, me dispuse a quitarle las vendas que faltaban de ambas piernas, su pene seguía apuntando hacia mi boca, la cual desea abrir de nuevo y volver a mamar, pero más pudo mi fuerza de voluntad, aprovechando también que José Alfredo no tomaba la iniciativa de un nuevo encuentro sexual.

José Alfredo me pidió que cuando lo volviera a vestir, lo hiciera de nuevo en el baño y por supuesto que no llegara nadie, yo acepté sin objeción, me parecía lógico, él se vistió y una vez listos los dos salimos del baño y fuimos a dejar la llave a la dirección, luego ambos salimos de las instalaciones del colegio y caminamos hacia nuestras casas tomando cada uno su propio rumbo. Bueno ya todo estaba perfecto, pronto sería la fecha del concurso y las actividades planeadas para la recolección de fondos. 

Todos esperábamos el día de las actividades, en especial yo porque después del encuentro con José Alfredo, no podía quitarme de mi mente el recuerdo de lo vivido, quería volverlo a ver, ya en los días pasados él se comportaba como siempre, por lo que nadie sospechaba nada, solo yo parecía un poco más perdido, mis pensamientos estuvieron concentrados mucho en él, fue la razón de mis masturbaciones nocturnas y diurnas, intenté acercarme pero a la vez comprendía que necesitaba ser lo más discreto posible, una noticia de esas y todo el colegio estaría enterado hasta llegar a toda la ciudad y yo no quería que eso pasara, lo que si estaba seguro era que José Alfredo se daba cuenta que yo trataba de acercarme a él, pero no me correspondía, seguro pensaba igual que yo, mejor era ser bien reservados los dos. Por fin llegó la actividad, quedamos en que los compañeros participantes se vestirían en el baño, los compañeros y compañeras que iban a ayudar con los preparativos eran los únicos autorizados para ingresar al baño, como éste es pequeño, se iban a vestir de parado.

En cuanto mis compañeros salieron del baño, cerramos nuevamente con llave para no ser molestados, José Alfredo se desvistió dejándose puesto su calzoncillo (mala señal para mi), yo comencé rápidamente a colocarle las vendas, igual como la primera vez, comenzando por las piernas, para ir luego a sus brazos, manos, pecho, estaba a punto de comenzar en sus genitales cuando me detiene y me dice:


-Bueno mi amigo, quíteme usted el calzoncillo para que no le vaya a costar poner las vendas y asegúrese de dejar brillante mi espada mágica, (¿dónde quedó su timidez?) profundamente sorprendido me alegré al escuchar esas palabras que me daban luz verde para lo que tanto ansiaba en esos días, no sabía cómo empezar, no sabía qué hacer, pero si estaba profundamente excitado y emocionado.

Tomé con mis dos manos esa espada como dijo él, la froté sin miedo, lo toqué por completo sin nervios, tenía a mi favor la aprobación de José Alfredo para hacer lo que tanto deseaba, entonces saqué de mi bolsillo del pantalón, una cinta métrica y le tomé medida, tenía 21.5 centímetros de largo y de grueso le midió 8 centímetros, sus huevos que hacían perfecta combinación con su tamaño, colgaban como si fueran manzanas, apenas para comérselas. 

Cuando ya su pene gritaba por ser mamado, abrí mi boca lo más que pude, tratando que no tocara mis paredes bucales, al asegurarme de que su glande tocó mi campanilla, cerré con fuerza mis labios y comencé a retroceder, José Alfredo soltó un gran gemido, él espera ese momento tanto como yo, ése era el sonido que quería escuchar, y ese mismo sonido encendió mi excitación y pasión, como una llama, por eso con todas mis fuerzas guardadas para este momento, lo mamé con desesperación, bajando luego a una mamada tranquila, serena, así nos gustaba a ambos, el problema que teníamos en contra era el factor tiempo.

Cuando me percaté, aceleré de nuevo el ritmo, succioné con tanta fuerza como la primera vez, provocando a José Alfredo el dejar salir la presa de varios días, nuevos chorros de su semen me inundaron mi boca, ese sabor de él que lo identifica lo tragué como si se tratara de leche de macho, alimento de mis pasiones y excitaciones, fue tan intenso el lanzamiento de sus chorros porque José Alfredo de un fuerte movimiento que hizo, atravesó mi campanilla llegando a mi faringe, pero en un retroceso que hice casi obligado porque me sentía ahogarme, me llenó la boca con el resto de su leche, logrando gozar de su sabor agridulce con mi lengua, que tanto me gustó esa primera vez.

Terminamos rápido, debía apresurarme en disfrazarlo no quería que nos fueran a buscar, así que le limpié bien el pene (¡más de lo que ya estaba!) y me aseguré de cubrirlo bien con las vendas sobre sus genitales. Le coloqué una máscara que José Alfredo se fabricó con una tela para hacer más difícil su reconocimiento, sobre la misma

coloqué vendas y así nuestra momia estaba ya lista para hacer su aparición en público, llegamos justo a tiempo, ya era el momento de presentar al último de los participantes, con mucho orgullo llamaron a la ¡MOMIA!. 

Todos los participantes se quedaron atónitos cuando él hizo su aparición, de verdad que el trabajo valió la pena, algunos de mis compañeros (los más populares) fueron identificados, quedaban uno popular y dos compañeras medio populares y por supuesto mi querido José Alfredo el cual estaba bastante irreconocible, bien difícil, ni mis propios habían escondido bajo aquél montón de trapos y cuanta cosa se pusieron, pero más le aplaudieron a José Alfredo, porque a pesar de lo sencillo que fue el disfraz, no lograron reconocerlo, luego hicimos un pequeño concurso de cuál había sido el mejor disfraz presentado, José Alfredo se llevó todo el mérito, esto porque así lo decidieron los estudiantes, se entregó un premio el cuál consistió en un walkman de una marca reconocida, esto no lo sabíamos, fue una sorpresa muy agradable.

Las demás actividades continuaron desarrollándose, así le daban tiempo para que nuestros disfrazados se cambiaran de nuevo y pudieran participar en las otras actividades, las cuales terminaría con un gran baile sorpresa, amenizado por una discjockey contratada por uno de los padres de un compañero, quien amablemente nos dio ese regalo para tener más fondos. Fuimos saliendo del salón de actos para ir de nuevo a los baños y quitarse los disfraces, como habíamos varios allí José Alfredo se encerró en uno de los servicios sanitarios y se cambió, en la primera oportunidad de hablar que tuvimos, José Alfredo me invitó a ir a su casa, ya que estaba solo, sus padres se habían ido a un funeral de un familiar de su mamá y regresarían dos días después, acepté la invitación para irme con él una vez finalizadas todas las actividades y en cuanto termináramos de arreglar todo el salón de actos. 

Y así sucedió, todas las actividades se fueron desarrollando sin problemas, la gran mayoría de los estudiantes de nuestro querido colegio que asistieron se recrearon, disfrutaron a lo grande, finalizando nuestros actos con el baile, fue una tremenda fiesta. El reloj continuaba marcando el tiempo que se iba agotando para dar por terminadas las actividades, se fueron retirando poco a poco y nosotros nos dimos a la tarea de recoger las basuras y de acomodar bien el salón, todos mis compañeros colaboramos, así terminamos rápido. 

Era temprano, las actividades terminaron al ser las 7:00 PM, los que nos quedamos lo hicimos media hora después, quisimos reunirnos en otro sitio, pero la verdad que la mayoría estaban cansados, hicimos el recuento de lo recaudado y fue sorprendente, nuestra meta fue superada casi en el doble de lo planeado, nuestros esfuerzos y sacrificios valieron la pena, el comité organizador guardó el dinero para ser depositado en la cuenta bancaria que teníamos hecha desde inicio de año. 

Nos fuimos despidiendo durante el camino, José Alfredo y yo nos habíamos puesto de acuerdo para encontrarnos en el centro de nuestro pueblo, así evitaríamos que se dieran cuenta que nos reuniríamos en su casa. Me despedí del último compañero y me dirigí al lugar acordado, al llegar, él me sonrió, compramos unas cosas de comer para llevar a su casa, y unas bebidas gaseosas. Llegamos a su casa, José Alfredo no tenía a ninguno de mis compañeros como vecino, esto era ventajoso, para tranquilidad nuestra. Entramos, me llevó directamente a su habitación, donde disponía de televisor, vhs, equipo de sonido, muy bien acomodado y ordenado, como él es hijo único, no seríamos molestados en ningún momento.

Yo había logrado conseguir una película porno, me costó pero lo hice, se la mostré y le pregunté si quería verla de una vez, él la tomó encendió el vhs y el televisor puso la cinta, se acomodó en su cama y me invitó en hacer lo mismo, su cama individual tenía puesta una sobrecama donde el color rojo predominaba, muy apropiada creo yo, aún nos hallábamos vestido acaricié, él me hizo lo mismo, esto me excitó más, no era una reacción que esperaba por su timidez, con mi excitación acelerada saqué su verga para sentir el contacto

de piel con piel, masturbándolo con cariño y deseos, ese primero contacto con su piel me incitó en bajarle de una vez el calzoncillo, como José Alfredo no tomaba mucha iniciativa yo me bajé los míos quedándonos ambos desnudos.

José Alfredo con una expresión de sorprendido en su cara mordió su labio inferior al ver el tamaña de mi verga la cual no estaba tan lejos como la suya, él la tenía unos centímetros más grande, por mi parte circunciso, con un glande bastante grande y con líquidos pre seminales saliendo como gotas, las cuales con su dedo pulgar me las restregó por todo el glande con especial atención hacia mi frenillo, la parte más sensible de mi apreciado miembro. 

Mientras tanto yo le bajaba su prepucio para hacer salir su glande, precioso, sabroso, brillante, con ése olor a hombre que memoricé en nuestra primera vez e hizo estallar en mi mente, grandes deseos de comenzar a darle la mamada desesperada e incontrolable en que me había convertido con él, como si fuera yo un adicto, no se si al placer o al sentir esa necesidad de llenar mi boca de carne humana, y poder sacarle al final, ese manjar que había aprendido a degustar desde ese primer instante en que ingresó a mi boca y terminar en mi abdomen.

José Alfredo gimió con tanta fuerza que dejó salir un fuerte grito, ahora podía expresarse sin abstenciones, sin miedos de ser escuchado, sin temor a ser descubierto, ahora estábamos nosotros dos, solos en su habitación, protegidos de los demás. 

Después de mamarlo por varios minutos en su verga y sus huevos, comencé a ascender, dando suaves besos conforme avanzaba, el caminito de vellos que existían entre su ombligo y sus genitales, los humedecí con mi lengua, luego reposé breves segundos mi perfil sobre su alfombrado pecho, buscando entre sus vellos sus pezones para comérmelos, o mejor dicho a chupar turnándolos para saborearlos, así lo hice y continué hacia su cuello, buscando finalmente con cierto temor a ser rechazado, sus labios carnosos, los cuales me dejó besar sin poner resistencia, cómo lo besé!, les juro que me entregué, no aguantaba más esta locura nacida en mi, tenía a José Alfredo a mi merced para ser explorado, para hacer satisfacer mis nuevas necesidades nacidas con él. 

Mientras nos besamos él me abrazó, el calor corporal servía de estimulación para que continuáramos avanzando en nuestras delicias, José Alfredo me hizo lo mismo que le había hecho yo a él, bajó de mis labios a mi cuello, chupando mis pezones y descansando su rostro en mi pecho, lo hizo con mucho romanticismo, luego bajó hacia mi ombligo, sin apartar su lengua de mi cuerpo, buscando hacia mis genitales, sólo se separó para abrir su boca y darle entrada a mi pija.


Mi reacción se convirtió en un estallar de un gran grito que por primera vez experimentaba, había exclamado de otras formas, pero éste alarido, me dejó casi sin habla, fue asombroso la forma como me regaló su mamada, me quedaba sin respiración por segundos, cerraba mis ojos, pero me hizo ver las estrellas, el cielo, me hizo escuchar música angelical, me hizo tocar el sol sin peligro alguno de quedar derretido. ¡Qué deliciosa mamada!, qué manera de hacerlo!, la primera vez en mi vida hecho con arte, y el artista contaba con un instrumento majestuoso, que por cierto al acordarme, le hice esperar para colocarnos en un inevitable sesenta y nueve, así los dos podríamos gozarnos.

Él fue introduciendo su dedo en mi cola, lo hizo con delicadeza, ésas sensaciones se convirtieron cada vez más intensas, por lo que provocó en mi el deseo de que me introdujera algo más grande!, y por qué no?, ¿para qué tenemos nuestros miembros?, entonces me fui acomodando en su cama haciéndole señal que deseaba me introdujera su picha en mi ano, José Alfredo me preguntó si estaba seguro, a lo que respondí afirmativamente, entonces colocó su glande en la entrada de mi ano y trató de introducirlo, pero por la sequedad en ambos no logró entrar, yo no quería perder la oportunidad con él de sentir que me la metiera, me abrí más de piernas, pero aún así no logramos que entrara, José Alfredo estaba por desistir, le dije que no lo hiciera, que buscaríamos la forma, pero que no me dejara con mi culo sufriendo por ser penetrado. 

Se la volví a mamar, dejando bastante saliva, le hice especial énfasis en su glande, quería que volviera a intentarlo cuantas veces fuera necesario, porque el cosquilleo que sentía en mi ano, me imploraba hacer algo al respecto, regresé a la posición de antes para que probara una vez más, me abrí aún más de lo que pude (hasta mis huesos hicieron ruido), y ahí comenzó a entrar, debo decir que por el dolor recibido del primer intento, me hizo gritar, entonces para no volverlo hacer tomé su almohada y me la coloqué en frente de mi cara para morderla y no se escuchara nuevamente mi grito, en esta nueva oportunidad el glande ingresó con un menor grado de dificultad.

Él estaba siendo muy cuidadoso, no quería lastimarme y mucho menos mandarme al hospital, luego le fui haciendo señas de que continuara metiendo lo que faltaba, así con gran dolor para mi, me fue descosiendo mi ano que era estrenado por primera vez, el dolor fue cediendo pasando a ser placer, los movimientos hacia delante y atrás producían nuevas sensaciones de goce, José Alfredo me decía que se sentía muy rico, pero sentía que pronto estallaría, entonces aceleró sus movimientos y entre gemidos y gemidos soltó el grito del triunfo y me llenó mi ano de su semen, esas sensaciones tan extrañas, el calor inundándome, los chorros lanzados los sentí sin dificultad, uno y otro y otro, cada uno de ellos hicieron en ambos sentir enormes placeres. José Alfredo después de lanzar su último chorro se acomodó sobre mi espalda, se quedó unos instantes así, luego fue retirándose con suavidad.

Se acostó a mi lado, yo aún me encontraba excitado, quería probar también lo vivido por él, así que le pedí que me permitiera hacerlo, me dijo que le diera un respiro nada más, -ya verá por qué le digo esto- me dijo con jadeos. Me fui untando saliva en toda la extensión de mi picha y en cuanto él se volvió para colocarse como si fuera un “perrito” le unté también saliva en su ano y me atreví a introducirle un poco más con la ayuda de mis dedos. 

José Alfredo cerrando los ojos, se agarró con fuerza de la sobrecama, también se encontraba su rostro en la almohada “por si acaso”, yo tomé aire y fui acercándome con la punta de mi glande hacia la entrada de su ano, entró sin dificultad, continué metiendo todo lo que pude, más como pasé sin problemas y al llegar hasta donde la longitud me lo permitió me detuve por el choque producido entre mis huevos y sus nalgas, comencé a moverme hacia delante y hacia atrás, una y otra vez, despacito, con delicadeza, pero me estaba gustando tanto que me olvidé y aceleré bombeando con fuerza, José Alfredo pare padres regresaría hasta el domingo, por lo que tendríamos dos días más para experimentar. Nos vestimos, recogí mis cosas, le dije que me iría de una vez para no llegar tan tarde a mi casa y no tener que dar tantas explicaciones, José Alfredo me acompañó hasta la puerta y antes de abrirla nos dimos un beso de despedida, me dio las gracias por todo. 

Abrió la puerta y me retiré con la mayor alegría de mi vida, haber descubierto grandes placeres con un hombre y haberme ganado a un compañero de esa forma que a pesar de los años que ya teníamos de compartir juntos, nunca nos hubiéramos imaginado que terminaríamos un día en algo así. Nunca podría yo olvidar a mi querida momia de la secundaria, en especial al disfraz tan sencillo pero poderoso, para despertar placeres ocultos. Pensé en que debería de existir un hechizo para que cada vez que un hombre vista de momia a otro, atraiga a ambos e ingresar a una dimensión desconocida pero llena de placer.



Un compañero, llamado José Alfredo, quien no era nada popular, se ofreció en ayudarnos, con la condición de buscarle un disfraz y lo ayudáramos a vestirse. Me ofrecí entonces con él ya que José Alfredo era muy tímido y poco sociable (aunque buena persona), por lo que era importante aprovechar de una vez su acertado ofrecimiento.

Se me ocurrió vestirlo de momia, aprovechando que contaba con vendas, (de las que usan los jugadores cuando se lesionan) y como tenía muchas era algo económico, rápido y fácil. José Alfredo aceptó el disfraz.

Acordamos que se lo probaríamos un día a la salida de clases. Al día siguiente, llevé las vendas y le dije a José Alfredo que le probaría el disfraz, pedimos permiso a la dirección para usar los baños del colegio fuera de horas de clases, el director no puso objeción alguna ni pidió muchas explicaciones, siempre habíamos mantenido una relación de respeto y confianza, así como de mutua colaboración.



José Alfredo y yo mantuvimos todo en secreto para que nadie filtrara información, de hecho, todos los compañeros de clase llegamos al mismo acuerdo. Al finalizar las clases, nos dirigimos sigilosa y discretamente a los baños, cerramos con llave por seguridad (para que no fuera descubierto el disfraz que usaría José Alfredo) y así no caer en evidencia si alguien llegaba, aunque prácticamente a esa hora ya la mayoría de los estudiantes se habían marchado.

Acomodamos nuestras cosas en una banca y le pedí a José Alfredo se quitara la camisa y el pantalón, él sin ningún tipo de prejuicio a pesar de su gran timidez (tal vez más bien por su humildad) procedió a desvestirse, mientras tanto yo iba sacando las vendas, aproveché para observarlo unos instantes ya que nunca antes lo había visto de esa forma, José Alfredo siempre fue un compañero reservado y respetuoso, tenía un cuerpo no muy sentía nervioso por esa parte, me envolvieron sensaciones extrañas y poco comunes, no era de excitación, tampoco era de nerviosismo, creo que era más bien el de darme cuenta de lo que estaba haciendo y que nunca antes en mi vida había hecho.

Traté de cubrirlo, pero su calzoncillo me estorbaba en cierta forma, le hice el comentario, entonces le pregunté con mucha pena, si se atrevía a quitarse el calzoncillo para probar si me quedaba más cómodo vestirlo, él muy tímidamente me dijo que si, pero sería yo quien se los quitaría ya que él por estar envuelto no podría hacerlo fácilmente, yo me encontraba prácticamente de rodillas frente a él, tomando valor estiré mis manos en dirección a las caderas de José Alfredo y poco a poco fui bajando el calzoncillo hasta quitárselo completamente, la impresión que me llevé fue impactante, su pene colgaba relajadamente, era enorme de esa forma, no es circunciso, sólo me dejé decir: ¡Mi madre!, pero qué cosa más grande...

José Alfredo se sonrojó, ¡mae! continué yo diciendo- ¡qué bruto!, ¡que pedazo de carne más grande se tiene!, así no lo voy a poder tapar, hay que hacerlo un poco para atrás, y tomando más valor del que creí tener, empujé su pene con la parte inversa de la palma de mi mano derecha (o sea por los nudillos) y con cierto temor, nerviosismo y delicadeza, lo coloqué hacia atrás como para tratar de ocultarlo, esto fue muy candente para ambos (creo yo), ya que era mi primera vez que tocaba algo tan íntimo de un hombre, supongo que para él también la primera vez que alguien hacía esto.

Por la forma en que lo tenía, tuve que cambiar de posición mi mano, para voltearla y tomar el pene para sostenerlo, esto provocó que su miembro comenzara a extenderse, alcanzando toda su longitud hasta salirse del límite de mi mano, ahora erecto era otra cosa, se sentía caliente y duro a la vez, me asusté tanto que lo solté, en cuanto cayó quedó apuntando hacia la entrada de mi boca, me asusté aún más, le dije: ¡Jueputa! ¡Se despertó la pija!, ¡mire qué grande es esta cosa!, no sé como o por qué extendí nuevamente mi mano y comencé a palparla.

José Alfredo no respondía a mis movimientos y palabras, estaba tan asustado como yo, quieto como una estatua, yo apretaba un poco para sentir su dureza, esto me excitó y me avivó tanto que mi picha también reaccionó en un instante, sólo yo me di cuenta de ello, comenzaba a sudar frío, no sabía qué hacer, pero mi naturaleza humana y el despertar de mis hormonas hicieron abrir mi boca y enterrarme su grande miembro en la profundidad bucal que le ofrecí, emprendí una mamada, siendo la primera vez que lo hacía a un hombre, succioné y succioné, me corría hacia delante y atrás, mis movimientos fueron continuos, no me apresuré para nada, sin saber por qué, pero lo hice. 

Esto no pareció molestar a José Alfredo en ningún momento, más bien cuando me la metí en la boca, su reacción fue un gran gemido y continuaba gimiendo mientras yo le proporcionaba mi mamada, quizás la primera de su vida, así lo hice por varios minutos, los gemidos de José Alfredo se hicieron cada vez más seguidos, tanto como para que él me pusiera sus manos en mi cabeza, haciendo más excitante la forma de mamar, no sabía lo que estaba a punto de pasar, no me imaginaba yo lo que estaba por venirse, cuando sentí como un gran chorro de líquido espeso y caliente ingresó a mi boca, su sabor agridulce me provocó Alfredo con voz entrecortada y tomando nuevos aires atinó a decirme: No se preocupe, tampoco sé lo que me pasó a mi, nunca antes me había pasado algo así, si usted no dice nada yo tampoco diré nada, no le puedo negar que me gustó porque nunca antes me habían hecho nada de esto, dejémoslo así.

Después de unos minutos continuamos con el disfraz, ahora su pene se encontraba otra vez en reposo, pero siempre se le veía grande y colgando, igual como la primera vez que lo miré, ahora si podía tocarlo sin que emergiera de nuevo, se encontraba exhausto de la gran descarga hecha en mi boca, no tuve problemas para cubrirlo con las vendas que faltaban. Su rostro lo dejamos de último, él se miraba en el espejo del baño, a pesar de no ser de cuerpo entero lo movía de forma que pudiera observarse a si mismo, pero su mirada parecía perdida como sus pensamientos, yo me encontraba en similar situación, creo que ambos no podíamos creer de lo que había pasado, pero no comentamos nada al respecto. 

Cuando terminamos de asegurarnos de cómo saldría vestido comencé a quitarle las vendas, comenzando por la última parte, la cual era su rostro, luego continué con la parte que cubría sus genitales, parecía que aquello había recobrado vida, porque ya se encontraba duro de nuevo, como el elástico de las vendas se estiraban sin problemas aquello se le apreciaba mejor que cuando estaba sin erección, parecía una verdadera momia recién enterrada, solo me atreví a tocar lo necesario, no quería repetir de nuevo lo sucedido, porque no quería crear en José Alfredo un mal concepto mío, luego colocándome de nuevo de rodillas, me dispuse a quitarle las vendas que faltaban de ambas piernas, su pene seguía apuntando hacia mi boca, la cual desea abrir de nuevo y volver a mamar, pero más pudo mi fuerza de voluntad, aprovechando también que José Alfredo no tomaba la iniciativa de un nuevo encuentro sexual.

José Alfredo me pidió que cuando lo volviera a vestir, lo hiciera de nuevo en el baño y por supuesto que no llegara nadie, yo acepté sin objeción, me parecía lógico, él se vistió y una vez listos los dos salimos del baño y fuimos a dejar la llave a la dirección, luego ambos salimos de las instalaciones del colegio y caminamos hacia nuestras casas tomando cada uno su propio rumbo. Bueno ya todo estaba perfecto, pronto sería la fecha del concurso y las actividades planeadas para la recolección de fondos. 

Todos esperábamos el día de las actividades, en especial yo porque después del encuentro con José Alfredo, no podía quitarme de mi mente el recuerdo de lo vivido, quería volverlo a ver, ya en los días pasados él se comportaba como siempre, por lo que nadie sospechaba nada, solo yo parecía un poco más perdido, mis pensamientos estuvieron concentrados mucho en él, fue la razón de mis masturbaciones nocturnas y diurnas, intenté acercarme pero a la vez comprendía que necesitaba ser lo más discreto posible, una noticia de esas y todo el colegio estaría enterado hasta llegar a toda la ciudad y yo no quería que eso pasara, lo que si estaba seguro era que José Alfredo se daba cuenta que yo trataba de acercarme a él, pero no me correspondía, seguro pensaba igual que yo, mejor era ser bien reservados los dos. Por fin llegó la actividad, quedamos en que los compañeros participantes se vestirían en el baño, los compañeros y compañeras que iban a ayudar con los preparativos eran los únicos autorizados para ingresar al baño, como éste es pequeño, se iban a vestir de parado.

En cuanto mis compañeros salieron del baño, cerramos nuevamente con llave para no ser molestados, José Alfredo se desvistió dejándose puesto su calzoncillo (mala señal para mi), yo comencé rápidamente a colocarle las vendas, igual como la primera vez, comenzando por las piernas, para ir luego a sus brazos, manos, pecho, estaba a punto de comenzar en sus genitales cuando me detiene y me dice:


-Bueno mi amigo, quíteme usted el calzoncillo para que no le vaya a costar poner las vendas y asegúrese de dejar brillante mi espada mágica, (¿dónde quedó su timidez?) profundamente sorprendido me alegré al escuchar esas palabras que me daban luz verde para lo que tanto ansiaba en esos días, no sabía cómo empezar, no sabía qué hacer, pero si estaba profundamente excitado y emocionado.

Tomé con mis dos manos esa espada como dijo él, la froté sin miedo, lo toqué por completo sin nervios, tenía a mi favor la aprobación de José Alfredo para hacer lo que tanto deseaba, entonces saqué de mi bolsillo del pantalón, una cinta métrica y le tomé medida, tenía 21.5 centímetros de largo y de grueso le midió 8 centímetros, sus huevos que hacían perfecta combinación con su tamaño, colgaban como si fueran manzanas, apenas para comérselas. 

Cuando ya su pene gritaba por ser mamado, abrí mi boca lo más que pude, tratando que no tocara mis paredes bucales, al asegurarme de que su glande tocó mi campanilla, cerré con fuerza mis labios y comencé a retroceder, José Alfredo soltó un gran gemido, él espera ese momento tanto como yo, ése era el sonido que quería escuchar, y ese mismo sonido encendió mi excitación y pasión, como una llama, por eso con todas mis fuerzas guardadas para este momento, lo mamé con desesperación, bajando luego a una mamada tranquila, serena, así nos gustaba a ambos, el problema que teníamos en contra era el factor tiempo.

Cuando me percaté, aceleré de nuevo el ritmo, succioné con tanta fuerza como la primera vez, provocando a José Alfredo el dejar salir la presa de varios días, nuevos chorros de su semen me inundaron mi boca, ese sabor de él que lo identifica lo tragué como si se tratara de leche de macho, alimento de mis pasiones y excitaciones, fue tan intenso el lanzamiento de sus chorros porque José Alfredo de un fuerte movimiento que hizo, atravesó mi campanilla llegando a mi faringe, pero en un retroceso que hice casi obligado porque me sentía ahogarme, me llenó la boca con el resto de su leche, logrando gozar de su sabor agridulce con mi lengua, que tanto me gustó esa primera vez.

Terminamos rápido, debía apresurarme en disfrazarlo no quería que nos fueran a buscar, así que le limpié bien el pene (¡más de lo que ya estaba!) y me aseguré de cubrirlo bien con las vendas sobre sus genitales. Le coloqué una máscara que José Alfredo se fabricó con una tela para hacer más difícil su reconocimiento, sobre la misma

coloqué vendas y así nuestra momia estaba ya lista para hacer su aparición en público, llegamos justo a tiempo, ya era el momento de presentar al último de los participantes, con mucho orgullo llamaron a la ¡MOMIA!. 

Todos los participantes se quedaron atónitos cuando él hizo su aparición, de verdad que el trabajo valió la pena, algunos de mis compañeros (los más populares) fueron identificados, quedaban uno popular y dos compañeras medio populares y por supuesto mi querido José Alfredo el cual estaba bastante irreconocible, bien difícil, ni mis propios habían escondido bajo aquél montón de trapos y cuanta cosa se pusieron, pero más le aplaudieron a José Alfredo, porque a pesar de lo sencillo que fue el disfraz, no lograron reconocerlo, luego hicimos un pequeño concurso de cuál había sido el mejor disfraz presentado, José Alfredo se llevó todo el mérito, esto porque así lo decidieron los estudiantes, se entregó un premio el cuál consistió en un walkman de una marca reconocida, esto no lo sabíamos, fue una sorpresa muy agradable.

Las demás actividades continuaron desarrollándose, así le daban tiempo para que nuestros disfrazados se cambiaran de nuevo y pudieran participar en las otras actividades, las cuales terminaría con un gran baile sorpresa, amenizado por una discjockey contratada por uno de los padres de un compañero, quien amablemente nos dio ese regalo para tener más fondos. Fuimos saliendo del salón de actos para ir de nuevo a los baños y quitarse los disfraces, como habíamos varios allí José Alfredo se encerró en uno de los servicios sanitarios y se cambió, en la primera oportunidad de hablar que tuvimos, José Alfredo me invitó a ir a su casa, ya que estaba solo, sus padres se habían ido a un funeral de un familiar de su mamá y regresarían dos días después, acepté la invitación para irme con él una vez finalizadas todas las actividades y en cuanto termináramos de arreglar todo el salón de actos. 

Y así sucedió, todas las actividades se fueron desarrollando sin problemas, la gran mayoría de los estudiantes de nuestro querido colegio que asistieron se recrearon, disfrutaron a lo grande, finalizando nuestros actos con el baile, fue una tremenda fiesta. El reloj continuaba marcando el tiempo que se iba agotando para dar por terminadas las actividades, se fueron retirando poco a poco y nosotros nos dimos a la tarea de recoger las basuras y de acomodar bien el salón, todos mis compañeros colaboramos, así terminamos rápido. 

Era temprano, las actividades terminaron al ser las 7:00 PM, los que nos quedamos lo hicimos media hora después, quisimos reunirnos en otro sitio, pero la verdad que la mayoría estaban cansados, hicimos el recuento de lo recaudado y fue sorprendente, nuestra meta fue superada casi en el doble de lo planeado, nuestros esfuerzos y sacrificios valieron la pena, el comité organizador guardó el dinero para ser depositado en la cuenta bancaria que teníamos hecha desde inicio de año. 

Nos fuimos despidiendo durante el camino, José Alfredo y yo nos habíamos puesto de acuerdo para encontrarnos en el centro de nuestro pueblo, así evitaríamos que se dieran cuenta que nos reuniríamos en su casa. Me despedí del último compañero y me dirigí al lugar acordado, al llegar, él me sonrió, compramos unas cosas de comer para llevar a su casa, y unas bebidas gaseosas. Llegamos a su casa, José Alfredo no tenía a ninguno de mis compañeros como vecino, esto era ventajoso, para tranquilidad nuestra. Entramos, me llevó directamente a su habitación, donde disponía de televisor, vhs, equipo de sonido, muy bien acomodado y ordenado, como él es hijo único, no seríamos molestados en ningún momento.

Yo había logrado conseguir una película porno, me costó pero lo hice, se la mostré y le pregunté si quería verla de una vez, él la tomó encendió el vhs y el televisor puso la cinta, se acomodó en su cama y me invitó en hacer lo mismo, su cama individual tenía puesta una sobrecama donde el color rojo predominaba, muy apropiada creo yo, aún nos hallábamos vestido acaricié, él me hizo lo mismo, esto me excitó más, no era una reacción que esperaba por su timidez, con mi excitación acelerada saqué su verga para sentir el contacto

de piel con piel, masturbándolo con cariño y deseos, ese primero contacto con su piel me incitó en bajarle de una vez el calzoncillo, como José Alfredo no tomaba mucha iniciativa yo me bajé los míos quedándonos ambos desnudos.

José Alfredo con una expresión de sorprendido en su cara mordió su labio inferior al ver el tamaña de mi verga la cual no estaba tan lejos como la suya, él la tenía unos centímetros más grande, por mi parte circunciso, con un glande bastante grande y con líquidos pre seminales saliendo como gotas, las cuales con su dedo pulgar me las restregó por todo el glande con especial atención hacia mi frenillo, la parte más sensible de mi apreciado miembro. 

Mientras tanto yo le bajaba su prepucio para hacer salir su glande, precioso, sabroso, brillante, con ése olor a hombre que memoricé en nuestra primera vez e hizo estallar en mi mente, grandes deseos de comenzar a darle la mamada desesperada e incontrolable en que me había convertido con él, como si fuera yo un adicto, no se si al placer o al sentir esa necesidad de llenar mi boca de carne humana, y poder sacarle al final, ese manjar que había aprendido a degustar desde ese primer instante en que ingresó a mi boca y terminar en mi abdomen.

José Alfredo gimió con tanta fuerza que dejó salir un fuerte grito, ahora podía expresarse sin abstenciones, sin miedos de ser escuchado, sin temor a ser descubierto, ahora estábamos nosotros dos, solos en su habitación, protegidos de los demás. 

Después de mamarlo por varios minutos en su verga y sus huevos, comencé a ascender, dando suaves besos conforme avanzaba, el caminito de vellos que existían entre su ombligo y sus genitales, los humedecí con mi lengua, luego reposé breves segundos mi perfil sobre su alfombrado pecho, buscando entre sus vellos sus pezones para comérmelos, o mejor dicho a chupar turnándolos para saborearlos, así lo hice y continué hacia su cuello, buscando finalmente con cierto temor a ser rechazado, sus labios carnosos, los cuales me dejó besar sin poner resistencia, cómo lo besé!, les juro que me entregué, no aguantaba más esta locura nacida en mi, tenía a José Alfredo a mi merced para ser explorado, para hacer satisfacer mis nuevas necesidades nacidas con él. 

Mientras nos besamos él me abrazó, el calor corporal servía de estimulación para que continuáramos avanzando en nuestras delicias, José Alfredo me hizo lo mismo que le había hecho yo a él, bajó de mis labios a mi cuello, chupando mis pezones y descansando su rostro en mi pecho, lo hizo con mucho romanticismo, luego bajó hacia mi ombligo, sin apartar su lengua de mi cuerpo, buscando hacia mis genitales, sólo se separó para abrir su boca y darle entrada a mi pija.


Mi reacción se convirtió en un estallar de un gran grito que por primera vez experimentaba, había exclamado de otras formas, pero éste alarido, me dejó casi sin habla, fue asombroso la forma como me regaló su mamada, me quedaba sin respiración por segundos, cerraba mis ojos, pero me hizo ver las estrellas, el cielo, me hizo escuchar música angelical, me hizo tocar el sol sin peligro alguno de quedar derretido. ¡Qué deliciosa mamada!, qué manera de hacerlo!, la primera vez en mi vida hecho con arte, y el artista contaba con un instrumento majestuoso, que por cierto al acordarme, le hice esperar para colocarnos en un inevitable sesenta y nueve, así los dos podríamos gozarnos.

Él fue introduciendo su dedo en mi cola, lo hizo con delicadeza, ésas sensaciones se convirtieron cada vez más intensas, por lo que provocó en mi el deseo de que me introdujera algo más grande!, y por qué no?, ¿para qué tenemos nuestros miembros?, entonces me fui acomodando en su cama haciéndole señal que deseaba me introdujera su picha en mi ano, José Alfredo me preguntó si estaba seguro, a lo que respondí afirmativamente, entonces colocó su glande en la entrada de mi ano y trató de introducirlo, pero por la sequedad en ambos no logró entrar, yo no quería perder la oportunidad con él de sentir que me la metiera, me abrí más de piernas, pero aún así no logramos que entrara, José Alfredo estaba por desistir, le dije que no lo hiciera, que buscaríamos la forma, pero que no me dejara con mi culo sufriendo por ser penetrado. 

Se la volví a mamar, dejando bastante saliva, le hice especial énfasis en su glande, quería que volviera a intentarlo cuantas veces fuera necesario, porque el cosquilleo que sentía en mi ano, me imploraba hacer algo al respecto, regresé a la posición de antes para que probara una vez más, me abrí aún más de lo que pude (hasta mis huesos hicieron ruido), y ahí comenzó a entrar, debo decir que por el dolor recibido del primer intento, me hizo gritar, entonces para no volverlo hacer tomé su almohada y me la coloqué en frente de mi cara para morderla y no se escuchara nuevamente mi grito, en esta nueva oportunidad el glande ingresó con un menor grado de dificultad.

Él estaba siendo muy cuidadoso, no quería lastimarme y mucho menos mandarme al hospital, luego le fui haciendo señas de que continuara metiendo lo que faltaba, así con gran dolor para mi, me fue descosiendo mi ano que era estrenado por primera vez, el dolor fue cediendo pasando a ser placer, los movimientos hacia delante y atrás producían nuevas sensaciones de goce, José Alfredo me decía que se sentía muy rico, pero sentía que pronto estallaría, entonces aceleró sus movimientos y entre gemidos y gemidos soltó el grito del triunfo y me llenó mi ano de su semen, esas sensaciones tan extrañas, el calor inundándome, los chorros lanzados los sentí sin dificultad, uno y otro y otro, cada uno de ellos hicieron en ambos sentir enormes placeres. José Alfredo después de lanzar su último chorro se acomodó sobre mi espalda, se quedó unos instantes así, luego fue retirándose con suavidad.

Se acostó a mi lado, yo aún me encontraba excitado, quería probar también lo vivido por él, así que le pedí que me permitiera hacerlo, me dijo que le diera un respiro nada más, -ya verá por qué le digo esto- me dijo con jadeos. Me fui untando saliva en toda la extensión de mi picha y en cuanto él se volvió para colocarse como si fuera un “perrito” le unté también saliva en su ano y me atreví a introducirle un poco más con la ayuda de mis dedos. 

José Alfredo cerrando los ojos, se agarró con fuerza de la sobrecama, también se encontraba su rostro en la almohada “por si acaso”, yo tomé aire y fui acercándome con la punta de mi glande hacia la entrada de su ano, entró sin dificultad, continué metiendo todo lo que pude, más como pasé sin problemas y al llegar hasta donde la longitud me lo permitió me detuve por el choque producido entre mis huevos y sus nalgas, comencé a moverme hacia delante y hacia atrás, una y otra vez, despacito, con delicadeza, pero me estaba gustando tanto que me olvidé y aceleré bombeando con fuerza, José Alfredo pare padres regresaría hasta el domingo, por lo que tendríamos dos días más para experimentar. Nos vestimos, recogí mis cosas, le dije que me iría de una vez para no llegar tan tarde a mi casa y no tener que dar tantas explicaciones, José Alfredo me acompañó hasta la puerta y antes de abrirla nos dimos un beso de despedida, me dio las gracias por todo. 

Abrió la puerta y me retiré con la mayor alegría de mi vida, haber descubierto grandes placeres con un hombre y haberme ganado a un compañero de esa forma que a pesar de los años que ya teníamos de compartir juntos, nunca nos hubiéramos imaginado que terminaríamos un día en algo así. Nunca podría yo olvidar a mi querida momia de la secundaria, en especial al disfraz tan sencillo pero poderoso, para despertar placeres ocultos. Pensé en que debería de existir un hechizo para que cada vez que un hombre vista de momia a otro, atraiga a ambos e ingresar a una dimensión desconocida pero llena de placer.