Hubo un tiempo en el que era costumbre desayunar con los escándalos de los cantantes de moda británicos. Cómo olvidar las polémicas actuaciones de músicos como Sid Vicious de los Sex Pistols, Boy George de Culture Club o los hermanos Gallagher de Oasis. En los últimos años dos han sido los iconos musicales que han celebrado de manera paralela su éxito profesional con una inagotable producción de escándalos, el cantante Pete Doherty y, caso muy singular, el de una mujer, Amy Winehouse.

Esta semana la cantante de soul británica daba un salto cualitativo y peligroso en su carrera de escándalos, al pasar de sus flirteos públicos con la droga y el alcohol a las sospechas judiciales de formar parte de un intento de soborno a una víctima de la violencia callejera de su marido, Blake Fielder-Civil.

Junio de. 2006. Blake, asistente de producción de vídeos musicales y casado desde mayo del año pasado con la cantante, acude al pub McBeth de Hoxton, en compañía de un amigo, Michael Brown. Allí se enzarzan en una pelea con el barman James King. Tras la manta de palos, King termina con la mandíbula rota e interponiendo una denuncia en los tribunales. A pesar de que desde que se casaran la cantante y el acusado, este ha pasado más tiempo en la cárcel que en su cama conyugal -está en prisión preventiva desde noviembre-, Winehouse lo visitó varias veces en prisión y, según se desveló durante el juicio, lo apoyó ofreciendo su propio dinero para sobornar a la víctima y retirar la denuncia. La obstrucción de la Justicia está más castigada que el motivo de la denuncia y podría acarrear a Fielder-Civil tres años de cárcel.

El intento de soborno fue revelado por el rotativo Daily Mirror y la información fue pasada a la policía. Según la investigación periodística, en octubre del año pasado, Brown se reunió con dos individuos, Anthony Kelly y James Kennedy, que fueron los intermediarios con la víctima, para hacerle llegar la oferta de unos 260.000 euros por no testificar y por abandonar el Reino Unido. En un principio se pensó que la cantante y su marido estuvieron presentes en este encuentro, pero se ha informado que en aquel momento Winehouse y Fielder-Civil atendían una gala musical en Múnich (Alemania). Sin embargo, cuando el periodista preguntó a Kelly si la cantante sabía que su marido estaba metido en un caso de soborno, contestó: «¿Quién crees que está pagando el soborno?». La víctima aceptó el soborno por lo que ahora también está siendo enjuiciado por obstrucción de la Justicia. Winehouse no ha sido considerada sospechosa.

Este deseo por parte de Winehouse por poner en libertad a su marido contrasta con las informaciones persistentes y machaconas de que la cantante de soul está a punto de pedir el divorcio. El motivo son los celos de su marido. Fielder-Civil sabe que la cantante ha vuelto a caer en el consumo de drogas y de alcohol y cree que el culpable no es otro que el cantante Doherty, a quien acusaba esta misma semana de suministrar las drogas a su mujer con la intención de conquistarla.

Pues bien, en medio de la paranoia de Fielder-Civil y rodeado de buena gente en la cárcel de Pentonville, contactó con un ex portero de discoteca, un mazas llamado Richard Lyttle para encargarle que diera una lección a Doherty. El precio: 26.000 euros. «Estábamos sentados en mi celda -cuenta Lyttle- y Blake me dijo: ?Si le das una lección a Doherty por mí, te doy 26.000 euros, ¿lo podrías arreglar??». Lyttle explicó que el marido de Winehouse le dijo que podía enviar a un par de tipos a la casa del cantante, «sabía cuál era su dirección, y temía que su esposa dormía con él. Me dijo simplemente que lo machacara». Cuando Lyttle fue puesto en libertad continuó recibiendo llamadas de Fielder-Civil, pero el ex convicto prefirió hablar con la policía sobre este suceso. Y como no hay dos escándalos sin tres, esta misma semana Winehouse volvía a los medios más sensacionalistas ingleses al publicarse un vídeo casero en el que aparece la cantante bajo los efectos de las drogas versionando una canción popular para aprender inglés con una letra de tintes racistas. «Blacks, pakis, gooks and nips. And deaf and dumb and blind and gay» (?negros, paquistaníes, orientales y japos. Sordos y tontos y ciegos y maricas?). La cantante, se vio obligada a pedir perdón por el vídeo. «No quiero restarle importancia, pero no soy racista», ha dicho. Y quizás lo mejor de todo es que las imágenes fueron tomadas por el marido de la cantante, Fielder-Civil, antes de casarse. Todo queda en familia.


(Vía: lavozdegalicia.es)